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Spica *

Algo pasado

Algo pasado

Un día, de pequeño, jugando con que el que era mi mejor amigo, terminamos discutiendo por “algo”.

Le eché de casa y los dos lloramos por “algo” que se anudaba y retorcía dentro de nosotros.

Lloramos, yo en mi casa y el rumbo a la suya, porque teníamos “algo” en los ojos.

Pasada una hora, estábamos jugando nuevamente en busca de “algo”, explorando, inventando, desafiándolo todo.

Nuestras madres, los dioses que mueven los hilos invisibles, hablaron sobre “algo” y mi amigo regresó para rescatarme de un rincón en el que yo estaba oculto. Nos abrazamos, y prometimos no volver a discutir, mientras nuestras madres bebían y picaban “algo” en la cocina.

De repente “algo” así viene del pasado, y te coge por el cuello, y no te suelta hasta que lo escribes.

Y una vez escrito, es como tumbarse sobre algodones.

*

bce ecb ezb ekt ekp

bce ecb ezb ekt ekp

Mariano cogió el billete, casi nuevo, de 10 euros y empezó a contar los ladrillos del puente Románico y a recorrer el mapa de Europa a medio terminar. Luego dió la vuelta al papiro rosado y recorrió el arco rojizo, mientras contaba las burbujas que ascienden o caen dentro del billete.

Anda, busca uno.

Finalmente, se detuvo en la firma con forma de pico de cigüeña y se preguntó qué tipo de persona podría firmar así.
¿Sería una mujer?, ¿O un hombre?, ¿Sería alguien viejo o joven?, ¿Alguien con carácter o un mandado?

Qué tipo de persona puede azotar con una pluma o un boli, un papel de forma violenta dos veces hacía la izquierda y dos hacia la derecha, hasta dejar una impronta con forma de cigüeña.

Qué tipo de persona podía ser tan lineal al principio y tan retorcida al final.

¿Será del tipo de persona que se lo enseñaría orgulloso a sus hijos?, ¿a sus nietos?, ¿cuántas veces?, ¿en cada ocasión o sólo una vez?, ¿haría una reunión familiar?

Allí estaba Mariano, haciéndose preguntas sin sentido. Y tú con él.

¿Farfullaría por ahí, ese hombre, con sus amigos de toda la vida, diciendo: “eh, eh, mirad aquí... POR TOOOOODA EUROPA, voy en el pico de una cigüeña!!!”
¿En español?, ¿en alemán?, ¿en francés?, ¿en flamenco?

¿Qué tipo de persona es ese de la firma?

Seguro que no es de los que cuentan ladrillos de puentes, o recorren arcos rojizos, o burbujas flotantes.
Quizá no ha visto, ¡en su vida!, un billete de 10 € con tanto detalle como Mariano y como tú.

Anda, déjame el billete que te muestro algo más, que te va a sorprender...

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Trupimán (cuidado!)

Trupimán (cuidado!)

Trupimán siempre desconfió de quién acechaba allí afuera, cada vez que abría la puerta de su casa.
Era un miedo natural, que quizá se reforzase viendo las películas de kung-fú de los monjes shaolín, en los que el malo siempre estaba detrás de la puerta, con las manos prestas para un golpe fulminante.

Fue así como, Trupimán, adquirió el hábito de abrir la puerta y “sin decir agua va” dar un salto a lo Bruce Lee. Sin gritar.

Abría la puerta y saltaba, a veces con una patada voladora, otras veces con las manos girando en espiral.
Trupimán repartió leñazos y patadas de kung-fú a...

**...la dulce señora del 3º, (despatarrando su compra hasta el portal y a la dulce señora, también);

**...el señor del 4º que subía distraído leyendo el periódico, (hojas de periódico imitando el otoño por toda la escalera);

**...el chico de las pizza que venía con 3 encargos sin anchoas, (pepperonni en la cara, mozzarella en la escalera);

**...la chica agotada del correo, que venía con un “peazo” de carrito lleno de cartas ajenas, (moratones varios y cartas ajenas entrando en casas ajenas por debajo de la puerta).

