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Spica *

Mobil-home

Mobil-home

Te rodeo, te miro, te extingo, te nombro, te tiro de la falda. Me muerdes, me sacas la mano por la ventana, me enfrías la bebida, me abres las manos.

Me cruzo de piernas, las descruzo, las cruzo, las descruzo, experimento con mi nuevo papel y no me siento cómodo. Me pongo las gafas. Me las quito.

Te cruzas de brazos, los descruzas, los cruzas, los bajas hasta aferrarse a la rodilla. Experimentas con tu nuevo papel y te va ajustado como un guante de seda.

Y es cuando empieza a llover. Me sacas la mano por la ventana.
Abro la puerta, me mojo, te miro, te nombro, te tiro de la falda.
Sales junto a mi. Me muerdes. Me abres las manos. Te extingo.

Y es que es inolvidable viajar en una caravana contigo por Croacia.

Nos besamos Nos mojamos los labios.

*

Sin ganas (II)

Sin ganas (II)

Hoy mi jefe, ese hombre bueno como no lo hay por aquí cerca, ha ahogado unas lágrimas mientras se hacía el valiente.
Hoy mi jefe, ese hombre honesto y claro de principios, ha quebrado sus palabras por un nanosegundo mientras nos decía que estuviésemos tranquilos.
Hoy mi jefe, ese hombre que no suele ir al baño y que por lo visto, vive sin ganas, ha cruzado y descruzado sus manos unas veinte veces en un minuto.
Hoy mi jefe, ese hombre que fue el jefe de la que ahora es su jefa, ha llamado “cabrona mugrienta” a su nueva jefa con la mirada, mientras con la boca nos decía que habrá que dar un margen de tiempo a que nos adaptemos todos.
Hoy mi jefe, ese hombre sin ambición empresarial y aspiraciones familiares claras, mientras caía en un abismo profesional horroroso, nos ha dicho que se alegra de que nosotros lo tengamos tan claro, después de las 7 de la tarde.

Y para bien o para mal, todos hemos dicho que “si” a sus palabras y que “si” a sus sentimientos.

Quiero ser jardinero. Se me dan bien las plantas.

*

Veo la última farola, ¿y tú?

Veo la última farola, ¿y tú?

Había una vez un hombre que jugaba a lanzar las miradas.
A lanzarlas tan lejos como pudiera. Se lo enseñó su abuelo cuando era un niño. Pasaban horas mirando lejos, saltando de objeto en objeto, de casa en casa, de árbol en árbol, hasta que alguno decía sin error aquello que más lejos pudiesen ver sus ojos. Aquello que se pudiese describir con nitidez como si se tuviese delante de las narices.
No valía engañar o inventar. No valía ir hasta allá a lo lejos y volver con “la mirada” bajo la manga. Valía mirar. Lanzar miradas, ver más allá, traspasar el límite.

Había una vez un hombre que jugaba a lanzar las miradas, que tenía un chiringuito muy cerca del mar.
Y cuando por las tardes ibas a su chiringuito, a tomar una caña o a picar algo, antes de decirle nada debías jugar con él al lanzamiento de miradas. E intentar mirar lejos. Adivinando si aquello era un buque o trasatlántico. Si aquello era un velero o un pesquero. Si Groenlandia o Islandia. Una orca o un delfín.
Ni una vez le ganamos a aquel hombre, que se reía toda la tarde, feliz, sirviendo cañas y pescaitos mientras te traspasaba con su mirada.
- “Mañana ganaréis a este viejo”, -decía- “no dejéis de intentarlo mañana”.

Por eso hoy, al acordarme de su juego en un atasco de la M-30, he jugado a traspasar las lunas del coche de adelante, y el de adelante, y el de adelante, y más allá, y más allá, y más,... hasta llegar a un chiringuito a orillas del mar.

Y proclamar con los pies en la arena que hoy había ganado yo.

*

Despues del trabajo...

Despues del trabajo...

... un "SOLO" de trompeta.

Fisgón

Voy caminando por la calle con los ojos cerrados.
Sólo escucho las frases sueltas de quienes pasan a mi lado.

* Cinco chicos y una chica: “Estas estatuas tienen las piernas de los jugadores del Real Madrid, pero con el añadido de...”
* Dos adolescentes sentadas entre dos estatuas: “...y yo lo que no entiendo es cómo a un tío le da por romper mis cosas, allí frente a mi...”
* Un matrimonio maduro disfuncional: “...el chaval trabaja en una empresa de... de... esos que son los que miden a Telecinco, TVE, Antena tres,... eso... lo del ranking de aud...”
* Una señora comiendo un helado de tres bolas detrás de su anciana madre “...si es que está de un gordo, y yo le he dicho que no coma tanto helado por qu...”
* Dos hombres vestidos para ir al Teatro Real: “...y no, Jorge, no me encontraba a gusto, todo era tan...”

