Blogia

Spica *

Toboganes

Toboganes

"Y resbalé al mirarle un largo rato."

*

Cae la arena

Cae la arena

*

Apnea mental

Soy superficial, lo sé. Presiento que cuando duermo soy más profundo que ahora. Que este instante. Y me he dado cuenta hoy al concentrarme tanto en una tarea, en una accción, que me he perdido hasta no saber como regresar a mi "superficie" habitual. Me he sentido a gusto, pero ascendiendo me he burlado de mi mismo, por no aguantar más tiempo en el fondo, por no llegar a poner el pie en tierra con agua por encima. Mientras subía y dejaba la concentración recordé tiempos anteriores, en los que igual respiraba arriba que abajo. En los que igual decidía caminar sin escafandra o nadar a manotazos. A tiempos iguales de agua y aire, y no sólo hundirme cuando duermo. Tiempos en los que no tenía un ancla inversa. Un ancla que me tira hacia arriba y no hacia abajo. Allí donde debería de estar. Estar cuando quisiese.

El intermedio (Ep. V)

El intermedio (Ep. V)

*

- Dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero,...

Y a intermedias preguntaba que si teníamos puestas de sol.

- No, no, no, no, no, no,...
- Ven aquí chico, acompáñame -, y lo cogí de la mano.

Lo llevé hasta un parque sin corderos y nos sentamos en un bonito banco de madera.

- Se sentó, me miró y dijo: -Dibujam...
- Mira eso Principito!! -, dije por sorpresa y señalando con mi dedo hacia al frente.
- ¡?????!... ¿y eso qué es? ¿es un atardecer de tu planeta?, ¿cuántos atardeceres al día se pueden ver desde aquí?, ¿cuánt...?

- “Chico, te diré que esto es una bola gaseosa de hidrógeno con helio. Esto no es un planeta, es una estrella...

...Y por lo tanto nosotros SOMOS el atardecer.

Y se ha puesto tan contento, el jodío, como si tuviese el dibujo de una caja de cartón con un cordero dentro.

“Lo visible también es esencial” pensé, pero no pensaba decirle semejante cosa.
Se le veía tan entusiasmado con sus ideas.

*

(Continuará...)

Fuga

Fuga

Conduces 1000 kilómetros, llegas hasta allí y en silencio te preguntas:

¿habré cerrado la llave del gas?

*

Y me río.

*

mELLAda

No se ni cómo ni porqué te solté en la cara que necesitabas cien roces por el amolador para estar tan afilada como yo.

Y a pesar de todo, me cortaste.

*

12 bicicletas + 1

12 bicicletas + 1

Sin tener en cuenta el triciclo y la Caloi de paseo, la primera bicicleta de Adolfo fue una BMX que le trajeron los reyes cuando tenía 9 años. Sin embargo, años más tarde su madre le contó cómo sufrió llevando ese trasto infernal desde la juguetería hasta la casa. Dado que no tenía coche, ni podía subirla al transporte público; la “empujó” unas 40 manzanas hasta la puerta de casa, sin hablar de las escaleras. Madre mía. Y los ojos emocionados. Y el vestido empapado de sudor.

La segunda bicicleta de Adolfo fue una bici de montaña que se compró él mismo con sus ahorros. Y que a las dos semanas la “partió en dos”.

La tercera bicicleta fue una segunda mano vendida por un ex-ciclista de ruta. Esta le duraría bastante más que las anteriores.

Hasta doce bicicletas ha tenido Adolfo en su corta vida. Pero quizá la más interesante que él recuerde es una que tuvo su padre cuando era muy pequeño. De esas historias que se cuentan una y mil veces.

En una plaza de pueblo, el pequeño padre de Adolfo, observaba atónito ese hermoso artefacto de dos ruedas en manos de otro niño. Así estuvo un buen rato hasta que en un descuido de éste, mientras saludaba a otros amigos, el padre de Adolfo corrió veloz, se subió a la bici, dio diez pedaladas y a los gritos de “al ladrón, al ladrón”* fue cogido al vuelo por su propio padre (el abuelo de Adolfo) y allí mismo recibió una azotaina memorable delante de todos. Memorable para mi padre que disfrutó lo indecible esos 10 segundos.

Esa,... Esa es una bicicleta que nunca tuvo Adolfo.