Siempre la casualidad. La mala suerte. Siempre saltando como un leopardo. Y Trupimán se disculpaba, ante la mirada aterrorizada de sus víctimas casuales. Pero siempre mirando de reojo a las escaleras, no fuera a saltar alguien de improviso. Y él estaba preparado.

Trupimán siguió haciendo estas espectaculares salidas, hasta que un día...
...hasta que un día se encontró con Bruce Lee, al borde de la escalera.

Y, entre golpe mortal, salto del tigre y manopla de la cobra, Trupimán se felicitaba por ser tan previsor.

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Don acordeón

Don acordeón

----pensamientos, A capella.----

Emil y “Don Acordeón” hablan en polaco profundo, muy cerca del Palacio Real. Digamos, que están casi en la puerta; haciendo guardia. Disfrutando con la sombra de la tarde que ahoga el sol asfixiante de Madrid.
Esperan a que pase un chica guapa, para reanudar la música. Es lo acordado, para alegrar las tardes como estas. Mientras tanto hablan en polaco profundo y yo intento dar un sentido a lo que dicen.
Intento vano, como todo lo que se trata de "dar sentido" a las cosas. Pero me arriesgo y sé de lo que hablan.

Hablan de música.

En esas, "Don Acordeón" aprieta su instrumento contra el pecho y se marca una improvisación genial, mientras mira de reojo a Emil, como diciéndole “soy Liberace”. Se lo dice en polaco, por supuesto. En Polaco profundo, casi indescifrable. Pero yo estoy atento.2pre-engullido

A unos cuantos pasos de allí dos brasileñas se sacan fotos la una a la otra. Ambas tienen las piernas más bonitas de toda la plaza de Oriente. Se sonríen, se acarician, se hablan en portugués, se cambian de lugar, se acarician cuando se entregan la cámara en sus sucesivas poses.brasileñas

Hablan de amor.

En el fondo, paralela a la pared del Palacio Real, una chica empuja su motocicleta averiada. Va de prisa y cabreada. No sabe nada de mecánica, aunque tiene un ex-novio que vive cerca y que la sacará del brete en el que está metida. Mira a “Don Acordeón” y oye su improvisación. Sonríe. Ahora empuja más ligera la motocicleta.9empuja2

Piensa en la música.

(Pero Don Acordeón termina su pieza y el silencio se hace por unos minutos.)

De la nada surge Stella, envuelta en un halo majestuoso que proviene de su piel de bronce, lleva chanclas y mira distraída todo lo que la Plaza de Oriente da de sí. Mira a las brasileñas que hablan en portugués y no llega a descubrir nada de lo que yo veo. Ni siquiera intuye de dónde proviene el viento que levanta un poco su falda de algodón fresco. Stella no está aquí, porque su mente divaga hasta dónde está su amante, allí en lo lejano. Acariciándose su larga cabellera se marcha como en un pasarela invisible.stella

Piensa en el amor.

Pasan los minutos, pasan mujeres, hombres y niños, sobre los mármoles sombreados y los mármoles soleados, pasan dos hombres de negro, pasan dos chicas de rosa, un tío de camisa naranja, pasan dos chicos en patinete, una abuela con un cochecito de bebé, pasan los segundos, pasa la música, pasa el amor.36por los suelos

Y justo cuando decido levantarme, Stella regresa sobre sus pasos, regresa triunfal y conocedora de todo lo que acontece en esta Plaza, en esta pasarela. Sonríe a las brasileñas, me sonríe a mí, sonríe a Emil y a "Don Acordeón". Entonces, éste se despide de Emil, le guiña el ojo y Emil reanuda la música según lo acordado. Una chica guapa. Lo piensa en polaco profundo.

Se marcha "Don Acordeón" y yo voy detrás de él, pensando en que he presenciado el mejor cambio de “guardia” a puertas de Palacio, que se ha visto en muchas tardes, mientras Stella queda a mi espalda caminando en la dirección opuesta.

