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*

Efecto burming

eres navaja afilada, platinada, brillante, sin mácula.
lo evité, por muchos años lo evité, verte de lado, buscarte el filo
yo soy la mano abierta, con la palma blanca, rosada, sin cicatrices.
me buscaste, por muchos días me buscaste, oliendo mi sudor, rozando mis dedos, agitando el aire sobre mi epidermis
y hoy, vengo y decido que te abrazaré fuerte, silenciosa, brutal y lentamente.

*

Montse GPS

Montse GPS

Montse acabó con el tópico de que las mujeres son deslucidas con un mapa en las manos.

Desde pequeña ya indicaba a su padre con absoluta precisión como llegar más rápido al colegio, los días de atascos insufribles o retrasos matinales. Intentando siempre descubrir nuevos caminos alternativos con un poco de intuición y redibujando el mapa urbano. Mientras iba creciendo, recorría las callejuelas más recónditas del centro urbano, llegando antes que nadie a las citas o compromisos; y apostando polos de fresa o piruletas de caramelo si llegaba siempre primera.

Siempre con éxito.
Y es que Montse acabó con el tópico de que las mujeres son unas torpes con un mapa en las manos.

Ya de mayor su habilidad era bien conocida, por todos sus amigos, y entonces siempre era la cabeza del grupo que indicaba el mejor camino ara llegar al destino elegido. Podía decir con asombrosa precisión cuanto tiempo, cuantos pasos y cuantas calles los separaba del objetivo marcado.

Todo fue bien hasta que un día asistió a una feria de turismo. Cientos de mapas a un palmo de sus ojos. Y ocurrió lo inevitable...

... Montse empezó a conocer ciudades a través de los mapas. Recorría con sus dedos y su mente cada calle del plano, cada vuelta de esquina, cada plaza en verde o fuente azul.
Y con cientos de cartografías a mano se encerró en su habitación, en su mundo, en una hoja de papel colorido... y viajó, descubrió, mil nombres de calles, de ríos, de callejones, descansó cerca de las fuentes, se tumbó sobre el césped de los parques, en los bancos soleados o lluviosos, caminó de noche con la linterna sobre el papel, trazando las calles con la luz, mordisqueaba bocatas, allí en su habitación, en la esquina de una ciudad cosmopolita, o en la pradera de una recóndita aldea.

Y es que Montse acabó con el tópico de que las mujeres son unas negadas con un mapa en las manos.

Una lástima que nunca más saliese de su habitación. Y con ella, su leyenda que acabaría con el tópico.
Allí vivió por siempre sus viajes rutilantes, entre mares de mapas tornasoles y emociones sobre paradigmas cartográficos.

*

Ciclos naturales

Ciclos naturales

Me despierto temprano. Más que eso: Espabilado. Con los ciclos de sueño de 90 minutos completos.
Hace tiempo que dejé de contar las noches en vueltas de hora y media.
Llevo tanto tiempo sin sentirme así de agudo que me siento en otro elemento. Del agua al aire. De la fluidez a la volatilidad. Ligero como para una carrera de 100 metros.

Voy descalzo de mi habitación a la cocina, con la planta del pie arqueada y dando pequeños saltos. Preparo café y abro completa la ventana. Entra una brisa fresca que normalmente me sería desagradable.

Miro a través de ésta y adivino que allí afuera no hay gente tan despierta como yo. Me siento un paso por delante de todo. Hoy, como en una carrera de atletismo, he salido antes del disparo de salida y los jueces no se han dado cuenta. Y allí me veo corriendo con las plantas arqueadas, dando grandes saltos para seguir primero.

Después de 5 minutos exactos, la cafetera hace ruido, como si ella también despertase.