------------------------------------------------------------------
* “al ladrón, al ladrón” idea y frase que años más tarde, Vittorio de Sica emplearía en su película “Ladrón de Bicicletas”. Y muchos años más tarde se utilizaría en este blog.
La frase original de la película es (en italiano): “Al Ladro, Al Ladro”.

Ojos verdes

Ojos verdes

Dos ojos verdes me espían entre la multitud de un vagón del metro, que lleva retraso temprano en la mañana.

Yo miro a esos ojos, en un vaivén continuo. Miro a los dos ojos verdes, no a la multitud. Ahora si, ahora no, ahora si, ahora no. Y entre tanto la multitud no mira nada, aunque esté agitada por el retraso.

Dos ojos verdes no ven la multitud, me ven a mí. Y mi mirada imita a un péndulo de reloj que se cruza en un punto con los dos ojos verdes, que luego oscila ciega entre la multitud. Aunque en verdad oscila entre la ciega multitud.
Y entonces marco las ocho en punto... tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan...

La multitud se inquieta un poco más, porque todos vamos tarde.

Dos ojos verdes y yo vamos solos y serenos en un vagón de metro, entre la multitud.

Y tus ojos oscilan sobre esta historia como un péndulo; cuando tus ojos pasean una y otra vez sobre dos ojos verdes.

*

///////////// Ilustración de (v) i r e t a /////////////

Pausa 3

Pausa 3

*
Esto no es un post.
Es la tercera pausa que hago en este blog para hacer una nota al pie de página sobre las imágenes que aquí se publican.

Algunas son mías (si, si, la de los buñuelos, cafés y todo aquello que contenga glucosa y sustancias adictivas).
Otras son de google en el apartado de imágenes (con algún efecto de edición).
Y otras son de personas/artistas que merecen ser reconocidas (aunque por ahora ni se enteren, o cuando lo hagan me demanden). Hicieron esas imágenes con copyright o copyleft y colgaron sus fotos o ilustraciones por estos prados. Luego vine, vi, y los traje a Spica. Fácil.

Veamos que hay...
(son posts de febrero y marzo)

* Título Post
/Autor
/Web
/Comentario

*La espalda de (v)ireta
/Autor > Asbjorn Lonvig
/Web > http://www.lonvig.dk/exhibition2.htm
/Comment > Esta ilustración es mi interpretación de un post de (v)ireta. Si usted no lo ha leído, le aconsejo que vaya de inmediato, ríase y regrese sin prisa a ver de qué va la movida de este artista sencillo pero sobresaliente. La obra se llama “Bridging the world” y como dato curioso el precio: cuesta 7.500 euros. Lo digo para aquel que tenga algo de calderilla en los bolsillos y quiere invertir. Corría el rumor que esta imagen fue realizada por mi en paint. Cuanto lamento que no sea así. A 7.500 la pieza de paint y no estaría aquí escribiendo este blog. Estaría tumbado en Waikiki.

*Diluido en la ciudad
/Autor > Franco Donaggio
/Web > http://www.picassomio.com/browse/87/en/
/Comment > Vi esta foto y me gustó al instante. Creo que está editada con alguna herramienta gráfica. En todo caso, no son las sombras lo que me atrapan, sino las ventanas abiertas en las fachadas.

*Kabuki accidental (1) y (2)
/Autor > No indicado.
/Web > http://www.kyoto-art.ac.jp/museum/ukiyoe.html
/Comment > La ilustración la descargué de un museo digital en Japón. En internet, pero en Japón. O sea, que es como ir hasta allí. A Japón. No a internet. Además en el museo virtual había otras ilustraciones de maremotos, guerras sangrientas, tazas de té, samurais locos, campos de arroz y todas esas cosas que distinguen a la tierra nipona. Todo para llamar la atención de occidente.

*Sola en la montaña
/Autor > Risoya
/Web > http://gallery.goseweb.com/risoy
/Comment > Esta imagen la obtuve de una galería sencilla que ya no recuerdo ni cómo encontré. Es una artista de mirada asertiva y una cara muy mona. La pone al lado de sus fotos montañesas.

*Férreo
/Autor > John Sidlo
/Web > http://www.apogeephoto.com
/Comment > Esta foto forma parte del concurso bimensual titulado “strength”. El día que la subí venía en el metro observando manos aferradas a las barras y asientos. Ninguna como esta.