Abro los ojos y dejo de oír lo cercano y lo lejano.
Las mil conversaciones que hay en esa plaza, ya están extintas.

*

Grafitti

Grafitti

"El ser humano, extraña criatura que se pone trampas a sí mismo", leo en una pared.

Y me quedo pensando en las trampas que me he puesto en la vida.

Sin darme cuenta, con una voz que no me suena a mí, suelto sin querer un "¡JODER!".

(Igual me gusta el queso. El de esta ratonera.)

*

Hello Kitty - Fig.1

Hello Kitty - Fig.1

La Kittygrafía habla...
Y dice...

Dale leche a tu gato!

*

Pequeño Limberg

Pequeño Limberg

*

De pequeño, encontré en un armario todos los viejos apuntes de mi madre cuando estudió ingeniería. Allí había planos de geometría descriptiva, páginas fotocopiadas de vectores y planos, apuntes de cálculos de fuerza e inercia, torsiones en planos tridimensionales, láminas con isometrías de tornillos, vigas o paredes de hormigón, tablas de integrales y fórmulas imposibles de la resistencia de estructuras.

Pero para mis ojos, eran resmas de papel listas para ser transformadas en perfectos aviones de papel.

Y mis aviones eran los mejores. Los que más piruetas hacían para seguir en línea recta y los que más lejos llegaban.

Sobre todo si vives en un séptimo de un enorme edificio. El horizonte era el límite.

“...Doblar derecha al centro, doblar izquierda al centro, alisar con ganas, doblar punta a la mitad, doblar ala derecha, doblar ala izquierda, alisar con firmeza... y a volar!!!...”

Creo que esa tarde hice unos cien aviones de papel y meticulosamente los fui juntando cerca de la ventana, que era desde donde pensaba lanzarlos.

Cuando los dedos y las rodillas me dolían, de tanto forzar los pliegues, me levanté y fui a buscar a mi hermana pequeña, la senté frente a la ventana y le dije: “abre bien los ojos, porque cuando nos castiguen sólo podremos hacer barcos de papel”.

Sin esperar ni un minuto, echamos a volar los cien aviones. Como una bandada de patos, algunos torpes, otros ligeros, otros como saetas, otros pesados como plomos, otros elegantes,... resplandecientes en todos los casos.

Y sobre todo, no lo olvidéis, conteniendo todos los fundamentos de la ingeniería en su interior, en su materia prima, en la esencia misma de sus alas.
Eso los convertía en fiables y respetables. Casi invulnerables.

*

Ja!

Esta mañana en la radio me entero que quieren declarar a LA RISA, patrimonio universal de la humanidad.

Y creo que, a esta propuesta, no la van a tomar muy en SERIO que digamos.

Es que es para reírse.

*

Basilisa la Princesa

Basilisa la Princesa

Una vez robé un libro.
Era de una buena amiga de la universidad, con la cual nunca supe llegar a algo serio, y viceversa. Simplemente disfrutábamos de tardes de domingo jugando a que teníamos algo serio. Y era delicioso mezclar aquella confusión con galletas de chocolate y música de Supertramp.

Pero a lo que estaba: le robé un libro.
Era un libro de cuentos rusos de tapas verdes muy robustas, cuya primera hoja de seda tenía escrito el nombre de mi amiga con letras grandes y redondas. Lo descubrí una de esas tardes, cansado de jugar, en una su biblioteca. Así que empecé a leerle cuentos en voz alta mientras ella hacía cualquier otra cosa, o nada. Pero los cuentos rusos son largos y repetitivos con historias de los “3 príncipes” o “7 hermanos” (todos Iván) por lo que llegado un punto, le inventaba el final y terminaba todo en la mitad del tiempo.

Pero a lo que estaba: le robé un libro.
Un día me lo dejó para que pudiese terminar los finales de los cuentos y me lo llevé a casa. Allí nunca terminé de leer los finales, a falta de tiempo, a falta de inspiración, a falta de ella.
Sin embargo, el libro siempre me gustó: sus tapas verdes robustas, el grueso papel sedoso, las ilustraciones mal trazadas, numeración original y edición limitada.

Pasado el tiempo, mi amiga y yo nos distanciamos. Y antes de decirnos adiós me pidió aquel libro. Pero yo me negué, le mentí con descaro, le escondí aquel libro, lo perdí en una mudanza inexistente, le metí en mi cuerpo y lo desaparecí.
Y le robé su libro.

Ya desde la distancia, no entiendo mi reacción, no me explico el engaño y lo peor de todo es que, para mayor vergüenza,...nunca leí los finales.

Y si... podría empezar hoy mismo.

¿Pastor de Mariposas?