Entrecierro la ventana, porque entra el frío despierto, previo al calor aturdidor que seguirá en unas horas.
Lleno mi taza y me siento en la mesa a planificar el día.
Todo lo que puedo hacer y haré.
Sin ciclos, sin conteo, todo el día por delante y voy el primero.
Que bien huele el café. Me recuerda otras mañanas que he vivido, sobre todo esas en las que contaba los ciclos de los sueños y me levantaba despierto.
Apoyo mi cabeza sobre la mesa, con la mejilla sobre el mantel y miro de reojo el café y la ventana. El café, la ventana y yo. Los tres dispuestos. Los tres resultado de un ciclo natural. La brisa fría que entra por la ventana se mezcla con el vapor cafeinado que sale de la taza de café. Y se mezclan en una carrera de 100 metros por toda la cocina.

Allí sentado, me duermo a ritmo de respiración acompasada.

Ojalá sea un ciclo completo de 90 minutos.
Ojalá no llegue el último en este día.

Al menos, no por detrás del café o la brisa fría.

*

Arte reciclado

Arte reciclado

*

Rojo

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*

Quiero ser ese rojo.
No la manzana.

El color.
Quiero mojarme, y seguir siendo así.

Aunque, ESE ROJO, sea mentira.

*

Charlot, Carlinhos, Charlie...

En este preciso momento "Carlitos" muere de un disparo en el torax al intentar robar una prostituta en Ciudad de México, Calle Doctor Menéndez. En este preciso momento Charles nace y su madre que le quiere le deja abandonado en un contenedor de Ciudad del Cabo, en las afueras de la ciudad. En este preciso momento Karlos descubre un nuevo virus en su laboratorio de la universidad de Kiev y el atroz descubrimiento le mata. En este preciso momento Carlos escribe un post en negativo y muere un poco. En este preciso momento Carlitos salva a un paciente que una disfunción cardiaca en el torax en un hospital de de Ciudad de México, Calle Doctor Menéndez. En este preciso momento Charles nace y su madre que le quiere le dice, premonitoria, que será el mejor músico conocido en Ciudad del Cabo, en las afueras de la ciudad. En este preciso momento Karlos descubre la cura del alzheimer en su laboratorio de la universidad de Kiev y el dulce descubrimiento le hace saltar de alegría y olvidar las penas. En este preciso momento Carlos escribe un post en positivo y se neutraliza con todos los anteriores Carlos, Carlitos, Charles y Karlos.

Y todo continua como si nada hubiese ocurrido (en este preciso momento).

*

Intercambio

Hoy tengo un viernes con sabor a lunes.

Y además me repite.

*

Sin más

Estaba a un segundo de distancia entre una idea y llevarla al papel, y luego dejarla por aquí.
Pero esta mañana he recibido un email de un viejo amigo del que no sabía hace meses.
Entre sus líneas me escribe esta frase, para justificar su ausencia:

Mi espíritu intelectual para contar cosas es fuerte, pero mi pereza fisiológica para quedarme tumbado en el sofá, también.

Y no he resistido el subirlo aquí arriba, sin más.

*

El rey

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voy de aquí, hasta tí.

pasando por todas las ciudades.

con el viento enredado en mi pelo.

y no, no soy una valla publicitaria de champú.

soy el rey de la tierra, de los muros ciegos y de mi propio color.

soy el rey.

*

Cultura POP

dakota

A ella le gusta...
El intro. El principio de la melodía, de la canción. Le gustan esas notas como gotas de lluvia, y esa voz con “eses” que parecen ondas. También el sintetizador electrónico de fondo repiqueteando de derecha a izquierda. Sus rodillas saltan. Ese trebble, como si le golpeasen sus sienes unas baquetas venidas de su infancia. El ritmo acompasado detestablemente hipnótico. Quiere que toda la canción sea así... pero oh!... ahí viene algo...