*

Caras que no ví

Caras que no ví

Estaba aquí, en mi trabajo, y no sé por qué me ha dado por recordar tres cosas placenteras que NO disfruté, pero que yo desencadené:
1.) Cuando, aquel tío del Fiat Punto, aparcó en el espacio destinado para colocar los carritos del Carrefour, y entonces este que escribe, "encajó" su carrito del CARREFOUR entre el Fiat Punto y la barandilla de acero que delimitaba el espacio. Nunca ví su cara y su arrepentimiento.
2.) Cuando, una noche lejana, hablando por teléfono y jugando a la línea caliente por aburrimiento por soledad, colgaste abruptamente, y no volviste a llamar en una semana, avergonzada y riendo entre dientes. Nunca ví su cara y su placer.
3.) Cuando, ordené, cambié, limpié y revolví toda aquella casa, impregnándola de aromas y luces, y me dormí esperándoles sobre las 4 de la madrugada, y llegaron todos cansados, agotados, imaginando que tendrían que hacer todo aquello, y excitados por la sorpresa, cuando lloraron un ratito, sin mí. Y No me despertaron y Nunca ví sus caras. Sólo un buen desayuno a las 3 de la tarde, que me dejaron sobre la mesa, antes de marcharse nuevamente.

Y ahora pienso que hay muchas cosas así en mi vida, pero no paso de estas tres.
Quizá luego se me ocurran otras.

*

Mi amiga Marcia

Te paso por la izquierda. Y freno un poco.
Te paso por la derecha. Y frenas un poco.
Te miro de reojo. Tú miras hacia delante.
Giro a contramarcha los pedales y me sincronizo contigo.
Adelante, atrás, giro, arriba, abajo... hasta que te cansas y dejas de pedalear.
...Y así, por todo el boulevard.


*

Si quieres leer algo más sobre este post: Escribe el nombre de mi amiga en el buscador de aquí al lado.
Y continuará el paseo.

Mi amiga Marcia (Continuación)

Mi amiga Marcia (Continuación)

Siempre me llamó la atención ver a una chica en bicicleta rodando por la vía y no por la acera.
No me -mal entendáis- (las chicas son guerreras)... pero hay que tener cierto desparpajo para conducir entre espejos que asoman a derechas e izquierdas, como dagas asesinas y no aminorar el ritmo (en el que irías más rápido por la acera, evitando peatones).
Siempre me llamó la atención ver a una chica en bicicleta rodando por la vía y no por la acera.

Hasta que conocí a Marcia.

Marcia era una pelirroja de contextura fuerte, cara asalvajada y una sonrisa que te desarmaba. Una sonrisa que no era de chica coqueta, sino de competidora burlona.

“¿a qué subo más rápido que tú?” y acto seguido te decía con la boca de mimo sin sonido: “Ca-pu-llín!”
Y Marcia se ponía sus cascos y ponía cara de Mohamed Alí y se movía de derecha a izquierda. Sacaba la lengua cuando estaba cansada y me decía: “aparta niñato que viene... la Marciana”.

Y Marcia iba como una exhalación, dando golpes de boxeo con sus rodillas y dejando una estela carmesí con su pelo agitado a 40 km/h. Graciosa y contundente.

Y yo con la admiración en la cara.

Un día, tumbados en un parque, cansados de pedalear, con el sol entrando de frente, sobre un mar verde y mullido, le pedí que me dejara sus cascos para saber qué diablos escuchaba. ¿Qué escucha una tía que se agita como una mariposa y te mete los codos si quieres rebasarla?.
¿Qué escucha una marciana?

Me lanzó uno de sus cascos y me dijo: “no le digas a nadie”...

Y escuché...Vivaldi!,... escuchaba a Vivaldi... “gloria in excelsis deo”.
Y yo con la admiración en la cara.

(...)
Ca-pu-llín!, me diría, callada, ahora mismo si supiera que lo he contado.
Y yo le diría que hoy me he reencontrado con Vivaldi y he escrito unas líneas rápidas sobre un post-it amarillo.

Esas de la primera parte.

