Spica *Historias a 275 años luz de distancia... |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005. Resumen
01/03/2005Concierto en la ventanillaMe encuentro en la típica cola del canje anual del bono de la piscina municipal. La fila espera impaciente mientras escuchamos atentos las peticiones que va respondiendo mecánicamente el empleado de la ventanilla. En este momento atiende a una chica morena, con el cabello recogido, nerviosa, con mucha ropa encima y con unas manos inquietas. Mueve los dedos de arriba abajo tiptapteando sobre el apoyo de la ventana. Se le ve acalorada. Tartamudea al preguntar como si le costase hallar la segunda sílaba de todas las palabras. Quiere saber cuándo empiezan las clases de natación, a la vez que señala con su mano derecha una hojita mal doblada con los horarios marcados en rojo. Todos percibimos que está incomoda y silenciosamente nos dejamos caer sobre su hombro. Qué impaciencia. Y ella que quiere irse de allí cuanto antes. Mientras tanto, el funcionario le responde, y ella tiptaptea: un arpegio, y otro, y otro, y otro... La situación hace que me guste esa chica. Me pongo en sus zapatos y me emplazo nervioso junto a ella. Tip-tap-tip-tap... sentimos vergüenza de que los demás sepan que no sabemos nadar o que necesitamos de lecciones del estilo mariposa. O que somos muy torpes preguntando a los extraños. Tip-tap-tip-tap... empiezo a sudar. ¿qué hago aquí? Tip-tap-tip-tap... me agoto. Me quedo sin voz. Dimito. Dimite. * Después de dos minutos interminables se retira de la fila sin despegar los ojos del papel, cómo queriendo hacer otra pregunta. Se marcha dando pasos cortos y derrotada. Y dos ideas vienen a mi mente: 1) seguro que toca el piano; y 2) volverá mañana a otra hora en la que haya menos "público". * 02/03/200503/03/2005La letra pequeña Acá estoy!! Tanto tiempo amore!!!¿¿¿estás bien??? Sabrás que no acepté tu adiós. Te cuento que hice malabares para encontrarte. Estuve más de una semana preguntando por tu nuevo lugar de trabajo. ¿Qué tal el Bar? Nadie quería soltar prenda, hasta que a Rafa se le ha escapado, sin querer, con el tema de la fiesta. Sergio ha marchado de viaje a Singapur. Y como estaba mal que fuese sola me las he ingeniado para hacerte llegar esta tarjeta con invitación incluida. ¿a qué soy lista? Quiero verte amore, comerte las manos, inundarme, mojarte la cara y no dormirme nunca. No me abandones. Te espero. Anna *** Nuevamente, dio la vuelta a la tarjeta y miró el dibujo del payaso con los globos. Volvió a abrirla y leyó el mensaje formal y correcto: “Feliz cumple te deseamos tus amigos Sergio y Anna”. La cerró y nuevamente dio la vuelta a la tarjeta releyendo el mensaje secreto en letras diminutas, escrito en el reverso, abajo a la derecha. Ese que no leyó ningún amigo, o alguien de la fiesta. Ese que no leyó Sergio. Ese que no leyó él mismo. Ese que no leyó nadie hasta 10 años después durante una limpieza de armario. *** Mientras bajaba por las escaleras, con una vieja caja de cartón rumbo al portal, decidió que no iría a verla. Ya todo había terminado. * 04/03/2005La hendidura del centro Entro al museo.Recorro todas sus plantas como cada domingo, miro por los ascensores acristalados, imagino que es de nuevo un convento, un hospital, una cárcel. Bajo a tomar un café en su bar cuasi-subterráneo y ya estoy más despierto. Subo despacio hacia la nueva exposición de arte contemporáneo. La verdad es que todo la temática es arte contemporáneo, no sé por qué redundo. Como no llevo prisas, antes me paso por los cuadros de Miró a escuchar los comentarios de incomprensión y atolondramiento. Yo también los hago en voz baja. Me sonrío con las dos chicas que no acaban de creerse que las mujeres son estrellas o los planetas son puntos o al revés. Salgo de la sala y entro en la siguiente. La exposición itinerante. Artistas invitados. Doy una primera vuelta. Me dejaré lo más raro para el final. Otra