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Spica *

Mestral (... y IV)

mestral

Sin la ese soy metral, sin medida.
Ahora sin la erre soy metal, con carbono.
Cortando la eme soy lo que se ve.

Igual siempre seré un viento desmedido, con exceso de carbono y que te corta la cara.

*

Garbi

garbi

Siempre que llego hasta esta orilla, descubro un nuevo aire.

Aunque esté ausente.

*

Tramuntana

tramont

Siempre que llego hasta este mástil, me provoca hacer juegos de palabras.
Pero esta de aquí, me impone algo de respeto y sólo me atrevo cambiar una U por un Jota.

*

Ponent

ponent

Siempre que llego hasta esta orilla, me detengo frente a este mástil.
Me retengo frente al mástil.

Hasta que viene el viento, puntualmente.

*

Salí a la esquina

Salí a la esquina

Es indescriptible esa sensación de ver una nube cúbica de cerca y perder la perspectiva.
Voy a una competición de "clic´s desaforados sobre una ciudad".
No volveré hasta que tenga mil fotos de ella. O hasta que transcurra el último minuto de los 720 que estaré allí. Ni uno más o uno menos.

Espero que no diluvie, ni asome Noe, ni la paloma, ni el laurel.

¿O era el olivo?

*

Ricardo tenía...

antoine

Ricardo tenía tanto corazón, que era el corazón el que lo tenía a él.

*

Koan bayeta

Koan bayeta

Vamos a ver... que la pregunta es complicada.
Si una señora (o un señor) con una bayeta en la mano, limpia con esfuerzo y detalle, una cosa que ya estaba limpia*, puede decirse entonces que la señora (o señor)...
¿está realmente limpiando esa cosa?

* perfectamente libre del menor asomo de polvo, suciedad o mancha.

Y todo esto viene al caso de una historia que contaremos más adelante.
Porque contar una historia sin contarla en realidad,... en el fondo, es contarla!
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La rabia

La rabia

Viendo aquel cielo tan hermoso, Marieta sintió una rabia frustrante.
Enorme.
Porque se dio cuenta de que un cielo lleno de fogonazos violetas, rosas o naranjas sólo está dedicado una vez por persona en esta vida.
Presentimiento hecho certeza.
Y algunos lo ven, y otros no.
Y algunos van en el coche cuando lo atisban, y otros en el metro alegremente sumergidos.
Y alguien se reconoce entre el amasijo de nubes y otros sólo ven la metereología.
Y Marieta rabiosa se revuelve sin moverse, porque disfruta a sabiendas que lo hace a cuesta de otros.

Le consuela, únicamente, saber que un día verá el suyo.
Podrá, entonces, dedicarlo... sin rabiar.

*

Hipoglucemia con cafeína

Hipoglucemia con cafeína

Con el dumbi, dumbi del bajo de fondo musical, Ramoncín (el perrito más tiernín) intentaba ordenar sus pensamientos delante de Alfonsina (la perrita más perrina).
Como cristales de colores, había ordenado todos sus recuerdos e intentaba escoger alguna para contar. Para impresionar. Y que Alfonsina soltará un “GuaoooooO”
Ramoncín (el perrito más tiernín) se paseó sin descanso, por su tierna infancia, por su cruda actualidad, por sus sueños tan soñados que ya eran pasado.
Deseaba esa noche, compartir un trozo de su esencia para gustar a Alfonsina.
Y mientras tanto esperaban el postre.
Y el café.
Ramoncín (el perr...blablabla) se esforzaba por dar con el recuerdo adecuado para ese momento. Nada triste, nada que sonara nostálgico como si quisiera huir del presente. Tenía que ser algo alegre. Que le dejara incluso un poco al descubierto, imperfecto, sin mencionar un logro mayor o la falsa modestia. Una historia donde quedara como un tonto adorable. Algo inolvidable para ese preciso momento.
Ramoncín (el...) empezaba a ponerse nervioso.

Y Alfonsina... Alfonsina (la perrita más perrina) sólo quería que llegase pronto el café.
El dumbi, dumbi le aburría.

*

Godofredo

Godofredo

Godofredo medía el mundo en términos de su propia vida, es decir, le atribuía a las personas las virtudes o defectos que él se atribuía a si mismo. Una especie de extensión psicológica que pretendía comprender a la humanidad según las reacciones que él tendría en casos semejantes a los que analizaba.