*Juez y parte
/Autor > Desconocido Justin Gerard.
/Web > www.portlandstudios.com
/Comment > Esta ilustración está editada. El original es una imagen completa del hombre del centro rodeado de hombres y mujeres que le gritan muy cerca. Ésta fue descargada/copypasteada de la carpeta del autor (cuyo nombre no recuerdo recordaba) en la web de Portland Studios. Recientemente he entrado en la web y ya no ordenan las postcards por autores, así que no he podido recuperar esta información. pero ahora, en un segundo vistazo, he descubierto que es más fácil identificar al autor. Tienen una sección en dónde se puede buscar entre cientos de postales 20 ó 30 postales a lo sumo. Si alquien quiere tomarse el tiempo de buscar allí, lo agradeceré. Gracias por ir. Tampoco es era urgente.

*Burbujas de Sílice
/Autor > James Stover
/Web > http://www.apogeephoto.com
/Comment > El título original de la foto es "GlassWork". Al verla recordé mis clases del laboratorio de “Refractarios Cerámicos” de la universidad. Allí teníamos a un compañero que quería dedicarse al modelado del sílice y elaboración de joyas de diseño, y nosotros lo mirábamos escépticos delante de un horno industrial a 1200 grados. Ahora él trabaja en una fundición de Arte Murano en la República Checa. Su sueño no era una burbuja.

(esto es todo en esta pausa)

*

Correlación

Correlación

Luces que se apagan.
Luces que se encienden.

(en todas partes)

*

Manel y Raquel

Manel y Raquel

Un día, sin querer, se encontraron Raquel y Manel.
Y apenas podían contener su emoción ante el fugaz encuentro.
Manel se empapó de algo mejor que el café y Raquel probó sin freno lo vetado.

Ninguno de los dos volvió a ser lo que era antes.
Sin problemas, ni consecuencias.
Nunca independientes.
No granulado, ni delineada.

Exclusivamente Raquel y Manel.

Manel

El problema de Manel es que no se moja. Y siendo un azucarillo, esto es muy importante. Y mira que lo quieren diluir, desintegrar, hundir en el café humeante. Pero él sólo quiere estar seco, granulado, compacto. No se moja.

Raquel

La situación de Raquel es completamente distinta. Quiere probarlo todo, a pesar de las consecuencias. Y siendo unos labios firmes y rabiosamente rojos, esto es una contrariedad. Digamos que siempre la quieren delinear, remarcar, contener, darle besos con sabor a plástico. Sin embargo ella sólo desea que un labio muerda al otro y que la besen dulcemente, sin ninguna duda. Quiere probarlo todo.

Todos somos Ferdinand

Todos somos Ferdinand

A Ferdinand siempre le gustó salir de casa. Ya fuese un paseo al bar de enfrente o un vuelo trasatlántico hasta Alaska.

Al mismo tiempo, Ferdinand siempre tuvo la sensación de que vivía dejando un hilo por dondequiera que pasara. Un hilo que salía de él y cuyo extremo estaba en “nosesabedonde”.

Lo extraordinario, entonces, era que un ovillo interior iba deslizando sin pausa aquel hilo incansable, sea cual fuese el rumbo que tomase.
Por ejemplo, si salía de su casa rumbo al trabajo, podían verse cientos de hilos de anteriores días, de anteriores recorridos al trabajo. Hilos de ida y de vuelta. Hilos que bajaban por la escalera, pasaban por debajo de la puerta del portal, cruzaban la calle, bajaban al metro, se oprimían en las puertas de los vagones, se estiraban, se distendían, salían a la superficie, se enrollaban en la puerta giratoria de su trabajo, se elevaban en el ascensor y llegaban hasta su escritorio.

Y los hilos siempre allí, por dondequiera que pasara Ferdinand.
Irrompibles, maleables, desenredados, reveladores. Dejando un mapa perfecto de la estela de su dueño. Idas al aseo, paseos por el parque, visitas a la casa de sus tíos, vagabundeos casuales, itinerarios planificados.

Pero lo mejor, y quizá lo más inquietante, era la idea que tenía Ferdinand de observar al planeta desde muy arriba. Y entonces descubrir que mientras más viajaba por el mundo, éste se iba ovillando cada vez un poco más. Y una vuelta, y otra, y otra.