vuelta alejándome cinco metros de todo mientras pienso: "Pero si a mi no me gustaban los museos". Me acerco a dos centímetros para leer el título en una mini-placa que parece una “etiqueta” de bufanda. Las piernas se me cansan según se me llenan los ojos. Allá voy: el plato fuerte. El artista me presenta un rectángulo de madera de 5 metros a alto por 15 de largo. Tiene las dimensiones de un edificio acostado. Un pedazo de mesa gigante cuya madera está pulida y barnizada, pero con cientos de hendiduras profundas y largas en cada metro de superficie. Un millón de cicatrices. En el medio se deja ver claramente una hendidura más profunda, más larga, más ancha y más desgarradora. El maldito "tatami" no me dice nada. Lo veo, lo miro, lo alejo, lo acerco, me pregunto qué instrumento habrá utilizado para hacer las muescas en ese entarimado. ¿un hacha?, ¿un péndulo escalpelo gigante?. Que desperdicio de espacio, de madera y de muescas. Me olvido de las sensaciones y me transformo en coherente, en científico, en detective del arte, de lo absurdo. Otra vez Miró. No me convence. Así me llega la hora de abandonar el recinto. Que despiste!, ¿el título de la obra?; el nombre en la etiqueta, no lo he visto. Me acerco con desgana. Lo leo. Allí tan diminuto. Tan preciso. Salgo del museo y el resto del día pienso el bendito rectángulo surcado que me cuenta tantas historias como heridas tiene. Aquel que suplicó, aquel que no cedió, aquel que se arrastró, aquel que pensó en la inutilidad de aquello, aquel que nunca amo, aquel que reinó, aquel que anduvo entre todos y se marchó. Y todos los demás murieron. O no. El del medio como dije antes el más atroz. El jaque final. ¿el título de la obra? La batalla. Eso decía la “etiqueta”. 05/03/2005Caer desde el alambre No sabia, hasta hoy, lo que era un funambulista.Y es que hoy sentí aplausos venir desde abajo del escenario. Música de acordeón, luces pequeñas con halos blancos, una voz ceremonial y un rugido lejano que me despertó de golpe. Tenía una barra plateada en las manos y sin saber cómo, perdí el equilibrio. *** No sabía que era un funambulista hasta que sentí una tensa red marcando mi espalda. 06/03/200507/03/2005Llamando a BenjamínNo te lo vas a creer, pero siendo un niño me enamoré perdidamente de una niña. Y también ella era una mujer. Y yo un hombre. Pequeños. Fue en el barrio de una amiga de mi madre, a quién olvidé hace ya mucho tiempo. Y es que, no te lo vas a creer, pero Zafiro surgió detrás de la escalera y me arrastró con sus ojos. Me sacó de allí saltando como un conejo y me llevó por pasillos con macetas y jardineras atestadas de "fitos" y rosales. Zafiro iba como una exhalación, saltando, ora en un solo pie, ora sobre botes o hundiendo las rodillas entre la hierba. Me llevó de la mano hasta su cercana casa, me mostró su pequeño acuario y me nombró todos sus peces: Ramon, Miki y ... - ¿a qué no sabes cómo se llama? Con este último intentaba vacilarme. Decía Ven!, Ven!, Ven!, como llamándolo... y me preguntaba: ¿a qué no sabes cómo se llama el tercero? Y decía Ben!, Ben!, Ben!. Se llamaba Benjamín. Me llevó de la mano a su terraza y allí me acerqué a su cara, sin saber muy bien por qué. Y yo ponía la boca como Benjamín. Así, así, así... Había alguna fuerza irresistible en aquella niña traviesa, con manchas de tierra en la cara, de hierba en las rodillas, las manos delineadas y el pelo desordenado. Y nunca lo había visto tan claro. (¿es esto estar enamorado?) Esa misma tarde entre juegos y el corazón en la boca la besé. Y ella me besó a mí. Un hombre que besa a una mujer. No te lo vas a creer ¿verdad?. Y la mujer le dice: Ven, ven, ven. Y él va. Nadando feliz de aquí para allá, vacilando,... jugando. Perdido dentro de un pequeño acuario haciendo la boca como un beso. Así, así, así... Y el hombre le dice: te quiero! Y ella le besa. Saltando feliz de aquí para allá, jugando,... vacilando. Encontrando un pez dentro