Spica *Historias a 275 años luz de distancia... |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007. Resumen05/07/2007Halo-genoPedro sueña que la mujer de su vida está al otro lado del andén del metro. Pedro sueña que la mujer de su vida está al otro lado del andén del metro. Pedro se sienta un momento y se desespera considerando todas las opciones. Pedro controla su sueño, pero no el tiempo pasa --- Pedro, es tu sueño. --- Pedro tiene un presentimiento. Una inquietud, se mueve fuera del sueño y decide removerse. Un halo de luz empieza a bordear la película de su sueño. Aquí sigue el sueño de Pedro, pero se trata de esa parte final que casi nunca podemos recordar. Otra noche de éstas, Pedro volverá al mismo punto, y tendrá de nuevo la oportunidad de resolver el misterio de la mujer al otro lado del andén. Todos tenemos siempre, esa oportunidad. * 12/07/2007Corazón!![]() Me he encontrado un corazón alfilerado -no moribundo, sino insistido-, en plena calle, sobre el paso de cebra (tan rayado). En realidad, para que nos hagamos una idea más cercana a lo que digo (que a lo que no) era un corazón de papel perfectamente recortado. En una hoja roja desgastada. Sin molde, ni patrón, creada por una mano sensata y convencida de sí misma a imagen de su propio corazón. Un corazón feliz, latiendo tranquilito, en todo lo que da de si una hoja de papel lisiiiito. Basta cogerlo sobre la palma de la mano y apretarlo sólo un poco, para verlo saltar. Pero ¡eh! de tanto apretarlo, el corazón ha saltado mucho –muchísimo- y se ha animado a volar. Ha subido en espiral hasta una cúpula bronceada, y ha visto el perfil de la ciudad, y ha tonteado con las plumas, acicateado algunas cometas perdidas, insuflado ánimos a globos peregrinos, ensartado con zapatos colgantes y todo aquello que hace un corazón feliz. Pero hay espirales de subida, y otros de bajada. A las puertas de un centro comercial ha ido a parar el rojizo corazón. Y de improviso, como todas las buenas historias que acaban de improviso, han llovido cientos de alfileres que le han dejado, no moribundo, sino insistido, en plena calle. A la espera de mi paso. * |
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