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Spica *

Puzzle olímpico (sin Logo)

(A)
Hans se contuvo.
Hasta que ya no tuvo paciencia. Sofocado. Rojo.
Y preguntó.


(B)
Marga se armó de valor.
Entonces le besó en la boca con mucha saliva. Sofocada. Sonreída.
Y respondió.


COLOCAR LAS DOS PIEZAS ANTERIORES, EN EL ESCENARIO MOSTRADO A CONTINUACIÓN QUE MÁS LE GUSTE (O LE DISGUSTE).

*****
Hans y Marga son dos viejos amigos del cole, que pasados cinco años desde su último encuentro, hacen ejercicio en direcciones opuestas, un lunes por la tarde, en un parque de Madrid. Va el uno al descubrimiento del otro, sin saberlo. Quiere la casualidad que en un recodo del parque tropiecen el uno con el otro y se reconozcan. Tienen la respiración agitada y el corazón excitado por las miradas. Es casi mágico. Pasan el resto de la tarde juntos, y así todas las tardes de esa misma semana. El viernes, después de 30 minutos de ejercicio, Hans mira a los ojos de Marga...
(A)+(B)

*****
Hans y Marga comen en un restaurante de diseño en el centro de París. Se miran y se ríen. Han hecho una pequeña apuesta, después de repasar alternativamente las parejas que tuvieron en sus vidas, antes de conocerse. Marga empezó a hablar de un tal Rubén, y dejó a medias el relato, quedándose en silencio...
(A)+(B)

*****
Hans y Marga llevan una larga temporada viviendo en ciudades diferentes por motivos laborales. Es lo que tiene la consultoría. Él en Moscú y ella en Londres. Se vieron por última vez el fin de semana pasado. Ahora hablan por teléfono unos 30 minutos de reloj, y la distancia se hace patente, se hace realidad. Los kilómetros se convierten en murallas, en vez de en hilos plateados que tiran de los cuerpos. Ambos se despiden y quedan para hablar por la mañana. Hans decide llamar a la mejor amiga de Marga porque su mente sospecha algo. Marga cuelga el teléfono y mira despreocupada la cara de su nuevo amigo londinense...
(A)+(B)

*****
Hans y Marga han terminado una relación de 10 años, en la que han conocido mejor que nadie cinco ciudades mágicas: Madrid, París, Londres, Moscú,... y ahora Nueva York. La ciudad en la que Marga, cómo colofón de sus repetitivos intercambios, le suelta de improviso a Hans si tiene alguna última cosa que decir, antes de despedirse para siempre...
(A)+(B)

*

Questiones

Questiones

Este hombre,...

... ¿te mira o es ciego?
... ¿le acaban de hacer una pregunta o acaba de dar una respuesta?
... ¿baila el cha-cha-cha o el foxtrot?
... ¿está del lado de Tom o de Nicole?
... ¿es un estatua o es de carne, hueso y pellejos?

... ¿te asusta o te hace reir?

*

Don Apol(o-a)nio Aguirre

Don Apol(o-a)nio Aguirre

Don Apolonio Arregui era, en exclusiva, supervisor de segundo nivel en el área de explotación de sistemas de la empresa YOGURDEPERA S.A.

Un buen día se le ocurrió a Don Apolonio Arregui, buscar un segundo empleo.

Esto no tendría la mayor importancia, si no fuese por la curiosa circunstancia de que deseaba intentarlo en la misma empresa donde YA trabajaba.

Y apareció la oportunidad: un puesto maravilloso como Técnico experto de Control de Calidad de primer nivel en el área de Organización de la empresa YOGURDEPERA S.A., para el cual Don Apolonio, envío su CV con el nombre un poco modificado... Apolanio Arregui.

Así nació la locura; y su esquizofrenia gemela.

Es quizás, innecesario describir, como Don Apolanio Arregui (un hombre de recursos) mintió con descaro, adoptó dos apariencias diferentes y con una confianza desmedida obtuvo su segundo empleo en la empresa YOGURDEPERA S.A.

El punto es que se enfrentaba a un reto del que no había documentación previa o pruebas físicas de que se hubiese llevado a cabo. Y se ha de decir, que intentó buscar algún precedente en la biblioteca pública. Sin éxito.