de un acuario. Ven, ven, ven... (¿es esto estar enamorada?) *** 08/03/2005Cubos por minuto¿SI? Hola! Si, tengo unos tres minutos. Dime! Si... ¿a las 11? Hoy estoy agotado, me duelen los ojos y parece que todo el mundo tiene dolor de muelas. Si... Si... Aja... No, no hace tanto tiempo. No... No! Pregúntale cuando le veas. mmmmjummm No, no me puedo reír. Después---! Tengo que colgar. Uno con dolor de muelas viene hacía mí. A las 11. Adiós. (Clic!) 09/03/2005RíeteYendo en el coche, en la radio escucho que alguien plantea un dilema filosófico: - ¿por qué “separado” se escribe “todo junto” y “todo junto” se escribe “separado”? Y me río del dilema. Lo encuentro simple y muy gracioso. Al rato un recuerdo celoso surge de mi cabeza y le digo a la radio en voz alta: - ¿algún sinónimo para la palabra sinónimo? Y me río con mi abuelo, que es quién me enseñó los juegos de palabras y a jugar sin piedad al ajedrez. Mientras la radio sigue parloteando, doy gracias en voz baja a ese “viejo”. (Por regalarme esos dos momentos de sonrisas rumbo al trabajo en el coche). 10/03/2005Juez y parte Admitámoslo: eres una mala persona.Y un poquito cobarde. Un segundo o cien años ¿qué más da? Son pequeñas acciones que haces día a día. Has roto corazones sin medir las distancias. Te has saltado el stop sin pensar en quien cruzaba. Te has reído burlón de lo ajeno a tu vida. Has roto la paciencia de aquel que te acompaña. En un grupo escondido has parafraseado a otros. Cien segundos o un año ¿qué más da? Has querido hacer esa zancadilla, y lo peor es que la has hecho. Has soltado aquella frase indecente. Vamos, piénsalo. A conciencia has perturbado las acciones de terceros. Has improvisado maldades o las has planeado con alevosía. Has querido matar, incluido tú mismo. Que lo sepas: eres un canalla. A ratos, por momentos, en picos de tu vida. Aunque luego te arrepientas. Y aunque el resto del día seas María Teresa. Admitámoslo: eres malvado. Un traidor de tí mismo. Un cobarde huidizo. Sin perdón, ni castigo. Un Un canalla Un canalla Un canalla Un canalla pequeño. Preludio a dos ruedas Día 67Argentina. Incógnitas - Certezas. Son las 5 p.m. y faltan 27 km a San Martín de los Andes. Mauricio y yo tenemos muchas incógnitas que resolver al llegar hasta ese lugar. Y es que este pueblo está como escondido, y tengo la sensación de que se aleja o contorsiona a cada golpe de pedal. También me inquieta el hecho de que es viernes y ya será muy tarde para llamar a Madrid. He pensado mucho en los amigos y en el asfalto de sus calles. Que pena no poder telefonear. El asfalto - Las piedras. Desde hace un buen rato transitamos un camino serpentino de tierra y piedras el cual repentinamente se torna en asfalto brillante y pulido y luego de vuelta a la tierra. Nuestras bicis van ligeras proyectando sombras en paralelo. En la mañana no imaginé que el camino fuese empeorando de esta manera, pero así fue... llegamos a un punto en que la piedras eran muy grandes, muy tortuosas y muy picudas para una bici. Luego vino el asfalto y de nuevo los cascotes. Ir sobre asfalto me recordó Madrid, además de una sensación de disfrute completo. Los lagos - El Río. Ahora estamos debajo de un puente que atraviesa un arroyo llamado “Hermoso” que debe ser un afluente del lago Hermoso. El trayecto ha sido pintoresco, de esos para guardar en la retina por siempre; y aunque no hemos entrado a los famosos 7 lagos estamos disfrutando de los ríos y los altos cerros naranjas que se ven en la ruta. Un resumen de la ruta, desde que salimos de Villa Angostura, sería: ---- 10 km de asfalto (Lago Correntoso: sin ver!) ---- 67 km de piedras (Lagos Espejo, Espejo Chico, Falkner, ¿?, ¿?: sin ver ninguno de los cinco) ---- 1 km de asfalto. Sin lagos. ---- 10 km de piedras... y asfalto hasta ahora. Un río. Stop - Go. Mauro dice que sólo quedan 70 ó 80 km de piedras. Me quiere engañar pero igual desfallezco en el ánimo. Me quito la camisa, las zapatillas y las gafas... y nado hasta el fondo del tranquilo y frío río. Leemos y leemos los mapas para ver qué hacemos con nuestra viajera humanidad, pero aun no lo sabemos. Así como tampoco sabíamos entonces, que tanta panorámica, agua turquesa y regocijo se acabarían de golpe en menos de 1 km. Truncando el asfalto, las piedras, los mapas, los lagos y el río. Y a nosotros. 