Spica *Historias a 275 años luz de distancia... |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006. Resumen
01/04/2006Grapevines![]() Principio Mitad Final * 02/04/200604/04/2006Fachadas![]() ¿Lloverá o no lloverá? O es que no ves las nubes, por ver las fachadas. O soy yo el que se pierde de las fachadas. * Hace un año, exactamente escribí este post. Nunca lo publiqué, a excepción de aquel extraño "bug" que desvelaba el fallo del buscador de Blogia, dejando al descubierto 50 posts polvorientos de Spica. No creo que muchos lo leyesen, o comentasen o recordasen. Hoy me he dejado caer entre esos borradores y este me ha parecido muy acorde con las sensaciones del día. Como cuando vas escuchando un CD de rock en español y das sin querer a la radio, y ponen la canción más lógica de Supertramp... y te quedas enganchado. ¿Volver al CD o dejar la radio? ¿Alguien conoce esa canción? ** 05/04/2006AñejosEsta historia es completamente verídica. Doña Manolita y Don Braulio son una pareja muy especial que cuando no están juntos van muy de prisa, queriendo corregir algún desencanto con el tiempo que en algún punto acumularon sin querer. O queriendo. Porque en esta casa, sucede la extraña contradicción de que se bebe vino avinagrado y se come pan duro. Porque Doña Manolita, desde hace muchos años, guarda siempre una barra extra de pan en casa, y cuando llega con la barra recién hecha y olorosa, la guarda en una bolsa de papel y la envuelve con otra de tela de algodón, y desenvuelve la del día anterior ruinosa y seca. Porque Don Braulio guarda siempre los tetrabricks nuevos del lado derecho de la cama de huéspedes, empujando toda la fila y rescatando del lado izquierdo el vino añejado de hace diez meses o diez años. Y al salir Doña Manolita de la cocina y Don Braulio de la habitación de huéspedes, se sientan a la mesa y comen pan duro y beben vino avinagrado. Mientras tragan y mastican, ambos sueñan con el día en que comerán pan recién hecho y beberán un buen reserva. Esta historia es completamente verídica. * 06/04/2006Palomino Remolino![]() Lo de Palomino no podía ser normal y todos creen que empezó con los huevos. Y es que a Palomino le encanta cocinar. Adora cocina. Le fascina. Pero más que cocinar, con lo que realmente disfruta es lanzando la comida hacia arriba dejando que den dos, tres, cuatro o cinco giros para caer elegantemente sobre la sartén, wok o parrilla portátil. Todo vale, con tal de que la comida que prepara, toque la estratósfera y baje bendecida por San Pedro, al plato. Obviaremos el hecho de que mientras adquiría maña, en su movida juventud, el techo de su cocina era un verdadero collage de tortillas, pizzas, alcachofas, curry, champiñones, guisantes, mermelada de piña, y vaya usted a saber que otros ingredientes. Con solemne profesionalidad, Palomino aprendió a lanzar las tortitas dulces con una mano, mientras con la otra lanzaba la mantequilla y la mermelada, haciendo que en cada cara (mientras la tortita gi-ra-ba) cayera la una y la otra respectivamente. Limpiamente, para caer simétricamente doblada sobre el plato al lado del fogón. Y más. Las doradas a la plancha eran una especialidad digna de verse en vivo y directo, ya que Palomino lanzaba la inerte dorada, con un mágico movimiento de muñeca que la hacía dar veinte tirabuzones mortales (¡veinte!) y que de cuajo le arrancaban todo el espinazo y las ristras del desmadejado pescado. Para caer, por supuesto, sobre una fuente de arcilla con patatas mareadas a la sal. Y es que lo de Palomino no es normal. Todo lo lanza por los aires con exquisita finura y removido arte. Todo lo marea antes de engullirlo. Todo entra ya virado, antes de morderse. *** Este finde Palomino, me ha invitado a comer hamburguesas en el jardín de su casa. Llevaré mi cámara de video. Y el telescopio, claro. * 09/04/200612/04/2006Y la farola se interponía......entre el amor que surgió de los guiños en verde y la tensión del ambiente. (en las buenas historias de amor, siempre hay alguien que se interpone). * Caracoles![]() Este texto es cortesía de la niña azul, venida de Pajaralandia. Se suponía que mi parte del trato era que yo iba a comentar en su nombre, pero ella lo ha olvidado y se ha comentado ella misma. Una risa. Sobre todo porque yo he olvidado comentar y esto de colaborar, ya no es lo que antes era. Una risa. Camila se deshace en la ventana. Se pierde entre los laberintos de ladrillos que alguien dejó tan cerca de su ventana como para casi rozarlos con el cigarro. Derecha. Izquierda. Derecha otra vez. No distingue los cables de la pared. Sigue a las golondrinas que golpean el aire sin cortarlo, porque nunca llegaron a marcharse. Todavía no puede ver a Eulogio que espera descansado en la terraza a que su esposa termine de arreglarse para ir a misa. La piel de la garganta se pliega un poco dentro del cuello de la camisa y las hojas de sus macetas son tan brillantes que parecen deslumbrarles. Debe ser por eso que tiene los ojos tan cerrados porque no parece cansado. Aparta