Así fue como Don Apolonio, forjando una leyenda personal, se aferró con angustia y un poco de descaro a su agenda electrónica. Con ella podía organizarse día a día, combinando días de vacaciones de su primer trabajo, para utilizarlos en épocas que se requería de su presencia a tiempo completo, en el segundo. También coordinaba con acuciante lucidez los tiempos del café y el compartir con los compañeros de faena, controlando sus tiempos y el de los demás, así como las costumbres para estar con unos y con otros sin levantar sorpresas. Sabiendo cuando bajar por las escaleras centrales y cuando subir por las de la entrada. Manteniendo un orden en sus idas al baño y el saludo adecuado según aquel empleado que le conociera en uno u otro papel. Todo sin fallos y siempre en la cuerda del malabarista que camina sin red.

Y Don Apolonio lograba este equilibrio a las mil maravillas.

Vivía en constante excitación, en constante peligro laboral, en la cruda sensación de topar, mañana sí, tarde también, con sus dos jefes en el ascensor. Y aunque esto pareciese una desgracia, en el fondo de su orgullo, de su vanidad, Don Apolanio se decía a sí mismo que lograría triunfar y salir airoso de tamaña situación.

Todo esto sin entrar en detalles de cómo controlaba sus ingresos, su declaración a hacienda y la ausencia de vacaciones a su esposa e hijos.

Vivía Don Apolanio, exclusivamente para su trabajo. Perdón,... quiero decir: vivía exclusivamente para sus dos trabajos.

Ocurrió un día la graciosa coincidencia, que por la naturaleza de sus dos trabajos, Don Apolonio debía auditar en materia de calidad a Don Apolanio.
Qué día.
Qué risas se echaron los dos. Allí en el bar cerca de la empresa, Don Apolonio se auditó así mismo, Y cada uno quedó encantado con la profesionalidad del otro. Todo halagos y parabienes. La agenda electrónica, al fin descansaba. No había nadie a quien evitar, ni zig-zags qué hacer furtivamente.

Eso si, pasaron unos cuantos minutos ensimismados en quién pagaba los dos bocadillos de tortilla y las dos cañas.

- “Pago yo”, decía Don Apolanio.
- “Faltaría más, amigo mío, pago yo”, decía Don Apolonio.
- “La próxima tal vez...”, insistía Don Apolanio.
- (...)

Y así hasta que... pagaron los dos.

Aunque en realidad, la que pagaba dos veces era YOGURDEPERA S.A.

...es lo que tiene pasar doblemente los “gastos varios por auditoria” y tener a un recurso humano que casi parece que trabaja por dos.

*

Alma errante en el Carrefour

La veo en el pasillo y le reconozco. Ella no me ve a mi.
Dejo el carro lleno de chorizos, yogures de pera, queso para sándwich y pan bimbo, y le sigo discretamente.
En el pasillo de salsas y condimientos, le veo escoger el ketchup muy concentrada. Y yo muy concentrado retrocedo en el tiempo, hasta aquella mini-cena en la que ella me esperaba con unos divinos tortelinis a la putanesca y yo, con la intención de bromear, fui a por el ketchup, y ella, como siempre, improcedente, me lanzó el plato de tortelinis a la cabeza. Y luego terminamos bañados en ketchup. Entre mares de tomate, sal y vinagre; navegando sobre un plato de tortelinis.

Le sigo de cerca por los pasillos del super.
Y cada balda, un recuerdo. Y ella no me vé.

En los congelados, nuestro viaje a Alaska.
En los vinos, nuestra borrachera dentro de una piscina desconocida.
En las verduras, tu obsesión por las calabazas y tus explicaciones de Feng Shui.
En las infusiones, haciendo el amor vestidos con albornoces robados de aquel lujoso Spa.

Toda nuestra vida en los pasillos de una gran superficie, y resulta que no llevamos un carrito entre los dos.
Yo te sigo furtivo, pasando una película antigua en mi cabeza y tú flotas concentrada entre botes de tomate frito, aceitunas y garrafones de agua mineral.

Y así te sigo hasta que llegas a la caja, con otra vida en tu carrito y yo con la mía olvidada en algún pasillo de todo este inmenso lugar. Esta inmensa vida.

Pagas y te veo marchar, empujando tu carrito, tu nueva vida, concentrada, sin mí.

Y yo me quedo errante, rodeado por cientos de personas, todas con sus recuerdos en el carro, con botes de ketchup, yogures de pera y pan bimbo.

Todos menos yo.

*

Dentro de un cuento de madera

Dentro de un cuento de madera

12 de enero, 1999
Argentina.