Hasta que el mundo fuese un ovillo,... igual al que lleva Ferdinand en su interior.

*

La llegada (episodio IV)

La llegada (episodio IV)

Hoy ha venido El Principito a pasar una temporada en nuestra estrella.
Y es que el Principito es lo que es.
Un “pesao” por donde se le mire.
Viene como estresao. Que si dibújame un cordero, que si quítame los baobabs, que si me entra en los ojos mucho polvo de cometas durante los viajes, que si “hoy vi 135 puestas de sol en un día”...
Es un poquito coñazo, el niño.
Al final le he dicho que fuese a buscar un corderito que vive al otro lado de la estrella y así lo dibujábamos juntos.

Le he engañao como a un chaval. No hay corderos por aquí. A ver si se pierde, se aburre y se marcha a otra constelación.

Menos mal que antes de que viniera con el rollo de que lo esencial es invisible a los ojos, he desaparecido.

Y conmigo la mitad de este post, tal y como era antes de que llegara el bendito Principito.

*

(continuará)

Un pensamiento tonto

Un pensamiento tonto

La mayoría de las veces pienso tumbado mirando al techo. Algunas otras lo hago de pie, caminando, dando vueltas. Muchas otras sobre una bici. Pero esta mañana me he descubierto en la posición exacta de la escultura de Rodin. El pensamiento me ha dejado de piedra.

Llamad a un artista contemporáneo. No me gusta el clasicismo.

Viene (o va)

Viene (o va)

*

Soufflé de avena (sin canela)

Soufflé de avena (sin canela)

Permítame que le cuente a usted, lo que ayer vi sentado en una plaza frente a una colorida y bien restaurada fachada.

*
Una chica, morena como la canela, entra muy agitada por el portal de un edificio.
Al rato aparece un chico, blanco como harina de molino, que se detiene frente a dicho portal titubeante. Se queda allí, pensando en círculos.

Pasados unos minutos se abren de par en par las puertas de una de las ventanas que dan a la calle. La del edificio azul.
Azul como el color del cielo.

Se asoma ella, la chica de antes, pero con el semblante y el cuerpo reposado.
El chico no se da cuenta de lo que pasa por encima de su cabeza.
De improviso, y muy despacio, empiezan a volar prendas de vestir hacia la calle, pantalones, camisas, calcetines, cinturones, zapatos... Todo revolotea tan lentamente que parecen hojuelas de avena cayendo hacia la acera.
Y la acera un cuenco pastelero.

El chico con una sonrisa en la cara, más seguro de sí mismo y con un ritmo sostenido va recogiendo una a una sus prendas.
Todas sus hojuelas.

La chica le lanza una mirada indescifrable y cierra la “ventana cielo” de la fachada.
El chico se aleja diez pasos, con el ánimo empastelado, para observar con detenimiento cada ventana de la fachada. No la de la chica, sino las demás ventanas.
Vigorosamente agita su mano en señal de despedida delante de todas los ventanas cerradas. Las ventanas color cielo y todas las demás. Color tierra, color nube, color sol.
*

En todo este tiempo, nadie ha presenciado este drama, excepto yo.
¡Suelen suceder cosas tan raras!, ¡tan raras!, que difícilmente usted o yo llegaríamos a comprenderlas.

¿le apetece un bizcocho casero?
Eso si, sin canela.
*

Salí a comer

Salí a comer

Os dejo un rato con vosotros mismos.
Regreso en cuatro días.

Ben-Hur y Espartaco son platos obligados.
No vale sustituir por Barrabas y Nerón.

Hasta la vuelta.

Carlos

*

Y vosotros, los espectadores

Tumbados boca arriba, miraban a los espectadores.

Ellos que se habían conocido ese mismo día, sin planearlo.
Ellos que habían bajado de ese tren rumbo a Viena sólo para conocerse.
Ellos que se habían despedido muchas horas antes, en la cena, para no hacerlo llegado momento.
Ellos que habían proclamado no hacer el amor, y terminaron follando sedientos en aquel parque ondulado y verde como un mar.
Ellos que pasearon de la mano por aquella ciudad.
Ellos que tenían mil vidas que contar, todas sobre ellos mismos y atadas.
Ellos que no se verían nunca más.
Ellos los protagonista del filme.

Ellos que de desaparecieron después de los créditos.

Ellos y vosotros.