*

BUBA

bubavIRETA

no quiero dinero, ni medicinas, ni comida
me encuentro solo
solo pido un saludo para no olvidarme como se hacia

no te quiero a ti, no quiero esta ciudad, no quiero esta cara
te encuentras solo
y tú evitas saludarme para olvidarte cómo se hacia


sobre todo a mí.
A ti.

Ilustración de (v)ireta
Textos: sinergia colaborativa en la que algunas partes son de Vir y otras mías. ya olvidé cómo lo hicimos.
un caos, como casi todo.

BUBA Original

Esos culpables

Esos culpables

- No, Tommy, no hay que desesperarse. Alguien, miente en todo este embrollo, y es preciso que lo encontremos.>

- Discrepo de tu teoría, Tuppence. Yo, por el contrario, creo que todos han dicho la verdad.>

- Y, sin embargo, tiene que haber un enigma ¿cuál es?


Allí sobre el puente, mirando el río azorado que corría debajo, Ramona cerró el libro haciendo una pequeña marca en la esquina derecha superior.
Sonrió. Encendió un cigarrillo y de la sonrisa, pasó a la risotada seca.

Un simple “JA”.

Algo que nunca harían los cientos de personajes que admiraba y que habían nacido de la pluma de Agatha. De tanto leerla todos esos años, podía recrear infinidad de situaciones, misterios, sospechosos, venenos, “modus operandis”, fallos y desenlaces de la mayoría de sus novelas.

Agatha había empezado tarde en la sufrida tarea de escribir. Y Ramona también había empezado tarde.

“La teína en estado natural es muy venenosa”; aprendió en uno de esos maravillosos relatos. Toxinas naturales, elixires concentrados y clases de química por fascículos coleccionables. Ramona decidió montarse un pequeño invernadero y Ramón nunca imaginó para qué. Ese Ramón que nunca fue un ingenioso Hércules Poirot, ni un elegante Montgomery Jones, ni un abierto hombre inglés de mundo, ni siquiera un opacado hombre de la campiña, triste en su vida social e interesante en la intimidad. Ramón era Ramón (ramonis vulgaris) y sólo ese “pequeño hecho” le hacía culpable. Y a Ramona también.

Aunque ella no dejó rastros.

Fue como un homenaje a Agatha, en agradecimiento a tantos y tantos ejemplos de cómo quitar de en medio a quien te separa del destino. De tu destino. Ese del que también escribía Agatha y Ramona leía todas las tardes. La fatalidad y el destino, eso que también estaba en sus novelas. Y Ramona viviendo de páginas en páginas, entre bailes y hoteles de Mónaco; entre jardines laberínticos y ventanas oscuras; entre casas victorianas y chocolatinas envenenadas.

Esas mismas que comió Ramón, y que llegaron por correo.
Esas mismas que nadie descubrió que habían sido enviadas desde esa misma casa.

Esas, Esas, Esa, Ese, Eso.

Y es que esas toxinas puede que estén en el jardín de tu propia casa. Tú eres culpable. Ella, esos, el invernadero, Ramón, Tommy y Tuppence, hasta el ingenioso Hércules.

“JA”.

Entonces, Ramona lanzó el arma homicida al río.

Y, desgraciadamente, Hércules Poirot iba dentro.

*

s (P) i r e t a

spireta

Frases sueltas, párrafos construidos entre idas y regresos, entre el gris y el blanco....
Entre bañarme el mar y mirarme en el espejo sin mirarme..,,,.
Entre subidas y bajadas por escaleras que engullen, entre volcanes internos y los nervios por fuera.,,,,
Entre líneas aceradas que van de mi corazón a todo lo demás..
No paras de comerte las uñas y los pellejitos de los labios gastados. Entre caminar y mirarte la espalda, y pintar adentro y afuera.***

Y aquí paro que puedo escribir un año entero..
Un año a lo "s (p) i r e t o" , lleno de idioteces y genialidades.
Lleno de risas con jotas en exceso.

De bondad y descargas. Carga y recarga, carga y recarga, como una bateria, como una pila negra y roja...