un bichito con cuidado y ve algo que se mueve en uno de los ojos de la pared, más que moverse se desparrama sobre el alféizar. Si es discreto no ve nada, así que arruga el entrecejo y estira el cuello para distinguir mejor a esa muchacha rojiza de la ventana de enfrente. Duda entre disimular o no, se mueve despacio, y mueve la mano como si limpiara el polvo de las glicinias así, como quien no quiere la cosa... Derecha, Izquierda, derecha otra vez. Camila no sabe mirar a la cara cuando sospecha que la están mirando. Pero esta vez está cansada para una reacción. Apura el cigarrillo y se queda como hipnotizada con la luz que rebota en la calva de enfrente. Le gusta su corbata y sonríe, pero tan despacio que Eulogio no llega a verla. Su mujer lo llama desde el salón con un aura de mística laca que casi huele Camila desde su rincón. Eulogio cierra la puerta de la terracita y se queda un segundo tras los cristales mirando a los pájaros hermosos y el humo que caracolea, la ceniza que se detiene un instante para derramarse después como confeti soso. Camila ahora despega la mirada del reflejo de ladrillos que ha quedado en la ventana de Eulogio. Derecha, Izquierda, derecha otra vez. * 20/04/2006La increíble historia de Alexandrus![]() Alexandrus se había entrenado toda la vida para ese momento. Nadar, montar en bici y correr es algo que había aprendido de la mano de su abuelito, un ex_atleta olímpico de una época dorada. Dorada para su abuelito. Para Alexandrus era un auténtico dolor, día tras día. El caso es que Alexandrus se enfrentaba a la prueba de hierro de los más fuertes: casi 4 kilómetros de natación, 180 km de bicicleta y una maratón de 42 km como guinda del esfuerzo supremo. La noche anterior, mientras comía despacito su plato de espaguetis con calabacines, su abuelito le hacía preguntas sobre el recorrido, sobre conteo respiratorio, sobre el esfuerzo mental que sobrevendría en determinados puntos clave de la carrera. Todo a la vez que le tomaba el pulso y le medía el diámetro de las pupilas. En Alexandrus todo estaba bajo control. Su abuelito se había encargado de todo durante estos años de duro entrenamiento. ¡En sus marcas!, ¡listos!... ¡¡¡FUERA!!! Alexandrus salió como una exhalación. Nadó como le enseño su abuelito. Salió del agua como le enseñó su abuelito, mientras sus antagonistas le comían los talones. Pero Alexandrus siempre iba dos segundos por delante. Alexandrus subió a su bici como le enseñó su abuelito, y pedaleo contando de 5 en cinco entre respiración e inspiración. 10 metros por pedalada en el piñón de mayor desarrollo, como le enseñó su abuelito. Llegó como un huracán a la segunda meta, mientras sus enemigos le seguían de cerca sin perderle de vista. Pero Alexandrus siempre iba dos segundos por delante. Y ahí fue cuando ocurrió la tragedia. Una catástrofe que dejaría a Alexandrus sin ninguna posibilidad, y frustrado para siempre en su vida de hombre de hierro. Tal y como nunca imaginó su abuelito. Que por cierto, se desmayó de la impresión. Y es que Alexandrus al cambiarse las zapatillas para empezar a correr, sólo sabía hacer el nudo ese de los dos lacitos, con dos vueltas y media, y un tirabuzón largo; sostenido con el dedo meñique mientras se tira con cuidado de los cordones hasta dejar un nudo perfecto de una época ya lejana. Y luego con cuidadito; la otra zapatilla. tal y como le enseñó su abuelito. * 23/04/200623 de Abril... Rosa-rio![]() En la esquina, ya finalizando mi compra, me espera Rosario, una gitana muy zalamera que siempre intenta colarme un par de rosas de esas de las 7 de la tarde de ayer. Y me mima con sus palabras, con sus ojos canela y sus arrugas como olas que vibran en su cara. ¡Ole Guapo!, ¿con qué vas a acompañar este romero el día de hoy!?... francesillas, geranios, violetas, liliums, rosas... tengo para toda tu casa. (Un gesto más práctico que noble, porque ella tenía otras nuevas) Feliz día de Sant Jordi. (post inspirado por Sá y su invitación a varios amigos de los enlaces de allí al lado.) 24/04/2006Karma![]() Alfredito, detesteba ese punto en su trabajo, en el que todo iba espectacularmente, en el que su jefe rezumaba orgullo y satisfacción y sus compañeros le adoraban, porque a partir de ahí, todo iba a peor. Un error al acecho; un día tonto; una palabra mal dicha. Por eso Alfredito decidió enfangarse en el pozo de la mediocridad y vivir al hilo de los demás. Luego se multiplicó y está sentado a tu derecha ahora mismo. * 25/04/2006Viento, viento... (serie refrispica)![]() ¿Por qué me gusta tanto esta chica? ¿O es la hoja lo que me gusta? * 26/04/2006De comprasY en el centro Max. Afilando su cuchillo contra el amolador mellado, para rematar con dos pases rápidos de la hoja sobre su palma abierta y un golpecito sobre el tronco que hace de soporte. Max es mi carnicero y me he fijado que siempre hace ese ritual antes de hacer filetes perfectos. Pero ¡oh!, aun había algo más que contar... Ilustración de Ariel. |
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