Spica *

Historias a 275 años luz de distancia...

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Resumen

05/07/2007

Halo-geno

Pedro sueña que la mujer de su vida está al otro lado del andén del metro.
Y la mujer al otro lo lado, ve a Pedro.
No sabe, Pedro, muy bien qué hacer.
¿Tendrá el valor de correr hasta el otro andén y hablarle a la mujer de su vida?
¿O es la mujer de sus sueños?
¿Tendrá tiempo mientras duerme?

Pedro sueña que la mujer de su vida está al otro lado del andén del metro.
Y la mujer al otro lado, se inquieta un poco.
Como es el sueño de Pedro, Pedro decide hacer una pausa y plantearse todas las opciones.
No sabe, Pedro, muy bien qué hacer.
¿La hace una señal con la mano para que se de cuenta que él está en el otro andén?
¿Ella le entenderá?
¿Es ella la mujer de su vida o de sus sueños?

Pedro se sienta un momento y se desespera considerando todas las opciones.
¿Y si ambos corren en direcciones opuestas y vuelven a estar en el otro andén?
¿Mejor hablarle y explicarle la situación a gritos?
¿Hablará su idioma?
¿Es el metro de su ciudad -la de Pedro-?
¿O es el metro de la ciudad de la mujer de su vida?

Pedro controla su sueño, pero no el tiempo pasa
Fuera, muy fuera y en el más acá, se acerca inexorable el astro rey
Por debajo del horizonte.
Como una luz de metro que asoma dentro del túnel.

---

Pedro, es tu sueño.
No el mío.
Háblame,
ven al andén,
dime que vaya,
pero haz algo Pedro, que no importa la ciudad o el metro, o el idioma, o todas las opciones...
lo único que importa es lo que acaba con el andén, con el metro.
La luz del metro, o la del sol.
Háblame o llámame con la mano, todo vale
que en tu sueño soy eso: la mujer de tu vida
o la de tus sueños,
al otro lado del andén.

---

Pedro tiene un presentimiento. Una inquietud, se mueve fuera del sueño y decide removerse. Un halo de luz empieza a bordear la película de su sueño.
Y también el andén.
Pedro se levanta y olvida las opciones y las preguntas. Echa a correr por el andén en busca de las escaleras, baja corriendo con un miedo extraño en el cuerpo, atraviesa las vías por debajo como una exhalación y sube jadeando por las escaleras hasta el andén donde está la mujer de su vida -de su sueño-. El halo se hace más -omni-presente, y Pedro va sintiendo una pena que le oprime el pecho.
¿O es el cansancio de dormir?
Pedro está en el andén, pero no hay nadie. El metro espera con las puertas abiertas. ¿Dónde está ella?
¿Dentro del vagón o aún en el andén?
El halo de luz casi no deja ver a Pedro. Suena el silbato del metro y Pedro corre hacia las puertas... que se cierran inexorablemente. Y el pequeño túnel rodeado de una luz vespertina hace de marco para el vagón que se aleja despacio. Se marcha despacio, y deja en su lugar un océano de destellos y de luces.

Aquí sigue el sueño de Pedro, pero se trata de esa parte final que casi nunca podemos recordar.

Otra noche de éstas, Pedro volverá al mismo punto, y tendrá de nuevo la oportunidad de resolver el misterio de la mujer al otro lado del andén.

Todos tenemos siempre, esa oportunidad.

*

05/07/2007 13:48 Autor: spica. #. Tema: lo kinestésico Hay 1 comentario.

12/07/2007

Corazón!

20070712094730-son-spi-200.jpg

Me he encontrado un corazón alfilerado -no moribundo, sino insistido-, en plena calle, sobre el paso de cebra (tan rayado).
No trata de anatomía esta entrada de de hoy, sino de escapatoria.
Ese corazón no hablaba, pero se dejaba ver. No sangraba, ni palpitaba en cinemascope. Nada de casquería o brujería amazónica. Mucho menos mundos rosas de Disney o de Japón.

En realidad, para que nos hagamos una idea más cercana a lo que digo (que a lo que no) era un corazón de papel perfectamente recortado. En una hoja roja desgastada. Sin molde, ni patrón, creada por una mano sensata y convencida de sí misma a imagen de su propio corazón.

Un corazón feliz, latiendo tranquilito, en todo lo que da de si una hoja de papel lisiiiito. Basta cogerlo sobre la palma de la mano y apretarlo sólo un poco, para verlo saltar.

Pero ¡eh! de tanto apretarlo, el corazón ha saltado mucho –muchísimo- y se ha animado a volar. Ha subido en espiral hasta una cúpula bronceada, y ha visto el perfil de la ciudad, y ha tonteado con las plumas, acicateado algunas cometas perdidas, insuflado ánimos a globos peregrinos, ensartado con zapatos colgantes y todo aquello que hace un corazón feliz.

Pero hay espirales de subida, y otros de bajada. A las puertas de un centro comercial ha ido a parar el rojizo corazón.

Y de improviso, como todas las buenas historias que acaban de improviso, han llovido cientos de alfileres que le han dejado, no moribundo, sino insistido, en plena calle.

A la espera de mi paso.

Y de mis ojos.

*

12/07/2007 09:47 Autor: spica. #. Tema: + de 30 min Hay 2 comentarios.




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Julio 2007 | Spica *
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