Son las 7´10 de la tarde y el sol quema mi cara desde lo alto del cielo. Un cielo ardiendo.

Me encuentro en Villa de Angostura, un pueblo hermosísimo a orillas del Nahual Huapí, por su otra orilla en la que se intuye Bariloche.
Mauro y yo, acabamos de comer una lata de tomate en salsa o sopa, no lo tengo muy claro.
También hemos engullido cuatro salchichas y una barra de pan. Esta vez el zumo es de pomelo marca grappefruit. Estoy sentado en un parque infantil con un tren de vapor en frente, un tren de juguete que rueda rápido, a un lado toboganes múltiples, y otro tobogán gigante. Todo construido de madera, y pintado con miles de colores. Todo muy artístico. Son pequeños y delicados. Bien trabajados como por un artesano juguetero. En el parque están los niños pequeños entre 2 y 7 años. Quizá menos.

Hay una casita de turismo que se ha escapado del parque de juguetes, y me digo a mi mismo “como todo el pueblo”. Madera clara y muchos lugares jóvenes (casi vírgenes) para disfrutar. Me siento turista como nunca, en este largo viaje. Tanto en Bariloche como aquí, las oficinas públicas parecen museos de artesanía, césped verde, casita de madera, techo tipo chalet, flores abundantes, estatuas alegres, letreros labrados... provoca trabajar en el gobierno y ser funcionario. Aquí si. Hay puentecitos de madera y muchas cosas antiguas que sugieren un respeto a los pioneros y a sus obras...

Mauricio analiza las posibilidades de las rutas a seguir y sus implicaciones. Salió a buscar información, y exageradamente puedo afirmar que debe estar en algún bar, intentado ligarse dos chicas con las cuales jugar dentro de este trencito de madera. Si son como todo el pueblo, probablemente regresará con dos hadas de cuento. Como todo lo que nos rodea.

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No al ganB giB

Sin título2

Sois unos manifestantes estelares. Todos. Blogeros y comentaristas. Dejo este día guardado como una "Pica" en Spica. Queda aquí un post sin número, pero que suma mucho.

(HAZ CLIC EN LA IMAGEN PARA VERLA EN CInEMASCOPE)

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Spicultura*

spicados

En la redacción de Spica, estamos conmocionados.

Hemos pedido tres sacos de café del Congo mezclado con café de Colombia.

Estamos tratando de contactar a los proveedores valencianos de los cohetes y toneladas de pólvora que YA HABIAMOS adquirido para el post número 1, de la cuenta regresiva.

El Editor en Jefe,... simplemente se ha ido a comer algo.

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Farola Blanca

Farola Blanca

Siempre que doy una vuelta cerca del Palacio Real, hay una farola que me llama la atención.

De entre todas, las decenas de farolas que allí están sembradas. Hay una sola que me hace ir hasta debajo de ella.

Y sólo ella, me hace ver el cielo azul en contraste.

Y vengo yo, y quemo ese cielo.

E invierto la farola.

*

Mundos de Spicomuk*

Le había enviado a clases especiales de adiestramiento. Escuela para perros: “Haga de su chucho, el Harrison Ford de la Plaza”, “Paseé con orgullo a Greta Garbo en el extremo de la correa”. Quien iba a predecir aquel fatal desenlace. Después de 3 semanas de dura separación, en la que el gato-cabrón hizo y deshizo, los peces-suicidas volvieron a fenecer panza arriba y los jodíos-ratones blancos no se han vuelto coloraos, me devuelven a mi perro con un aspecto renovado, y que si es por cambiar, le han cambiado hasta el nombre. Ahora se llama Rocky. Aunque a mi me gustaba Evaristo. Perro pucho o perro lámpara. Pero dejémoslo en Evaristo.

Habiendo esperado tantos días, decidí bajar a plantarle cara a la prueba de fuego: interacción con los de su especie en plan “quita de aquí, que ahora lo hacemos todo con estilo”. Hora pico de paseitos de mascotas y dueños.

Bajamos, como mascota y señor (a saber quién es quién),... allí... a la plaza... a demostrar los nuevos dotes de Evaristo. Así que le he dicho: -“sentado”, y se ha sentado, -“Ve y tráeme aquella ramita”, y Rocky, sin sacar la lengua, ni hacer jasp!, jasp!, jasp!, ha ido a por ella como una saeta,... y con garbo (no Greta) me la ha puesto a los pies. No lo podía creer.