Norte y sur, positivo y negtivo, bajos y trebles,...
...todo en terrible disonancia, para un final una octava más arriba.

*

Dedicado a - "(v) i r e t a" - en un día muy especial.

Efímera de 90 minutos

Efímera de 90 minutos

llorarás por dos.

*

Discontinuidad

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Mi culo es un tic tac en cada pedalada.
Voy a contra vía, en equilibrio sobre la mediana.
Un coche si y otro no me dicen “quita.de.en.medio”
Mis piernas van tensas y mojadas por el sudor que cae en cataratas desde mi espalda.
Una chica gamberra se asoma por la ventanilla de un 206, y con un jersey me golpea el culo y me llama Indurain.
Un taxista me espeta que “novalgo.ni.un.duro”
Y yo voy dando saltos, esquivando baches leves y tragaluces del metro, asomando mi cabeza dentro de los autobuses rojos, con chóferes irritables.

De premio, tengo el humo, el calor del escape y el vapor del asfalto.

Una bici en Madrid, es como el último canapé en una asociación de anoréxicas; como ir zapatos por la arena caliente; como seguir una conversación en otro idioma – que tú no hablas.

Una bici en Madrid, es una discontinuidad en el espacio.

*

Ángeles de la ciudad

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Doña Maurizia, da mil vueltas a la idea. Le parece morboso (y a su edad esas cosas ya se han olvidado).
Y le gusta la sensación por vivir.

Maurizia, vestida como no suele hacerlo, sube a un autobús que la lleva al otro extremo de la ciudad. El chofer está mal afeitado y su camisa tiene manchas de grasa. Grasa de comida y de lubricante. El olor dentro del autobús es pesado y sudoroso, y comprueba horrorizada que las ventanas no se abren. Aguanta las nauseas según avanza dentro de ese paquete rojo.

Es su primer viaje en autobús urbano.

Allí afuera el paisaje va cambiando, dejando atrás el verde acedrado del norte combinado con las aceras, las flores “urbanitas”, los coches de última generación, Y ENTONCES poco a poco, las aceras se derruyen, se afean los azulejos, las fachadas se envejecen, con grafittis asquerosos, en gris y negro, las señales marcadas, la anarquía en el ambiente.

Y Maurizia se pega a la ventana, abriendo mucho los ojos. Observa a la gente encorvada, o cargada de bolsas, a los niños, a los viejos, a las viejas... si, sobretodo a las viejas como ella, que no tienen salida de ese lienzo gris por el que ella circunda dentro de un paquete rojo. Y Maurizia sonríe.

Decide bajarse. Es su primera vez en el lado sur de la ciudad.
Y le gusta esa sensación. Le da morbo.

Se ajusta el jersey más viejo que encontró en su atestado “vestiere”.
Intenta doblarse un poco, pero no puede, su cuello se lo impide, acostumbrada a mirar todas las tardes por encima de todo, mientras toma té, café o zumo fresco. Entonces flexiona las rodillas y hace como que conoce esas detestables calles.

Maurizia ronda unas cuantas horas de esa manera. Y sus ojos esconden un pequeño fulgor. Se ha sentado en la plazas desoladas, en los bancos escupidos, en las esquinas "blanco roto", en los bares "humosos" y llenos de gritos de niños y viejos pensionistas.

Después de hartarse, Maurizia, regresa a su lado de la ciudad.
Exultante, agradecida, triunfadora...

Y entonces, sucede algo maravilloso...
...Maurizia, al bajar del autobús, se cruza con Timotea, quien esa tarde ha vivido la otra cara de esa moneda entre el verde acedrado del norte.

Y Timotea va exultante, agradecida, triunfadora...

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La verdad se esconde

Teresita mintió a sus padres y a su novio, cuando desapareció una tarde entera para angustia de todos. Menos de ella.
Dijo que se había quedado dormida estudiando en la azotea del edificio.
Que el estrés pre-examen le embotó el cerebro.
Que de verdad, no sabía cómo, desde las 4 de la tarde hasta la 1 de la mañana, no recordaba nada y sólo se despertó aturdida, con los apuntes sobre la falda y un hilillo de baba que la caía sobre el uniforme.

