Le Corbusier en su jardín

Un día dejándome llevar por nuevos caminos llegué hasta un miradero desconocido para mí, no muy elevado, solitario y con vistas bastante atractivas de la ciudad. Dominando el terreno, al lado del miradero, había algunas casas bastante lujosas que le daban a la escena un aspecto de oasis en la montaña exclusivo solo para millonarios.
Luego de un descanso, decidí dar una vuelta por el "oasis" ascendiendo por una sinuosa carretera lateral que llevaba a las entradas de las casas.
Una vez allí era sobrecogedora la belleza y diseño de cada obra arquitectónica (hacía un rato dejaron de ser casas). Balcones imposibles, techos surrealistas, fachadas contemporáneas de películas antiguas, cristal, madera, hierba, pinos, metal y flores, proporcionadamente combinados.
Y yo ahí con una banda sonora en mi cabeza, para acompañar la vista.
Al llegar a lo más alto decidí detenerme frente a una verja, tomar un poco de agua y como quien ha respirado suficiente llenando al máximo sus pulmones solté una frase en voz alta como una gruesa exhalación:
- Pero me apuesto que son unos pobres infelices.
Y no sé de dónde, apareció un hombre con gafas gruesas en pantalones cortos, un puro en la boca y una regadera a medio llenar en la mano que soltó, también como una exhalación, la siguiente frase:
- Y yo me apuesto que los que van en bicicleta lo son más.
Me guiñó un ojo y volvió a concentrarse en dos rosales hermosos que estaba regando con esmero.
Completamente avergonzado me marché del oasis pensando que él tenía razón.
Al menos esa tarde.
*
7 comentarios
imaginate -
Buenas noches
carmen -
Buenas noches
saravá -
Mai -
Nepomuk -
juyma -
Me han gustado especialmente tus dos post en bici. Describes muy bien las sensaciones que voy a tener cuando vuelva a coger la bici.
Seguro que venzo a la pereza.
Nuala -
(La vida como una timba de póquer. Eso sí es canalla. :D)