12/03/200513/03/2005Hoy sin azúcar...... que me arruina lo más artístico de la barra, y del domingo. * Siempre divergemos del objetivo ...Drogas duras, Wi-Fi, Hambre de 3º grado, Asimo, Portaaviones clase Nimitz, Mars Express, Contaminación de Gea, Buffet de ADN, Sharia extrema, Scanner óptico digital, Extinción de especies, Motor de hidrógeno, Minas anti-personas, Aleación composite, Tráfico humano, TV interactiva, Racismo activo, Transgénicos, Guerras olvidadas, Stradivarius, AK-47, Internet, Censura periodística, Monopolio, Artesanía, Niños depredadores, Scala de Milán,... (______, ______).* 14/03/2005Y no hablamos de ello Tarde de sol agradable. Sopla el viento sobre el descampado verde y allí estamos 20 personas haciendo ejercicios de creatividad grupal.Un suave olor a pino nos rodea mientras el instructor habla: - “Sincronización instantánea” – dice en voz alta, mientras todos nos miramos interrogativos. Se refiere al nombre de la siguiente actividad. - “...o el juego del espejo, para los que no estáis muy despiertos a estas horas de la tarde” - aclara con su inagotable vozarrón. - “Venga, 10 segundos para encontrar pareja... Yaaaa!” Formamos parejas a diestra y siniestra. Al azar, sin buscar al parecido, ni al más allegado. Y mi pareja es Alda. Y yo soy el de ella. El juego del espejo consiste en creer que tú no eres tú, sino que eres el otro y por tanto tus movimientos son los del otro y entonces estás frente a un espejo perfecto. Uno que no sigue tus movimientos sino que los refleja. Seguirlos sería dar un segundo de ventaja y por lo tanto, repetir. En este juego hay ganadores, así que quienes sincronicen mejor y más tiempo ganarán. Mientras explican nuevamente las reglas miro de reojo a Alda y le digo en voz baja: “este juego es muy fácil”. Y ella me responde, viéndome también de reojo: “sólo tienes que mirarme a los ojos”. (admirable, pienso). Sonrisas sincronizadas. 10 personitas frente a 10 personitas. 5,4,3,2,....1....ya! (contaré lo que nos ocurrió a Alda y a mí) * Ojos muy abiertos, como espejos, mi brazo derecho se levanta, su brazo izquierdo se eleva, recorriendo las mismas coordenadas, las manos se extienden, la diestra y la siniestra buscando el mismo punto, los índices se tocan, los espejos reflejan, no hay repetición. Ojos muy abiertos, sin mirar nada más, su brazo derecho sube despacio, mi brazo izquierdo le sigue, ambos como guiados por un hilo invisible, las palmas se abren, las cuatro, se tocan completas, sin segundos de por medio, sólo olor a pino fresco, y un recorrido interno. Las rodillas buscan tierra, las manos se elevan, los dedos se entrelazan, solos frente al espejo, buscando ser complejos, maniobras de escapista, derecha, izquierda, arriba, abajo, ya pasamos la cima y vamos en descenso. Un pie que sube y el soporte es el espejo, aunque sin apoyarme, sin apoyarse, ¿dónde está el titiritero?, vuelta al principio, con pies en paralelo, las manos se despiden, un índice que besa y dice adiós, la diestra, la siniestra, vuelven a sus cuerpos, desplazamiento exacto, mirada milimétrica, los ojos muy abiertos. * Al volver de nosotros y nuestro recorrido, un círculo de 19 personas nos observaba atónito. Un público bien avenido que no se atrevió a gastar ni una broma, ni un comentario imprudente. Sincronizados también ellos. Sonrisas sincronizadas. 15/03/2005Arroz a banda para dos Iba a invitar a pizza, pero creo que no te gustan las anchoas. Y quizá la mozzarella doble te parezca demasiado. Luego entre el salchichón y el pepperonni siempre te haces un lío.