El novio de Teresita mintió a los padres de ésta, haciéndoles creer que le daba clases de matemáticas a Teresita, cuando en su lugar, le comía las tetas y los morros durante todas las tardes (antes de la desaparición de Teresita), en aquella calurosa salita de estudios. Con los viejos detrás del biombo.
Por eso Teresita sufría de estrés pre-examen, porque no estudiaba matemáticas.
Y el estrés se le iba con la lengua de su novio sobre su piel.

Los padres de Teresita mintieron a ésta y a su novio, cuando callaron delante de ellos (angustiados los dos, por diferentes razones), que la habían visto subir a ese viejo Citroen AX con un joven de gafas redonditas, bastante mayor que su novio y en dirección al este de la ciudad.
Ellos vieron todo y sabían todo (eso creían ellos), ya que también mintieron al no decir que días antes en el bar de la esquina, su madre la vio de mano del chico del Citroen, mientras ésta llevaba una barra de pan que cayó rodando por la acera.
También sabían lo que ocurría detrás del biombo. Pero lo asumían como parte de la educación de Teresita.

El chico del Citroen AX mintió a Teresita, en aquella escapada al este, pero esto ya no puede contarse porque es la mentira más grande de todas.

La que le cambió la vida a todos.

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Amigos Cherry

juanita
juanito

valió la pena rebuscar entre 5 kilos de cerezas, para encontrarles y unirles para siempre.

juanito cherry "el raro", y juanita cherry "la impoluta".

las otras 200 cerezas asistirán al convite, encantadas y sonrosadas.

las semillas, por favor colocadlas escupidlas en el recipiente dispuesto para tal fin.

la historia de juanito y juanita es muy dulce.

empalagosa.

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En la cocina

Paso del lavavajillas y me enfrento a mano limpia con los platos sucios. Hago mucha espuma, como siempre, y soy abundante en cada pasada. Rayante. Exageradamente meticuloso, y es como si escuchara a mi hermana riéndose y diciendo que estarán limpios justo para la cena.

Y si, tardo un millón años luz en lavarlos. Y me gusta. Y sienpre me sentí orgulloso de esa demora.

Paso del lavavajillas y apoyo mi cabeza en la puertecilla que tengo delante, y cruzo los pies, mientras voy mojando cada plato espumoso, esos que salen chirreando agua, hasta mecer pequeñas gotas en su sitio final.
Voy colocando primero los platos, blancos, luego los naranjas, texturizados, lisos, mojados pero perfectos. Luego los envases, los vasos, las ollas, y al final todos los cubiertos, metálicos, limpios en exceso. Con las puntas hacia dentro, los filos ocultos.

Todo ese tiempo, un millón de años para fregar los platos.

Y en todo ese tiempo he pensado en mil cosas, como burbujas hay en la abundante espuma. Y en mis manos. Problemas y soluciones, la vida y la muerte, lavavajillas y lavar a mano limpia.

Y entonces dejo correr el agua para que borre la espuma, durante un millón de años.

Y paso del lavavajillas,... principalmente porque NO TENGO.
Y he aquí la solución de todo lo anterior.

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De "carácter" voluble

De "carácter" voluble

Tengo ocho tipos de letras todos distintos e irreconocibles. No sé cómo es posible, pero ahí están las evidencias. Trazos sobre un papel que parecen escritos por otro que no soy yo. Y hablo de algo que escribí ayer o que escribí hace años. Tipografía voluble a mi estado de ánimo o a influencias astrales, no lo puedo precisar. Caligrafía rápida y confusa para las notas de trabajo. Letra amoldada y saltarina para la pizarra con tinta deleble. Caracteres intermitentes y risueños para los mapas mentales y planificaciones personales. Texto aburrido y soso cuando escribo con sueño, dormido en el trabajo y sin café.

Todas ellas se encuentran el mismo cuadernillo, se tocan, se sonríen. Se asombran de ser hermanas, hijas de la misma mano, arte del mismo pincel.

