El señor diccionario

Luego de un repaso general del avance del curso, la maestra tomó la palabra para puntualizar que la edad entre 7 y 8 años era un buen momento para afianzar la lectura en casa.
Se refería a la lectura espontánea.
Una de las sugerencias era que podrían aprender nuevas palabras consultando el diccionario de casa, poco a poco, dejándoles que se soltaran con las palabras nuevas.
Un par de palabras nuevas al día estarían bien.
Por encima de la última frase de la educadora, una voz chillona y nerviosa (casi llorosa) sobresaltó al pequeño auditorio:
- "¿un diccionario?, ¿un diccionario?... os advierto que entonces pasarán a saber demasiado".
Un escueto silencio se hizo en el ambiente, de esos en el que el grupo deja un espacio suficiente como para incomodar al otro.
Pero aquella madre excitada, continuó.
- "Es que ya he tenido algunas malas experiencias en casa con el tema del bendito diccionario".
Y contó lo siguiente:
Un día mis dos hijos mayores, de 7 y de 6 años, fueron a buscar en el diccionario la palabra sextante, leída en el cuento de "Las aventuras de Gulliver".
Resultó que buscando encontraron la palabra...sexo".
Sexo.
Hilando fino, esos benditos míos, se repasaron todo el diccionario hasta llenar sus cabecitas de dudas muy impropias para su edad.
Tanto dió de sí, que buscaron a su padre para preguntarle cómo era la postura del misionero.
Mi marido, casi al borde del infarto, respondió que él no lo sabía; y claro, ellos le respondieron diccionario en mano, que entonces cómo los habían hecho a ellos.
Se afianzaron al librejo ese como si se les fuera la vida. Explorando, explorando,...
Con el tiempo, mis hijos fueron creciendo ese "leif motiv" y precozmente fueron adquiriendo las obras completas de Shihirthi Ghamba (autor del tamtra cósmico interior), las peripecias del Marqués "Se-sale", El Camaricón de Boccaccio y una extensa bibliografía de naturaleza similar.
Imaginaos cuándo conocieron al dichoso misionero.
Nuestra casa terminó convertida en un burdel contemporáneo, regentado por nuestros dos retoños.
Día si y día también se practicaba la postura del misionero bajo nuestro techo.
Un ejercito de putas terminaron echándonos de casa con nuestro hijo más pequeño.
Y una mañana tuvimos que rehacer la vida abandonando nuestra casa hasta el día de hoy.
Y es que no me cansaré de repetirlo: "pasan de saber lo justo; a saber demasiado".
Así que el "señor diccionario"... mejor en la estantería.
Ante aquel público enmudecido, la madre se sentó muy satisfecha de sí misma.
Y nadie dijo nada.
12 comentarios
maginate -
Bueno, lo cierto es que algunos niños buscan cosas asombrosas en él. Por ejemplo mi amiga Laura, un día me dijo que dio con la palabra suicidio y bueno, a me dio por pensar pero no tanto como a esa madre le dio de si la experiencia :)
Nuala -
fujurdragonblanco -
miss guisante -
fujurdragonblanco -
Nepomuk -
Nuala -
Pero también colecciono comics, y me gustaba jugar a las canicas, subirme a los árboles y robar fruta (parte de mi espíritu rebelde que odia la disciplina).
Y de contradicciones así, estoy llena. Como me dijo alguien: El que me entienda, que me compre. :)
saravá -
La tarea de ser padres es ardua y difícil y nadie te la enseña!!
A algunos yo creo que les iría bien practicar el sentido común!!
Patricia -
Lo malo, es que todavía hay padres que piensan así.
vireta -
Carlos -
Nuala -
Moraleja 1: Los maestros sólo saben que no saben nada. Las lecciones magistrales se las dejan a los demás.
Moraleja 2: Cada uno cuenta la feria como le va en ella. La del libro, ni pisarla.