----pensamientos, A capella.----
Emil y Don Acordeón hablan en polaco profundo, muy cerca del Palacio Real. Digamos, que están casi en la puerta; haciendo guardia. Disfrutando con la sombra de la tarde que ahoga el sol asfixiante de Madrid.
Esperan a que pase un chica guapa, para reanudar la música. Es lo acordado, para alegrar las tardes como estas. Mientras tanto hablan en polaco profundo y yo intento dar un sentido a lo que dicen.
Intento vano, como todo lo que se trata de "dar sentido" a las cosas. Pero me arriesgo y sé de lo que hablan.
Hablan de música.
En esas, "Don Acordeón" aprieta su instrumento contra el pecho y se marca una improvisación genial, mientras mira de reojo a Emil, como diciéndole soy Liberace. Se lo dice en polaco, por supuesto. En Polaco profundo, casi indescifrable. Pero yo estoy atento.
A unos cuantos pasos de allí dos brasileñas se sacan fotos la una a la otra. Ambas tienen las piernas más bonitas de toda la plaza de Oriente. Se sonríen, se acarician, se hablan en portugués, se cambian de lugar, se acarician cuando se entregan la cámara en sus sucesivas poses.
Hablan de amor.
En el fondo, paralela a la pared del Palacio Real, una chica empuja su motocicleta averiada. Va de prisa y cabreada. No sabe nada de mecánica, aunque tiene un ex-novio que vive cerca y que la sacará del brete en el que está metida. Mira a Don Acordeón y oye su improvisación. Sonríe. Ahora empuja más ligera la motocicleta.
Piensa en la música.
(Pero Don Acordeón termina su pieza y el silencio se hace por unos minutos.)
De la nada surge Stella, envuelta en un halo majestuoso que proviene de su piel de bronce, lleva chanclas y mira distraída todo lo que la Plaza de Oriente da de sí. Mira a las brasileñas que hablan en portugués y no llega a descubrir nada de lo que yo veo. Ni siquiera intuye de dónde proviene el viento que levanta un poco su falda de algodón fresco. Stella no está aquí, porque su mente divaga hasta dónde está su amante, allí en lo lejano. Acariciándose su larga cabellera se marcha como en un pasarela invisible.
Piensa en el amor.
Pasan los minutos, pasan mujeres, hombres y niños, sobre los mármoles sombreados y los mármoles soleados, pasan dos hombres de negro, pasan dos chicas de rosa, un tío de camisa naranja, pasan dos chicos en patinete, una abuela con un cochecito de bebé, pasan los segundos, pasa la música, pasa el amor.
Y justo cuando decido levantarme, Stella regresa sobre sus pasos, regresa triunfal y conocedora de todo lo que acontece en esta Plaza, en esta pasarela. Sonríe a las brasileñas, me sonríe a mí, sonríe a Emil y a "Don Acordeón". Entonces, éste se despide de Emil, le guiña el ojo y Emil reanuda la música según lo acordado. Una chica guapa. Lo piensa en polaco profundo.
Se marcha "Don Acordeón" y yo voy detrás de él, pensando en que he presenciado el mejor cambio de guardia a puertas de Palacio, que se ha visto en muchas tardes, mientras Stella queda a mi espalda caminando en la dirección opuesta.
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