Y todas tan diferentes.

Cuando preguntan, en el trabajo, por enésima vez, ¿quién me dejó esta nota?....
... todas ellas, mis hijitas, dicen: yo!

(Y levanto la mano).

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Susan o Emma

Susan o Emma

A veces me asomo a un mundo en el que me caso con Susan Sarandon y tenemos cuatro hijos, todos con cabelleras y ojos a lo Sarandon. Y no importa que ella tenga 40, 50 o 60 años, yo siempre tengo la edad suficiente para que nos conozcamos, ella se enamore alocadamente de mí y tengamos cuatro hijos, todos con manos y pies a lo Sarandon. Y para nada interesa que yo no hable muy bien inglés o que me ponga nervioso y tartamudo, que yo siempre tendré la clase suficiente para conquistarla sin decir ni “mu”, y entonces tengamos cuatro hijos todos hablando inglés y sin tartamudear a lo Sarandon.

Y en todas las edades, de tiempo en tiempo, mientras la veo sobre la tela grande del cine o en la tele pequeña de casa, creo que estoy a un salto de conquistarla, de arroparla con mis ojos, de voltearle la vida,... concluyendo que sólo tengo que provocar el cruce de caminos entre ella y yo. Quizá en Cannes, o en New York, o en una protesta anti-globalización en Washington.

Y es que a mí me gusta ESA mujer.
Esa “mu”, “mu”, mujer Sarandon, con sus manos, sus pies, su cabellera, sus ojos y su inglés imperturbable.

Si ella no me hace caso, o no nos vemos nunca, lo intentaré con Emma Thompson.

Y no importará nada cuando tengamos cuatro hijos, todos ellos a lo Thompson.

A lo Thompson, vida mía.
Sólo tienes que hacer una señal con tu mano.

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Berónika

Berónika

La chica de arcilla es mi hermana. Y ella se llama Berónika.
Hermana de sangre, hermana diapasón que me afina cuando desentono, siempre que yo esté cerca.

En realidad se llama Verónica, pero después de cien vueltas cambió su nombre y encontró su vocación.

Un día jugando a escondernos por la casa la descubrí oculta detrás de las cortinas del salón (shhhh, silencio). Y la enrollé en cien vueltas de gasa y tela; y ella no dijo nada. Tanto dio de sí mi afán, que la cortina se desgajó del riel y ella cayó como un gusano de seda. Y no se movió. Y representó que había muerto, y luego llorado, y después reído,... y jugado.
Del susto que me dió le prometí hacer limonada fresca de por vida, con tal de que no dijera nada a mamá. (Y aun la hago cuando nos vemos de tarde en tarde.)

De ese gusano travieso surgió Berónika, la chica que hace teatro. Mi hermana la artista, la "B"iaja por el mundo. Ella que "K"ambió su “V” y su “C” por sus inversas rebeldes del alfabeto: la "B" y la "K".

Un día de limonada anunció que se marchaba a hacer teatro por el mundo. A hacer de gusano de seda, nunca mariposa, gusano muerto, sonreído, jugando, tomando limonada.

Y entonces un día, con los limones arrugados de tanto extrañarla, la busqué en lo virtual, entre la "B" y la "K". La busqué con su nombre.

Berónika.

Y para mi asombro, y el de los limones, allí estaba ella: un busto perfecto, con su cara de gusano de seda, con su nariz en su sitio, reprografiada por arte de magia. Construida en arcilla.
Material maleable en las tablas, en los foros, en las conchas, en todas las representaciones.
No es exacta la imagen de la arcilla, tiene quizá las “V” y las “C” cambiadas por sus inversas rebeldes. Pero más allá o más acá es mi hermana diapasón, gusano y artista; moldeada en arcilla.

Sabe ella todo esto y lo que vale para mí. Pero ella se hace el gusano de seda, no dice nada, sólo me afina cuando desentono.

Vuelve a tu lugar, chica de arcilla, sigamos jugando. Que siga la función.

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A mi hermana.

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