Un día, entre las luces y las manos sudorosas, se preguntó si realmente existiría eso que llaman vocación. Y se preguntaba con hiriente insistencia si no habría alguna profesión en Bangkok o en Vancouver, que él desconociera viviendo en donde siempre.

Su pensamiento daba vueltas y volaba sobre montañas de ultramar, de más cerca o de más lejos, en valles o cumbres... y se cuestionaba si no habría alguna tarea parecida a “pastor de mariposas” en alguna aldea perdida en el Pacífico en la que él fuera perfecto.

Así pasaban sus días entre geografías y oficios imposibles, entre contorsiones y olor a humo azucarado, dejando deambular juntas a su mente y a su frustración inquisidora.

Cansado, y curioso, un día se marchó a recorrer latitudes y longitudes.
Probó mil quehaceres y descubrió que casi todos ellos podían ser divertidos o aburridos. También entendió que en todos ellos podía aprender o enseñar; hacerlo bien, mal y al final adquirir cierta destreza.

Comprobó con desazón y alegría, que aquello que él llamaba vocación... no era tal.
Si, había nuevas ocupaciones nunca imaginadas, pero no por eso le abandonaba el humo o le dejaban de tirar las manos sudorosas.

Al regresar, continuó siendo go-go en el lugar de siempre, y en el espejo de su camerino, de estrella noctámbula, escribió lo siguiente con carmín violeta:

“La vocación no existe. Existo yo y mi baile de go-go”.

Y eso rima.

*

lo dijo Tchaikovsky

lo dijo Tchaikovsky

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"En verdad, si no fuera por la música, habría mas razones para volverse loco". Tchaikovsky
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Pero su especialidad era otra. No las palabras.
Y estas palabras ahora adornan aparadores comerciales de tiendas musicales.

Detrás del aparador, en la tienda musical, hay gente que descubre a Tchaikovsky.
Y delante estoy yo, leyendo sobre razones. "Más" razones.

Pero no descubriendo a Tchaikovsky y su música; sino corrigiendo algún "mas" sin acento y descubriendo allí delante, que lo de Tchaikovsky no eran las palabras. Ni los acentos.

Lo de él era esconderse detrás y delante de aparadores para que le descubrieran.

*

###

me zumba el oído y decido ir al "otorrino". entro en la consulta y me dejan esperando con todas sus cosas de médico. su bata, sus diplomas, sus emails de Sanitas pegados en la cartelera, su planning de congresos, su instrumental.

sigo esperando.

me fijo en el planning.
tiene todos los días del año y en círculo rojo, lo que adivino; son los domingos.
probablemente su único día libre, pienso.

salpicados por todos los meses leo: BCN, COP, ROM, VAL, BAL, USA, RUS, ###
probablemente viajes de intercambio profesional, pienso.

### es un misterio.
es un garabato indescifrable puesto allí en el planning como una clave secreta que no ha querido dejar evidente.
que listo.
y entonces fantaseo con la idea de qué es ###.
¿serán sus vacaciones?
¿será una ciudad que supo abreviar?
será "casa", pienso.

que listo. en casa sin avisar a nadie, y que adivinen si estará en Barcelona, Copenhague , Roma, Valencia, Bali, Norteamérica o Rusia.
Pero en casa nunca mirarán, pienso.

veo mi reloj y ya es tarde. prefiero no esperar más. estoy cansado, me zumba el oído y probablemente este tío estará quién sabe dónde. pero su planning no lo dice.

pienso, me levanto y me marcho a ###.

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di(V)ididos**/**S(al)PICA(dos).(v.2)

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No abras los ojos. Una lengua se desliza por los labios abiertos y yo siento atento el calor que emanas. No es sólo aliento, es un viento que me sopla los vellos del cuerpo y me mece hacia delante. Cerca tu lado luminoso y fascinante.

No huyas. Tuve la impresión de que estabas cansada de mí y te ibas. Que te hundías extenuada, ocultándote y caracoleando en el fondo revuelto de un mar gris que te tira hacia abajo. Hacia tu lado más opaco y confundido.

Ven y respira sobre mí. Así de desnuda; aunque sea sólo por hoy.

------------///////// Ilustración de (v) i r e t a

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Acércate!

Acércate!

Voy dando un paseo cerca de casa y al otro extremo de la calle veo a un chico alto y delgado, con una cámara fotográfica apuntando hacia un edificio antiguo color marfíl. Veo sus movimientos y los entiendo...

...enfoca, se aparta, se escora a la derecha, cierra un ojo, los dos ojos, sujeta con firmeza la cámara, retira el ojo, se desarruga, vuelve a mirar, da un paso adelante, se agacha, chasquea la lengua, susurra, pone el dedo sobre el disparador, enfoca, desenfoca, enfoca... clic!

Clic!