¿aceitunas? Por favor!!! Mejor pedimos un arroz. El despertar La primera vez que Octavio tuvo una cámara de fotos entre sus manos fue un sábado por la mañana durante la visita de su tío Eulogio, su tía Magda y sus dos primos.Octavio tenía 8 años y acababa de pasar una noche turbia entre fiebres y pesadillas causadas por una gripe infame y muy extendida. Sin embargo entre el revuelo de la visita y el olor de la yerbabuena que inundaba toda la casa, éste se animó a salir en pijama al salón. Como si de una ceremonia unipersonal se tratase, el tío Eulogio extrajo lentamente de un bellísimo maletín de cuero todas las piezas de una cámara reflex: objetivos, lente intercambiables, base, angular, trípode, cámara, cubierta, disparador a distancia, correa,... todos ellos eran partes oscuras o brillantes y completamente limpias. Mientras tanto, Octavio trataba de mantener la boca cerrada y la atención despierta como si estuviera en clase de matemáticas. En un acto no pensado Octavio alargó sus manos y cogió la cámara con cariño y emoción. Y al segundo siguiente, la mano derecha del tío Eulogio le arrebataba la máquina con firmeza y con la otra castigaba con fuerza las de él. - “No se toca!” – es lo único que dijo su tío. Octavio no lloró, de momento. Pero un hipo contenido se desató en él, así que pidió permiso a los presentes y se fue de prisa a su cama, en dónde rompió a llorar un océano de los grandes. No de los pequeños, de los grandes. * Esos días marcan y Octavio, naturalmente, se hizo fotógrafo. Y no se sabe bien por qué, pero sus fotos provocan un hipo contenido, que pasado algún tiempo te resquebraja como si te brotara un océano. Y después es posible que te tranquilices como si te inundara el olor de la yerbabuena. O puede que una furia comedida se apodere de ti. En realidad no es predecible qué sensación te puede embargar. Todo depende de Octavio. 16/03/2005FeEste es la historia de Salomón. Un salmón que luchaba contracorriente. Como todos los salmones. Lo hacía bastante bien ya que era persistente y muy habilidoso; y día tras día su afán de seguir río arriba era ejemplo de otros salmones ya cansados del viaje y su destino. Resultó entonces que una nueva corriente de pensamiento sugería que los salmones deberían ir contracorriente. O en otras palabras, en el sentido del fluir del río. ¿lógico no?. Y revolucionario, por supuesto. Esta teoría dio paso a la segunda era de Acuario. Acuario de salmones pensaban todos sin decir palabra. En todo caso los efectos no se hicieron esperar, dando paso a un caos general dentro del cardumen. Salmones que iban y venían en perfecto desconcierto, otros detenidos en el lecho del río pensando que hacer, algunos incluso que “pescaron” en río revuelto sacando un vil provecho de la situación. Pero Salomón siguió adelante, creyendo en su naturaleza, y haciendo oídos sordos de teorías y ríos que te mecían hasta tu destino. Y siguió empeñado, modificando su fisonomía, siempre río arriba, esforzado, ciego de fe. Fue entonces cuando en un recodo del río un oso se lo comió. 17/03/200518/03/2005No es por presumirHoy he hecho algo A mi entender he quebrantado tres leyes de la tierra, dos del cielo y una de las mías. Pero el caso es que lo he hecho tan bien, tan brillante y Incluido yo. * 20/03/2005Café no, gracias!... cinematográfico ¿no? * Hilo musicalEn un Starbucks suena Luz Casal - “Entre mis recuerdos” “...yo quisieeeeera vol-ver a encontraaar la pure-eeeee-za...” Pedro entra a pedir un café. Hola, buenos dias! Hola, quiero un café con leche, por favor. ¿Lo quieres fuerte o más bien suave? Lo quiero fuerte. Muy bien, son 2 con 50. Eeee, disculpa ¿no eran 2 €? Si, pero es que me lo has pedido con dos “shots” de café y el normal viene con uno. Yo no te he pedido eso de los dos “shots”. Si, usted me ha dicho que lo quería fuerte. Pero yo pensé que te referías al mismo café, mismo precio. ¿lo va a querer fuerte o no? Lo quiero