A él le gusta...
El siguiente compás. La parte de la melodía que sigue, salir del empalago dulce, subir los escalones atropelladamente. Le gustan esas guitarras afiladas como sables de zinc, esa garganta desgarrada detrás de la distorsión, compitiendo por aplastar la dulce flauta que les precede o les adelanta. Los platillos girando como su cabeza. Ese bass, como si le golpeasen la espalda con estertores venidos del escenario. El ruido desarmónico invariablemente incómodo. Quiere más... pero ah!... ahí viene...

...y ahora ella... y ahora él... y ahora ella...y ahora él...

De tanto escucharse, a veces a ella le gusta lo que a él, y viceversa.

Son parte de la misma canción.
Son uno.

*

Pablo Hueso

Manny

Hay imágenes que te desatan la imaginación alrededor de tu cuerpo y vas con 100 cabos sueltos, durante todo el día, enredando a todos.

Y la pregunta es: "¿Qué intenta decir Pablo Hueso?

*

1972

GEA

No creía en configuraciones de estrellas, ni en la línea de mis manos.
Si creía en ser parte de la misma manada, entre lobos y lobeznos.
No creía en el mono, en el dragón, en el caballo o el unicornio.
Si creía en aquel que tenía un año, dos, tres antes que yo y después de mí.
No creía en acordes de runas sobre el cuero de una vaca o cartas del tarot.
Si creía en correr más rápido que los demás en mi camada, y batirme en dentelladas con los mayores.
No creía en el dedo señalando el cielo oscuro e identificando el mapa de mi viaje estelar.
Si creía en abrazar fraternalmente a cualquiera que viniese de mi misma barrica, de la misma vid, de la misma tierra.

Hoy, no creo en ningún ejército; sean estos de lobos o de estrellas.

Pero el punto de partida de todas mis creencias y reniegos sigue inamovible en el tiempo. Como el kilómetro “cero” de una ciudad desordenada que ya no es una aldea circular.

*

Agallas

Agallas

*

Barajas

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Una chica de cabellos castaños y largos corre por la terminal de un aeropuerto. Todos giran su cabeza al verla pasar y los más jóvenes (de la edad de ella) sienten el impulso de correr a su lado donde quiera que ella vaya.

Un empleado veterano de una aerolínea está en la puerta de embarque, entregando una tarjeta de embarque a la última persona de la fila. Al hacerlo, comprueba que en su puerta sólo hay sillas vacías y cigarros mal apagados en los ceniceros cercanos. A lo lejos ve una cabellera agitarse.

Sístole y diástole a mil por hora, jadeos en su cabeza y las sandalias hipertensas casi al límite del desgarro. –Allí está mi puerta de embarque, al fin,... ¡mierda!, no se ve nadie, sólo ese viejo con cara de funcionario,... tengo que hacerlo rápido”

Tarde aburrida y muchos años viendo a los habitantes de cientos de ciudades, con el mismo temor consistente de equivocar la puerta o perder las alas que le llevan al cielo. Y él, San pedro con un mazo de cartas.

Faltando poco para el encuentro el hombre agita sus brazos y pone cara de zozobra.
- no vas a llegar pequeña!!!, por aquí, por aquí!
Aunque el espacio es suficiente y es el mismo por donde todos han abordado con tranquilidad, el hombre levanta la barrera para que ella pase por debajo. Todo a la vez que le lanza la tarjeta de embarque como quien arroja un naipe o una estrella ninja, con mucha maestría. Acertando en el blanco.

- gracias, gracias, pierdo mi vuelo, por dios!, gracias! -, dice atropelladamente, la chica de cabellos revueltos, y como una atleta olímpica, pasa por debajo, casi volando, coge el naipe al vuelo, enredándolo todo, dejando un remolino en la puerta de embarque.

Todos los pasajeros de las otras puertas miran la escena con alivio, de no ser ellos esa chica.
El hombre baja la barrera con tranquilidad y mira la escena como quien ve la misma película por 18ª vez.
La chica entra corriendo y atropellada, perdiéndose en el fondo de un esófago metálico que la lleva hasta su avión.