Y entonces Godo, se empeñó en que Picasso no quería defragmentar la realidad, sino que simplemente se aburría de pintar “bonito”. También reinterpretó a Bécquer y supuso que era un hombre despechado y algo cabreado con su primera novia. Y escuchaba a Mozart como si fuese éste fuese un usurpador de otro compositor más genial. De Miró, entendió que le llamaban siempre a la hora de comer, cuando más inspirado estaba y por la tarde no podía trabajar a gusto.

Se paseaba por las artes, lo mundano y lo crucial, reinterpretando todo dentro de él; poniendo el miedo y el valor según el lo percibiera. La locura o el placer según le pareciese.

Godofredo medía el mundo en términos de su propia vida, y se equivocaba del todo. Porque así no eran Picasso, ni Bécquer, ni Mozart, ni Miró, ni Godofredo.

Que lo sé yo.
Yo, que comprendo a Godofredo.

*

Maximum fabulae

Maximum fabulae

Esta es la historia de dos hermanos. O de tres.

Cap. I – El bien que no se ve.

Alnitac y Alnilam nacieron para hacer el bien. Juntos iban y venían por la ciudad rescatando a los inocentes (las buenas personas) de sus tribulaciones. Grandes eran sus proezas por pequeñas que parezcan. Solían batir sus capas en los días soleados y creaban esa brisa inesperada que refrescaba sólo un segundo, justo al borde del sofoco. Soplaban pasteles calientes, evitando quemaduras en bocas inquietas. Susurraban aniversarios apunto de olvidar. Asomaban llaves u otros objetos pequeños exactamente el milímetro necesario para ser vistos a tiempo.

Alnitac y Alnilam eran unos superhéroes imprescindibles para “ciudad-quo-kao”.


Cap. II – El mal que llega.

Alnitac y Alnilam, hacían el bien porque eran buenos, pero uno de ellos era más bueno que el otro. Sólo un poco.

- Buenas noches, Alnitac-, dijo Alnilam justo antes de dormir.
- Buenas noches, hermanito -, dijo Alnitac casi a punto de empezar a soñar.
Pero Alnilam no tenía sueño. Se quedó trasnochado mirando el techo y pensando quién de los dos había realizado más acciones buenas durante el día. Durante la semana. Durante la vida.

Y descubrió Alnilam, esa noche, que su hermano le sacaba ventaja por una buena acción.

Cap. III – Alnilam.

Alnilam se marchó de madrugada, maldiciendo la vida. Pero sobre todo, maldiciéndose a si mismo. Y se hizo malo. El antihéroe malvado de “ciudad-quo-kao”.


Los ojos de Alnilam encerraban en realidad toda la maldad del mundo.

Cap. IV – La lucha del bien contra el mal.

Según pasaban los días, la lucha fue más encarnizada entre Alnitac y Alnilam. Sería largo de contar cada batalla de esta guerra entre hermanos. Dos palmas abiertas una contra la otra. Alnilam escondía la lluvia que empapa, tapaba el sol con un dedo, llenaba el aire de olores incómodos. Alnitac hacía lo posible por contrarrestar toda maldad que dejaba su hermano por la ciudad. Y de paso hacer el bien. Alnitac chasqueaba la lengua contra su paladar y refrescaba el aire, recorría el cielo con espejitos creando una lluvia de soles, sorbía caramelos de menta para resoplar por allí donde no se podía respirar. Fango contra hierbabuena. Carbón contra esmeralda.

En eso consistía la guerra entre Alnitac y Alnilam.

Cap. V – La batalla definitiva.

Un día Alnitac y Alnilam se encontraron cara a cara, en mitad de “ciudad-quo-kao”. Lucharon por siete días y siete noches, destruyendo toda la ciudad. Dejando cascotes y fuego por todas partes. En un lance a traición, Alnilam hirió de muerte a Alnitac.

Y antes de caer, Alnilam recogió suavemente a Alnitac sobre su regazo. Abrazándole.

Cap. VI – Alnitac.

Alnitac murió. Pero antes de hacerlo dijo: “Buenas noches, hermanito”. Y Alnitac se fue al cielo desde donde empezó a soñar. Alnilam hizo con esa una buena acción que igualó la balanza entre ambos. Sólo entre ambos.