como el que indica allí detrás de ti. Ese, señor, es el normal ¿normal entonces? Si, por favor. Un segundo, espere. Espero. Samuel, no saques el café con doble shot. Ya lo he sacado. ...! ¿ya lo has sacado? Si ya lo tengo aquí. Entonces, saca otro normal para el señor, que ese me lo bebo yo. ...! ...! son dos euros, señor. Tenga. Muchas gracias y vuelva pronto. "Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos..." Rafael no puede dormir. Su vecino de al lado tiene fiesta y la música muy alta. Toc, toc. Si, ¿qué tal estás vecino?. Hola buenas noches, ¿podrías bajar un poco el volumen de la música? Lo siento colega, para una vez al año que cumplo años se podrá aguantar un par de horas ¿no?. Que sepa que le voy a denunciar con la administración de la finca, y... con el ayuntamiento, y con la policia, y... Señor, haga lo que quiera. Pues sabe qué, le voy a aplicar el ojo por ojo. ¿ah si?, ¿y también lo de los dientes? Si, que se jodan todos, ya verán, ya verán la luz. ¿quién era? El señor de aquí al lado que quiere que apaguemos la música y a tomar vientos le he enviado. ¿y a dónde va tan furioso? No lo sé, a su casa supongo. ... Fíjate, qué estruendo, el muy cabrón ha puesto su mini cadena a reventar. ¿qué es eso que suena?... no me jodas: es Luz Casal. “...y si las lágrimas vueeeeelven ellas me harán más fueeeerte.” * 21/03/200522/03/2005Un libro para Amelia Frente a una librería miro mi reloj a ver si tengo tiempo suficiente.Tengo una cita con Amelia y quiero regalarle un libro. “Vamos allá”, me digo a mi mismo; “tengo 20 minutos”. Abro un libro al azar y leo: “Un hombre puede carecer de sabor (o ser poco interesante) y su amistad puede oler dulcemente”. Cierro el libro. Y no, no es un libro de autoayuda. Voy dos estanterías más adentro y abro otro libro que dice: “...el mundo y yo no estamos hechos el uno para el otro, entonces, ¿por qué girar en redondo como quien busca lo que no ha encontrado?...” Cierro el libro. Me identifico con la frase ya que busco un libro y no lo encuentro. Giro como el mundo. Doy dos pasos hacia atrás y estiro el brazo por encima de mi cabeza. Alcanzo un libro sin mirar su cubierta. Lo abro y leo: “Una mujer necesita a un hombre tanto como un pez una bicicleta”. Levanto la vista con el libro abierto. ¿Quién lo escribió?, me pregunto. Irina Dunn. Me llevo el libro, pero no para Amelia. Para ella: ración placton, o lo que sea que coman los peces. Para mí: engrase a fondo del piñón, plato grande y ruedas con el nivel de presión correcto. * 23/03/2005Y vosotros, los espectadoresTumbados boca arriba, miraban a los espectadores. Ellos que se habían conocido ese mismo día, sin planearlo. Ellos que habían bajado de ese tren rumbo a Viena sólo para conocerse. Ellos que se habían despedido muchas horas antes, en la cena, para no hacerlo llegado momento. Ellos que habían proclamado no hacer el amor, y terminaron follando sedientos en aquel parque ondulado y verde como un mar. Ellos que pasearon de la mano por aquella ciudad. Ellos que tenían mil vidas que contar, todas sobre ellos mismos y atadas. Ellos que no se verían nunca más. Ellos los protagonista del filme. Ellos que de desaparecieron después de los créditos. Ellos y vosotros. Salí a comer Os dejo un rato con vosotros mismos.Regreso en cuatro días. Ben-Hur y Espartaco son platos obligados. No vale sustituir por Barrabas y Nerón. Hasta la vuelta. Carlos * 27/03/2005Soufflé de avena (sin canela)* Una chica, morena como la canela, entra muy agitada por el portal de un edificio. Al rato aparece un chico, blanco como harina de molino, que se detiene frente a dicho portal titubeante. Se queda allí, pensando en círculos. Pasados unos minutos se abren de par en par las puertas de una de las ventanas que dan a la calle. La del edificio azul. Azul como el color del cielo. Se asoma ella, la chica de antes, pero con el semblante y el cuerpo reposado. El chico no se da cuenta de