En esas, llega otro pasajero, a la misma puerta, ante el viejo de los naipes, calmado, y pregunta: “¿cuánto tiempo falta para el despegue?”

- Pues, unos 20 minutos. Le digo que el vuelo va casi vacío, así que puede usted tomarse un café perfectamente en la cafetería de allí mismo.

Y un poco más alegre, barajó con destreza las cartas en su mano.

*

Salí a comprar langostinos

03-14-03

*

He vuelto a subir al cielo, en busca de una nube diferente.

En mi larga ascensión, me he visto pasar con la cara pegada a la ventanilla de un avión.

No he podido evitar, desearme un buen regreso.

*

Vida en Blanco y Negro

Conocí a “E” en una tarde de septiembre, en medio de un calor húmedo, dentro de una pequeña galería de arte, de cual yo era administrador. Fue verla y sentir como las pinturas se emborronaban y toda ella se delineaba con detalle; su aspecto de turista, su falda estampada y su blusa blanca casi transparente, mojada por el sudor de su cuerpo. Transpirada pero digna, mirando lienzos y dando pasos hacia un lado y otro, hacia delante y hacia atrás, mientras ladeaba su cabeza con gesto inteligente. Empujado por una mano invisible me decidí a conocerla. Y no es esto, algo que ocurra con frecuencia a un hombre casado. Bastará con decir que esa tarde fue maravillosa para “E”. Y para mí. Únicamente apuntar que ella también era esposa de otro. Otro y otra que nunca compartieron su amor por una galería. O una vida llena de pinturas delineadas.

¡Quien podría imaginar el desenlace final!

Y hoy, recuerdo ese momento después de tantos años, faltando tan poco para verla, para nombrarla (mi boca por fin dirá su nombre en tiempo real), levantarla del suelo cuando la vea. Y sé que eso último es algo que ella no espera que yo haga. Lo de menos en todo este asunto, no es haber cruzado medio país para vivir en otra ciudad tan distinta a la mía. Ni estar atrapado en mis pensamientos, atrapado en un asiento de la clase turista, en el que mi corazón desbocado sólo piensa en las palabras correctas para decir en esta primera tarde en su ciudad. Lo importante para mí, es que intentaré imitar a Kasparov jugando al ajedrez, anticipando mil jugadas, mil palabras, mil frases, y así prevenir una opaca elocuencia ante mi primer encuentro. Y de ello depende que no sea el último.

Ya he aterrizado, entre la bruma y el vacío del estómago. Ahora camino con calma, en una perfecta terminal, de aquí para allá, mirando mi equipaje, esperando a “E”.
Me ha hecho prometer que la esperase en todos los casos y en todas las situaciones, que nunca mirara un taxi o un autocar, que el encuentro sería (tenía que ser) como un lienzo en movimiento con el marco perfecto, un aeropuerto, en una tarde de mayo, con la luz traspasándonos como lanzas. Así que repetía su nombre como un mantra: “E”..., “E”..., “E”..., “E”..., “Eeeeee”, y se justificaban mis deseos, mis ganas, y todas nuestras palabras derramadas en solitarios arrebatos. Hoy la esperaré a hasta morir, pero antes un café, el primero de la tarde ya que ella ha prometido buscarme y llenar de colores mi vida y pintar juntos toda una galería. Todo el aeropuerto.

¿Cuántos minutos he esperado?, ¿acaso 10 ó 1000? Me convenzo a mi mismo que he dejado mi lado impaciente en mi antigua ciudad, que me quiero alegre, con historias en la boca y los zapatos ligeros. Maldita sean las fachadas, mis miedos y ese vacío en el estómago como en un aterrizaje constante. A pesar de estar de pie en una terminal.