Y Alnilam plegó a Alnitac contra su pecho.

Cap. VII – Mintaca.

Alnilam lloró desconsolado y comprendió su error. Y se hizo bueno nuevamente. Pero estaba solo. Y vivió náufrago durante cien años, hasta que apareció Mintaca, quien le cogió de la mano y le llevó al cielo junto a su tercer hermano. Mintaca había presenciado la historia de ambos, sin decir nada.

Le llevó a la región de Orión, de donde eran los tres, donde toda esta tristeza, vileza o bondad no tenía sentido.

Porque toda la historia, no son más que 7 minutos de una tarde de juegos de tres hermanos curiosos y risueños.

Mañana Betelgeuse.

*

ññññññññññññ

Benjamín va a todas partes en su pequeña moto. Suena brmmmm, al encenderla y luego hace ññññññ al alcanzar la velocidad de crucero. Así va Benjamín en su moto. La moto es imaginaria, claro. Y todos creen que están loco. Benjamín opina que no lo está, y que él únicamente va adelantado a su tiempo. Y es que en un mundo en el que todos los demás cabalgan en caballos imaginarios, haciendo ijiiiiii y piticó, piticó dando saltitos; Benjamín es un auténtico pionero.

Y no, no parece que esté loco.

*

La chica y el piano

La chica y el piano

Laia toca el piano y no lo hace nada mal. Está cansada de que le digan, siempre, cuál pieza tocar y lo que los demás quieren oír. (Am). Cansada de esperar aquel que se acerque por delante y le pida una canción para ella (C-G7). Está harta de bajar y subir las manos como los juguetes de un tiovivo. Ya ni siquiera se concentra en la música. Ya ni siquiera desea que aquel se acerque por delante y le pida una canción para ella (Em-B7-G). Quiere que le empujen de la banqueta (#, O’). No, no es cierto (C-G7-F-C). Quiere tocar otro instrumento(Am, Em, G, F#, Gm, Am). No, no es cierto. Lo que en realidad quiere es... Bm, G7, C, Am, C, Em, G, A, G7, B7,

*

Dedicado a alguien que alguna vez respondía a los posts, con acordes.

Sublimación

Cuando se abre la cafetera que recién hierve suelen caer algunas gotas de agua, del reverso de tapa, justo al borde del círculo enrojecido e incandescente de la cocina. Se agrupan como formando los aros olímpicos, pero en desorden.

Es aquí cuando Ludovico, suele arrastrar la cafetera aun caliente sobre estas gotas, creando un pequeño traqueteo causado por la violenta evaporación del agua entre la vitrocerámica y el metal caliente que contiene el café.

La cafetera trastabilla.
O trastabillea.
O trastabilla.

Rebota a trancos cortos, hasta quedarse quieta. Avisando a Ludovico que ya puede beber su contenido y empezar a relajarse.

Y llegado este punto del día, gracias a este pequeño ritual, ya todo pinta mejor para él.

*

Swibel

- Hola -dijo Sofía-. ¿Quién eres?

- Soy Alicia -dijo la niña, e hizo tímidamente una reverencia.

- ¿Y qué te trae por aquí? -preguntó Sofía.

- He venido a darte estas botellas filosóficas. Entregó las botellas a Sofía. Las dos eran de cristal transparente, pero en una había un líquido rojo y en la otra un líquido verde. En la botella roja ponía BÉBEME, y en la verde, BÉBEME A MÍ TAMBIÉN. En ese instante pasó corriendo por la cabaña un conejo blanco, erguido sobre las patas traseras y vestido con chaleco y chaqueta. Se paró justo delante de la cabaña, sacó del chaleco un reloj de bolsillo y dijo: «Ay, ay, voy a llegar tarde». Y continuó la carrera. Alicia le siguió, pero antes hizo otra reverencia y dijo:

- Ahora empieza de nuevo.

- Da recuerdos a Dina y a la reina -gritó Sofía tras ella.

Y Alicia desapareció.

Sofía se quedó mirando las botellas.

- BÉBEME y BÉBEME A MÍ TAMBIÉN -leyó Sofía-.

No sé si atreverme.
Pero de igual manera, bebió.