lo que pasa por encima de su cabeza. De improviso, y muy despacio, empiezan a volar prendas de vestir hacia la calle, pantalones, camisas, calcetines, cinturones, zapatos... Todo revolotea tan lentamente que parecen hojuelas de avena cayendo hacia la acera. Y la acera un cuenco pastelero. El chico con una sonrisa en la cara, más seguro de sí mismo y con un ritmo sostenido va recogiendo una a una sus prendas. Todas sus hojuelas. La chica le lanza una mirada indescifrable y cierra la “ventana cielo” de la fachada. El chico se aleja diez pasos, con el ánimo empastelado, para observar con detenimiento cada ventana de la fachada. No la de la chica, sino las demás ventanas. Vigorosamente agita su mano en señal de despedida delante de todas los ventanas cerradas. Las ventanas color cielo y todas las demás. Color tierra, color nube, color sol. * En todo este tiempo, nadie ha presenciado este drama, excepto yo. ¡Suelen suceder cosas tan raras!, ¡tan raras!, que difícilmente usted o yo llegaríamos a comprenderlas. ¿le apetece un bizcocho casero? Eso si, sin canela. * 28/03/200529/03/2005Un pensamiento tonto La mayoría de las veces pienso tumbado mirando al techo. Algunas otras lo hago de pie, caminando, dando vueltas. Muchas otras sobre una bici. Pero esta mañana me he descubierto en la posición exacta de la escultura de Rodin. El pensamiento me ha dejado de piedra.Llamad a un artista contemporáneo. No me gusta el clasicismo. 30/03/2005La llegada (episodio IV) Hoy ha venido El Principito a pasar una temporada en nuestra estrella.Y es que el Principito es lo que es. Un “pesao” por donde se le mire. Viene como estresao. Que si dibújame un cordero, que si quítame los baobabs, que si me entra en los ojos mucho polvo de cometas durante los viajes, que si “hoy vi 135 puestas de sol en un día”... Es un poquito coñazo, el niño. Al final le he dicho que fuese a buscar un corderito que vive al otro lado de la estrella y así lo dibujábamos juntos. Le he engañao como a un chaval. No hay corderos por aquí. A ver si se pierde, se aburre y se marcha a otra constelación. Menos mal que antes de que viniera con el rollo de que lo esencial es invisible a los ojos, he desaparecido. Y conmigo la mitad de este post, tal y como era antes de que llegara el bendito Principito. * (continuará) 31/03/2005Todos somos Ferdinand A Ferdinand siempre le gustó salir de casa. Ya fuese un paseo al bar de enfrente o un vuelo trasatlántico hasta Alaska.Al mismo tiempo, Ferdinand siempre tuvo la sensación de que vivía dejando un hilo por dondequiera que pasara. Un hilo que salía de él y cuyo extremo estaba en “nosesabedonde”. Lo extraordinario, entonces, era que un ovillo interior iba deslizando sin pausa aquel hilo incansable, sea cual fuese el rumbo que tomase. Por ejemplo, si salía de su casa rumbo al trabajo, podían verse cientos de hilos de anteriores días, de anteriores recorridos al trabajo. Hilos de ida y de vuelta. Hilos que bajaban por la escalera, pasaban por debajo de la puerta del portal, cruzaban la calle, bajaban al metro, se oprimían en las puertas de los vagones, se estiraban, se distendían, salían a la superficie, se enrollaban en la puerta giratoria de su trabajo, se elevaban en el ascensor y llegaban hasta su escritorio. Y los hilos siempre allí, por dondequiera que pasara Ferdinand. Irrompibles, maleables, desenredados, reveladores. Dejando un mapa perfecto de la estela de su dueño. Idas al aseo, paseos por el parque, visitas a la casa de sus tíos, vagabundeos casuales, itinerarios planificados. Pero lo mejor, y quizá lo más inquietante, era la idea que tenía Ferdinand de observar al planeta desde muy arriba. Y entonces descubrir que mientras más viajaba por el mundo, éste se iba ovillando cada vez un poco más. Y una vuelta, y otra, y otra. Hasta que el mundo fuese un ovillo,... igual al que lleva Ferdinand en su interior. * |
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