Los zapatos ligeros, pero la verdad es que estoy nervioso e incontenido. Mirando un enorme reloj, mirando pasar mil vidas de turistas, a todos menos ella, mil pies, mil cuerpos levantados, elevados por sorpresa, todos menos ella. Y por cada una de esas personas que pasan a mi lado, se pierde una de mis frases, dejándome vacío, repitiendo su nombre, enterrándome vivo, diluyéndome en tonos blancos y negros, en medio de un aeropuerto como una galería con cuadros delineados, en el que claramente descubro que el borroso soy yo.

En ese minuto exacto, en mi corazón se clava una flecha afilada, y yo cierro los ojos, y me cambia la vida. Sin “crac”, ni sangre púrpura. No es más que un inexplicable giro del destino; en el que al abrir los ojos nuevamente me hace ver el mundo en blanco y negro.
Como un tablero de ajedrez, en el que juego solo.

*

Ilustración de este Post, en el Blog de Borjo
Si quieres leer la historia de "E", ve al Blog de Guisante

Asústame

Asústame

*

Tú crees que me asustarás por la espalda.

Pero soy yo la que apagará la luz antes de que digas "BUUUuuu"

Y así, descalza, te meteré el alma en el cuerpo.

Nuevamente.

*

Malabarismos

Malabarismos

Emilio entra de prisa en los aseos de su trabajo; y tres de los cinco urinarios están ocupados. El espectáculo es, cuando menos, curioso.
De derecha a izquierda:

* Un enano vestido como George Clooney habla por el móvil, el cual se haya entre su cabeza ladeada y su hombro. Con las dos manos delante, riega vigorosamente la porcelana griega que le queda cerca.

* Un tío alto y calvo lee un montón de hojas impresas sin grapar que sostiene en lo alto con una mano y con la otra mea en corto. Y pasa las páginas con arte sin igual.

* Urinario Libre.

* Una chica mea de pie con el cartoncito ese, patentado en UK, mientras tararea una canción de Miguel Bosé (Bandido). Y taconea.

* Urinario Libre.

El cuarto urinario es todo suyo. Y es el más aburrido.
Mientras Emilio mea, a fin de no contrariarse demasiado, dibuja figuras invisibles sobre la porcelana griega que tiene delante.
Dibuja a los demás payasos.

*

Revelada

Revelada

Cuando le pregunté, lo que dijo Pedro de esa foto fue:

Tanto leer a Neruda y a Hesse, y no sirvió de nada.
...Tanto aprender de oportunidades al chasquido de los dedos, y no sirvió de nada.
...Tanto nadar y respirar mejor, y no sirvió de nada.
...Tanto viajar y aprender a observar, y no sirvió de nada.
...Tanto pensar, pensar y pensar conmigo adentro, y no sirvió de nada!

Aquella tarde, hace 50 días, hice muchas fotos de la gente, de las cosas, de las esquinas, de los pies, de las copas,... de lo que inunda la calle.

Y en un carrete, atrapada, encontré mi otra vida. En un ocre y brillante negativo, allí estaba quién me busca a mí, allí estaba a quién busco yo. Allí estaba sentada, leyendo a Hesse bajo el sol, moviendo sus pies descalzos por encima de sus sandalias desatadas. Allí estaban mis horas futuras de sueño y de vigilia, de palabras y silencios. Allí estaba el cabello que nunca peinaré.

Y yo pasé a su lado, a 5 metros tan sólo, con mi cámara y mi vida. Con todo lo que he vivido a cuestas, con mis zapatos bien atados y los ojos distraídos, menos vivos que mi cámara. Y aun así, a pesar de ella, tan exacta, de nada ha servido.

Allí atrapada vive ella, antes en negativo, ahora positivada.
Revelada en papel ante mis ojos.
Ella revelada, 50 días después.
(Y todos los que restan por delante).

Eso último no lo dijo; lo pensó.
Y al final de la historia pensé que en algún lugar del planeta, esa chica aun vive en un carrete de fotos.
Esperando por Pedro.
Y al final salir del cuarto oscuro en el que ambos viven.

*