Así que en un arrebato de emoción, me he agachado, le he abrazado por el cuello, al tiempo que le quitaba la correa y poder ver en sus ojos una alegría contenida, una mirada viciosilla, casi desenfrenada...

Y entonces, Evaristo (no Rocky), ha empezado a correr con elegancia y muy rápido,.... ha salido de la plaza, ha saltado por entre los setos, por entre las farolas, por entre las calles, y se ha perdido en la lontananza, hasta dónde mis ojos ya no alcanzaron a ver.

SE BUSCA PERRO HOUDINNI QUE RESPONDE AL NOMBRE DE ROCKY, AUNQUE YO PREFIERO LLAMARLE EVARISTO. SE OFRECE RECOMPENSA: 4 RATONES BLANCOS Y UNA PECERA DE 2ª MANO.

*

Spin

185871

me he bajado del mundo, como todos anhelábais.

soy vuestro sueño.

me he bajado del mundo, y tú no.

...¿te da vueltas el estómago?

*

Je t'aime… cara mía.

Je t'aime… cara mía.

Tantos años en silencio, pensando qué decirte.
Y abrí la boca para decir:
- “Je t'aime, mon amour”

Tantos años en silencio esperando tus palabras.
Y abriste la boca para decir:
- “Je t'aime, mon amour”

Pero yo detesto el francés (no lo sabías, ¿no?).
No soporto su cadencia, ni sus engolamientos.
- “No vuelvas nunca más a decirme nada en ese idioma detestable”, te dije sin compasión.

*****************************

Pasaré otros años, en silencio, pensando qué decirte.
Y abriré la boca para decir:
- “Ti amo, cara mia”

Y caeremos presos en un abrazo escarlata y mojado.
Un abrazo de cadencias y engolamientos perfectos.

Un abrazo con-pasión.
Un beso con-pasión.

Un tiempo en el que las lenguas SI importan

*

Berenjenas burlonas

Berenjenas burlonas

Te veo desde mi mesa, y sé que lo estás pasando mal.
Se te olvida colocar la servilleta sobre tus piernas. Desalentado te das cuentas de que todos ya la han “bajado” y empieza tu calvario. La dejas resbalar muy despacio, hasta que cae una punta sobre tu pierna, y luego con una mano oculta, tiras de ella hasta que cae completa. Suspiras. Te suda la frente. Bebes agua. Esa agua que será tu tabla de salvación durante toda la comida.

Te veo desde mi mesa y, mientras yo como "berenjenas sonrientes", sé que lo estás pasando mal. Allí entre todos esos comensales, no sabes que decir, ni que hablar. Te hacen una pregunta y tu frente se acalora, subes la servilleta de tela para secarte el sudor y olvidas colocarla en tu regazo. La pones al lado del pan. Al lado de la copa de agua por la mitad. Y el pan llora. Ese otro amigo que mordisqueas incesante. Que despellejas, que desmigajas. Miras de frente, pero no ves nada. Buscando escapar, aunque yo no lo sé.

Te veo desde mi mesa y quisiera rescatarte, llevarte hasta tu casa, que es dónde quieres estar. No en esa mesa, rodeado de desconocidos, imitando los movimientos, para no quedar mal. No quedar como un paleto. Como un invitado de cartón. Y no sabes si estás muy cerca de la mesa, o muy lejos. Te remueves. bebes agua. Desmigajas. Tragas seco. Te veo. No sabes poner los pies de manera relajada. Los cruzas una y otra vez, sin descanso, con inquietud. Nadie sabe por lo que estás pasando. Perdón, nadie no. Yo si.

Te veo desde mi mesa, y veo que te traen el primer plato. “Oh! Mira”, has pedido lo que yo: “berenjenas sonrientes”, te apartas un poco y sucede lo inevitable; se te cae la servilleta de tela debajo de la mesa. Terrible. Que angustia. Shhhh!, nadie se ha dado cuenta. Y tú sudas, te incomodas, quieres gritar y no puedes. ¿Quieres gritar?

Nadie se ha dado cuenta, excepto tú, yo y las “berenjenas sonrientes” que a ti te parecen las “berenjenas burlonas”, que se ríen y se ríen de ti.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!

De ti y de tu vergüenza.

¿y te digo lo que pienso de todo esto; que veo desde mi mesa?

Que no mereces los cubiertos.