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Aviso a visitantes

Aviso a visitantes

Decía Demócrito que todas las cosas están compuestas de diminutas, invisibles e indestructibles partículas de materia pura. Y que la escala de esta estructura puede replicarse a la configuración de los planetas, el cosmos y las estrellas.

Y debo decir que estoy de acuerdo, punto por punto con Demócrito.

También decía Julio Médem que todos "Vivimos a la altura de nuestros ojos, entre los átomos y las estrellas."

También estoy de acuerdo con esta frase.

Y nada más.

Ah si, una cosa más: “Por favor, abróchese el cinturón de seguridad que este blog va a variar unos 15 órdenes de magnitud al filo de la medianoche de hoy.”

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La chica y el violín

La chica y el violín

Hay lugares, a los que es necesario llegar para que te transporten completamente. Incluso, puede que hasta te devuelvan hasta el punto de partida. Y entonces estamos más abiertos a entender las cosas. O al menos eso creemos.

El lugar que muestra la imagen, es Ancud, un lugar tan al sur de Chile que ya no recuerdo si podría llamársele sur a aquella latitud.

Allí, una mañana, o una tarde, había una chica tocando un extraño violín. Parecía hecho de partes de otros instrumentos. O un instrumento enteramente nuevo que asemejaba a un violín. A su lado estaba un chico con un guitarra callada, que admiraba todo lo que hacía la chica. Y un poco más alejado me encontraba yo, observando y escuchando.

Y todo aquello fue un gran descubrimiento. La escena, quiero decir, porque todo el montaje es para mi, un enigma recurrente, que intenta decirme algo, y que viene a mi memoria de tiempo en tiempo a ver si he resuelto el conjuro.

**(Hablemos de la chica y del violín)**. (La chica con los ojos muy abiertos movía con fuerza el arco susurrante). (Una chica hermosa, pero su fuerza lo era más). (El chico, agarraba con nervio su muda guitarra). (De repente, ella, levantó la mirada y reconoció las miradas de todos, sin dejar de tocar...). (Y nos miraba como si no fuese ella la que tocase, ni su violín el manantial de esa música). (El arco soltaba un tímido talco al caer acelerado, una y otra vez sobre las tensas cuerdas).

Y aunque entre los paréntesis (temporales y literales), he llegado a algunas conclusiones, por ahora, debo admitir, que sigo sin resolver la pieza.

Y eso me maravilla.

Y eso me frustra.
Y eso me atrapa.
Y eso me estorba.
Y eso me molesta.

Y eso me agota.

*

Clementina, la mandarina refrita

Clementina, la mandarina refrita

No sé por qué, pero me he sentado con una mandarina delante del ordenador y he tenido un presentimiento. Un picor. Esas cosas curiosas que ya citó nadie en el post de ayer. Los cuchillos cruzados.
Las mandarinas como mariposas.

Así que no me he resistido y lo traigo de nuevo. Mandarinas refritas. Pero antes he rebuscado en el archivo de fotos y os desvelo el desenlace de aquella historia que ocurría hace exactamente un año. Allí arriba se puede ver. Y ahora... a la sartén...


-- Sólo para niños! (con un año más)--

* Abrirla en espiral, sacando una tira completa de piel. (en esta ocasión, intentar con dos a la vez)

* Partirla a la mitad y formar "mariposas" con dos gajos por alas, unidos por pequeños y suaves tendones blancos. (nada que añadir)

* Dejar volar las mariposas hasta la boca, deshaciendo sus alas con la lengua y tragando el envoltorio con determinación, todo ello al tiempo que otra mariposa vuela de nuevo hacia nosotros. (trazar grandes espirales y algún tirabuzón)

* Repetir con todas las mariposas que salgan de la clementina. Si quedara un único gajo, entender entonces que es una oruga y por tanto una mariposa en estado futuro. (si disponemos de dos orugas, crear una mariposa ficticia es cosa fácil)

* Finalmente, exprimir la delicada piel naranja en forma de tira, muy cerca de un mechero y formar pequeños fuegos pirotécnicos en memoria de las mariposas. (exprimir hasta la piel quedé extenuada)

Repetir.

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El dilema Pascual

"Siempre queremos más"

Es lo que pensó Pascual, al colgar el teléfono.

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Cebada

centricbeer

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