Llegado ese momento resulta que voy pasando por su lado, y no me atrevo a decirle que yo ya lo intenté desde esa posición,...
...que no sea tímido, que arriesgue un poco por una foto interesante, que yo conozco la zona desde hace años, y el edificio me lo sé de arriba abajo; porque es realmente fotogénico, que se acerque un poco más, quizá 20, 30 ó 50 pasos, que evite la señal sucia que sale a la izquierda, que debajo del portal azul y sostenido con una mano (mientras se inclina a la izquierda), se obtiene una buena perspectiva del ventanal más grande, que si espera unos 15 minutos tomando una caña en el bar de al lado, descubrirá al salir que la luz es más cálida y pone en sobrerrelieve toda la fachada, que vale la pena acercarse a la otra esquina para obtener una imagen parecida a la quilla de un barco de hielo.

Pero paso de largo, y me quedo el edificio todo para mí. Incluída las farolas, el cielo y todo lo que le rodea.

Clic!, clic!, clic!, clic!, clic!...

*

La banda

Hoy en el trabajo, todo el mundo sin excepción ha venido con camisa azul a rayas blancas.
Y yo con camisa blanca a rayas azules.

Soy la excepción.

Así que me han elegido vocalista del grupo.
Y he tenido que cantar.

Fast Miércoles

Fast Miércoles

¡¡¡Dámelo para llevar que tengo prisa!!!

*

Baraka

Encontraste un día tu frase vital, recostada bajo un árbol, serena, con una larga cabellera y con cierto aire de indiferencia. Con ella viviste una época imperturbable en la que sabías dar el golpe de remo en el momento exacto, bambolearte entre la lisonja y vituperio sin saltar por dentro, ni por fuera.

Vivir abrazado al “nada importa” como consigna de vida, da sus frutos, pero a cambio ha de abonarse la piel con surcos profundos, permitir que las raíces te lleguen al corazón, al hígado, a los nervios; y entonces con los ojos muy abiertos, saber responder a todas las cuestiones de la vida.

Nada importa, nada importa, nada importa... es un “Si” de Kipling perfecto, son las frases de Wilde como navajas, en el que incluso no importa el poema, ni el Sr. Gray.

Y una vez se comienza y otra se termina. Con el salto del bailarín, en el aire. Con la cabeza quieta y el pensamiento dinámico. Tienes la respuesta del escapista. El toque de inmadurez coherente. El secreto mejor guardado, aunque lo digas a diario. Porque pasas por encima de todos, y nada importa cuando vives abrazado a tu frase vital.

*

“él”

“él”

Ramiro siempre tuvo miedo de él. Era el clásico “matón” de 10 años que te atemorizaba con su ego, su rebeldía y su rabia contra el mundo. Zancadillas cínicas, pequeños hurtos dolorosos, burlas crueles en clase, retar con descaro a los mayores, fumar en el baño, zarandear a los pequeños.
La primera vez que intercambiaron unas palabras fue cuando a Ramiro le emboscaron en una calle ajena y torcida, y entre empujones, tres canallas, le pidieron todo su dinero, la mochila y su dignidad. Entonces apareció él, tan arrogante; preguntando retador qué pasaba allí,... y ante el silencio, repartió collejas y patadas a todos, incluido Ramiro. Luego mientras los tres huían le espetó a Ramiro en la cara: “¿por qué eres tan cobarde?... mírame a mí, soy pequeño y me hago respetar!!”. Ramiro se secó las lagrimas manchándose la cara y no supo qué contestar. En realidad si lo sabía pero no tuvo el valor de decir que si, que era un cobarde.
De eso se trata; los cobardes no tienen valor.

Así pasó el tiempo, y Ramiro lo vio crecer durante 10 años. Le vio hacer el gamberro en todos esos años. El líder oscuro, el más osado, el diablo más pequeño, el que se hace respetar. Drogas, robos urbanos, pintadas groseras, sexo descarnado, destrozo de lo ajeno, zarandear a los grandes y pequeños.
La siguiente vez que intercambiaron unas palabras fue cuando a Ramiro le emboscaron en una calle ajena y entre empujones, dos canallas, le pidieron todo su dinero y la mochila. Dignidad no tenía. Entonces apareció él, tan arrogante; preguntando retador qué pasaba allí,... y por respuesta un duro puñal se clavaba en su espalda.

*
La emboscada no era para Ramiro, era para él.
El tercero era el más canalla, y llegó por detrás con el filo más afilado. Afilado por los años. Afilado por la sed de vengar una huida de hace 10 años.
*


Luego mientras los tres huían le espetó a Ramiro en la cara: “¿por qué eres tan cobarde?... mírame a mí...”- , y suspiró vaciándose. Ramiro le secó las lágrimas manchándole la cara y no supo qué contestar. En realidad si lo sabía, pero esto ya es cosa de él.

Y a partir de ahora, cuando digo “él”, me refiero a Ramiro.

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