*

¿Tequila?

falta-algo

*** 2 dedales Tequila

*** 1/2 dedal de licor de naranja

*** 1 dedal de limón recién exprimido

Agitar muy, muy, muy bien. Servir en copa de martinis heladas. Poner un toque de sal en el borde de la copa.

El resto... es la noche por delante.

*

Chica arcoiris

Chica arcoiris

¿A quién esperas chica arcoiris?

¿A dónde vas, chica arcoiris, o dime si ese tren te llevará lejos o más que lejos?

¿A dónde miras chica arcoiris, dándome la espalda?

Seguramente nadie sabe lo que hay al final del arcoiris, y tú guardas el secreto.

Quizás esperas a alguien gris.
Quizás no vas a ningún lugar.
Quizás me estás mirando a través de un espejo.
Quizás yo sé lo qué hay debajo de esos 7 colores; y guardaré el secreto.


*

qwerty

qwerty

Mi padre fue un hombre muy estricto, muy justo y muy distante. Siempre muy "muy".
Con 12 años, hubo un período en el que mi meta día a día era impresionarle.
Demostrarle que yo era el mejor en todo lo que emprendía, desde mi colección de pegatinas hasta mis jugadas de ajedrez (que ocurrían en nuestras pequeñas guerras).

Un día, desempolvé una vieja máquina de escribir y me propuse aprender mecanografía en 20 lecciones, empezando la primera a las 5 de la mañana de un sábado.

Me sentaba en la cocina con la puerta cerrada y haciendo cortas pausas para mirar la madrugada extinguiéndose por la ventana. A las 6 en punto entraba mi padre, revisaba mis textos, yo digitaba con más fuerza y él me preparaba un zumo de naranja gigantesco antes de marcharse a sus cosas.

qwerty, qwerty, qwerty, qwerty, qwerty, qwerty, qwerty, PLIN!
asdf, asdf, asdf, asdf, asdf, asdf, asdf, asdf, asdf, asdf, asdf, PLIN!

Mi propósito, con toda aquella parafernalia, era muy sencillo: 1.) dejar de escribir con sólo dos dedos, 2.) hacerlo sin mirar las teclas y 3.) escribir bastante más rápido que de la forma manuscrita. Apenas, ahí es ná.

Así estuve una larga temporada, hasta que mi poca paciencia y mi ascendente somnolencia, suspendieron esa idea de mis planes adolescentes.

A mi padre no le importó y a mi tampoco. Y quizá ese fue el comienzo de buscar otras formas de autoafirmación y de encaminar la relación con mi padre por otros derroteros (tristemente igual de inútiles).

Pero aquí no acaba la historia...

Esta mañana, mientras corregía un informe en el trabajo, en un impulso que asemeja un salto en el vacío, el mirar estereogramas o montar en bicicleta sin las dos rueditas de atrás, he empezado a escribir sin mirar el teclado, a una velocidad vertiginosa y usando dos dedos de cada mano. Tres de dos no está nada mal, para el primer intento 20 años después.

Ha sido un impulso bonito, raro, excitante e inesperado, desencadenado por "nada", por probar algo más rompiendo un paradigma de escribir sin soltarme.

Me he asustado tanto, que casi doy un salto de gato asustado o un grito de guerrero celta. Al minuto, me he calmado y me ha provocado beber zumo de naranja y mirar por una ventana en la que se extinga alguna madrugada.

*

Sandblasting

Sandblasting

Parte I

Paco aprendió la técnica a cielo abierto, bajo un sol inmisericorde y mortal. Trabajaba para una petrolera japonesa en una región inhóspita del desierto de Bolog. Lejos de todos menos de los fósiles amalgamados que había bajo sus pies.

Allí se sentía como un muñequito de lego, entre mil estructuras de acero y aluminio, tanques imposibles de 30 metros de altura y tan anchos como una piscina municipal. Paco, en medio de la nada, se sentía entre piezas brillantes bajo una lupa inmensa. Rodeado de tuberías zigzageantes, válvulas, actuadores, motores negros y aceitosos, polvo de arena amargo, virutas, gomaquemada, olor a gasoil, a diesel virgen.

Un lugar dónde bebes el agua, dejando que te caiga sobre el pecho y que resbale hasta los pies.

Paco trabajaba puliendo por dentro, esos tanques gigantes, sin lijas, ni barrenos, ni mecanizados complicados.

Simplemente la arena. La misma que todos pisan y respiran, la cual es impulsada a gran velocidad a través de una manguera, para estrellarse sobre aquellos tanques de acero. Y por donde pasa ese chorro opaco, queda un rastro cristalino. Un espejo brillante y sin fricción.

(la arena, naturalmente, no cambia, se mueve y se recicla, pule, salta y se respira.)

Eso es el sandblasting.

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Parte II

Paco camina por la arena, de una cala andaluza. Muy lejos del desierto.
Aquel desierto que le hizo de acero, pero que le oxidó, le trizó, le hizo rugoso...
Allí donde comprobó el poder de la arena que desgasta las rocas, los metales y los cuerpos.

Ahora Paco camina descalzo, muy despacio, dejando que El Levante, impregnado por la arena, le estremezca todo el cuerpo, le remueva todo el óxido.

Sintiendo esos alfileres amigables, mientras cierra los ojos y la boca.

Y allí se siente un tanque, un espejo brillante.

Eso, también, es sandblasting.

*

Intermedio Jocoso

ESTO NO ES UN POST (y no cuenta). Sólo una anécdota. Entro al blog. Leo los comentarios, de los últimos posts, incluido el último. Salgo a portada. Veo que hay ocho comentarios en el último post. Entro, (de nuevo) y hago dos comentarios. Salgo. Veo que hay DIEZ comentarios en el último post. Me digo: "coñoooo, alguien ha comentado dos veces tan rápido!!???" Repito... Me digo: "coñoooo, alguien ha comentado dos veces tan rápido!!???" Entro. Me leo. Me río. Me meo (no, pero casi). Lo siento. Es el calor. Abro un poco más la ventana. Escribo este post. Me salgo.

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Marketing Directo

No nos gustan los eslóganes, pero ahí va uno:

“Todo hombre es interesante, siempre y cuando no se *olvide* a sí mismo. Esto lo hace vulnerable y le hace perder".

Sería fácil decir la frase inversa aplicada a la mujer, pero mejor queda así (ahí va otro eslogan):

“Toda mujer es interesante, hasta que se “encuentra” a sí misma, sobretodo si va de la mano un hombre que no es *olvidadizo*.”

No nos gustan los eslóganes, y menos los que se inventan mirando a hombres y mujeres caminando por la calle.

No,... no nos gustan los eslóganes.

*"

Simulación en Excel

Simulación en Excel

Otra extraña sensación la que he probado hoy (con ayuda del EXCEL).

Me hallaba entre miles de números, inútiles variables económicas, saltando por todas partes dentro de 120 hojas de excel, hojas abrazadas entre sí, datos atrapados en redil de celda en celda,... y entonces; he visto claramente que cada hoja era un día de mi vida, y una hoja saltaba a otra con gran facilidad, trayendo todos los datos de la anterior, y agregando y restando chispas y sombras, pérdida y ganancia. Alterando el resultado (de mi vida), calculando un nuevo escenario (de mis vidas), analizando el TIR, el VAN, el ROA, el EBITDA y el OIBDA, y muy al final, después del impuesto (de vida) conquistar una razón para decir que TODA ELLA es rentable. Que mis gastos sobre ingresos van en buena proporción, con un saldo a mi favor. Y si así no fuese, que lo he invertido en magníficos proyectos.

Saltando de cuenta en cuenta entre cientos de páginas, todas enlazadas, TODAS EN-LA-ZA-DAS, con el mimo de un chino, con la paciencia de un relojero, con las sumas perfectas. Reportando un beneficio,... entre cientos de días, todos enlazados, EN-LA-ZA-DOS, como los gestos de un mimo, y la impaciencia de quien usa un reloj. Y busca un beneficio.

Entre números y días he calculado mi vida, he obtenido un valor final, todo ello enmarcado en una retícula cuadriculada y perfecta que todo lo controla.

Un valor final.

Y hastiado de tantos recovecos, de tantos conceptos de negocios, he oprimido el botón de cerrar todas las hojas (esa equis de arriba) y como era de esperar, ella me ha preguntado si deseaba guardar los cambios efectuados en toda mi larga vida...

***Inversiones de vida, Gastos de Personal querido y detestado, Provisiones de tiempo y lágrimas, otros gastos externos nada superfluos, de viajes estelares, marketing promocional de mí mismo, productividad cerebral, ingresos afectivos, desgaste emocional, arenilla de playa, ...

¿Y sabéis que he respondido?

He elegido la opción que me hace renacer, en 120 hojas, con 65536 celdas perfectas.

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No mentirás

No mentirás

"Todo se sabe" -, aprendió Pinocho.

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