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lo visual

Toboganes

Toboganes "Y resbalé al mirarle un largo rato."

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Cae la arena

Cae la arena *

El intermedio (Ep. V)

El intermedio (Ep. V) *

- Dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero,...

Y a intermedias preguntaba que si teníamos puestas de sol.

- No, no, no, no, no, no,...
- Ven aquí chico, acompáñame -, y lo cogí de la mano.

Lo llevé hasta un parque sin corderos y nos sentamos en un bonito banco de madera.

- Se sentó, me miró y dijo: -Dibujam...
- Mira eso Principito!! -, dije por sorpresa y señalando con mi dedo hacia al frente.
- ¡?????!... ¿y eso qué es? ¿es un atardecer de tu planeta?, ¿cuántos atardeceres al día se pueden ver desde aquí?, ¿cuánt...?

- “Chico, te diré que esto es una bola gaseosa de hidrógeno con helio. Esto no es un planeta, es una estrella...

...Y por lo tanto nosotros SOMOS el atardecer.

Y se ha puesto tan contento, el jodío, como si tuviese el dibujo de una caja de cartón con un cordero dentro.

“Lo visible también es esencial” pensé, pero no pensaba decirle semejante cosa.
Se le veía tan entusiasmado con sus ideas.

*

(Continuará...)

El intermedio (Ep. V)

El intermedio (Ep. V) *

- Dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero, dibújame un cordero,...

Y a intermedias preguntaba que si teníamos puestas de sol.

- No, no, no, no, no, no,...
- Ven aquí chico, acompáñame -, y lo cogí de la mano.

Lo llevé hasta un parque sin corderos y nos sentamos en un bonito banco de madera.

- Se sentó, me miró y dijo: -Dibujam...
- Mira eso Principito!! -, dije por sorpresa y señalando con mi dedo hacia al frente.
- ¡?????!... ¿y eso qué es? ¿es un atardecer de tu planeta?, ¿cuántos atardeceres al día se pueden ver desde aquí?, ¿cuánt...?

- “Chico, te diré que esto es una bola gaseosa de hidrógeno con helio. Esto no es un planeta, es una estrella...

...Y por lo tanto nosotros SOMOS el atardecer.

Y se ha puesto tan contento, el jodío, como si tuviese el dibujo de una caja de cartón con un cordero dentro.

“Lo visible también es esencial” pensé, pero no pensaba decirle semejante cosa.
Se le veía tan entusiasmado con sus ideas.

*

(Continuará...)

Ojos verdes

Ojos verdes Dos ojos verdes me espían entre la multitud de un vagón del metro, que lleva retraso temprano en la mañana.

Yo miro a esos ojos, en un vaivén continuo. Miro a los dos ojos verdes, no a la multitud. Ahora si, ahora no, ahora si, ahora no. Y entre tanto la multitud no mira nada, aunque esté agitada por el retraso.

Dos ojos verdes no ven la multitud, me ven a mí. Y mi mirada imita a un péndulo de reloj que se cruza en un punto con los dos ojos verdes, que luego oscila ciega entre la multitud. Aunque en verdad oscila entre la ciega multitud.
Y entonces marco las ocho en punto... tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan...

La multitud se inquieta un poco más, porque todos vamos tarde.

Dos ojos verdes y yo vamos solos y serenos en un vagón de metro, entre la multitud.

Y tus ojos oscilan sobre esta historia como un péndulo; cuando tus ojos pasean una y otra vez sobre dos ojos verdes.

*

///////////// Ilustración de (v) i r e t a /////////////

Correlación

Correlación Luces que se apagan.
Luces que se encienden.

(en todas partes)

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La llegada (episodio IV)

La llegada (episodio IV) Hoy ha venido El Principito a pasar una temporada en nuestra estrella.
Y es que el Principito es lo que es.
Un “pesao” por donde se le mire.
Viene como estresao. Que si dibújame un cordero, que si quítame los baobabs, que si me entra en los ojos mucho polvo de cometas durante los viajes, que si “hoy vi 135 puestas de sol en un día”...
Es un poquito coñazo, el niño.
Al final le he dicho que fuese a buscar un corderito que vive al otro lado de la estrella y así lo dibujábamos juntos.

Le he engañao como a un chaval. No hay corderos por aquí. A ver si se pierde, se aburre y se marcha a otra constelación.

Menos mal que antes de que viniera con el rollo de que lo esencial es invisible a los ojos, he desaparecido.

Y conmigo la mitad de este post, tal y como era antes de que llegara el bendito Principito.

*

(continuará)

Viene (o va)

Viene (o va) *

Soufflé de avena (sin canela)

Soufflé de avena (sin canela) Permítame que le cuente a usted, lo que ayer vi sentado en una plaza frente a una colorida y bien restaurada fachada.

*
Una chica, morena como la canela, entra muy agitada por el portal de un edificio.
Al rato aparece un chico, blanco como harina de molino, que se detiene frente a dicho portal titubeante. Se queda allí, pensando en círculos.

Pasados unos minutos se abren de par en par las puertas de una de las ventanas que dan a la calle. La del edificio azul.
Azul como el color del cielo.

Se asoma ella, la chica de antes, pero con el semblante y el cuerpo reposado.
El chico no se da cuenta de lo que pasa por encima de su cabeza.
De improviso, y muy despacio, empiezan a volar prendas de vestir hacia la calle, pantalones, camisas, calcetines, cinturones, zapatos... Todo revolotea tan lentamente que parecen hojuelas de avena cayendo hacia la acera.
Y la acera un cuenco pastelero.

El chico con una sonrisa en la cara, más seguro de sí mismo y con un ritmo sostenido va recogiendo una a una sus prendas.
Todas sus hojuelas.

La chica le lanza una mirada indescifrable y cierra la “ventana cielo” de la fachada.
El chico se aleja diez pasos, con el ánimo empastelado, para observar con detenimiento cada ventana de la fachada. No la de la chica, sino las demás ventanas.
Vigorosamente agita su mano en señal de despedida delante de todas los ventanas cerradas. Las ventanas color cielo y todas las demás. Color tierra, color nube, color sol.
*

En todo este tiempo, nadie ha presenciado este drama, excepto yo.
¡Suelen suceder cosas tan raras!, ¡tan raras!, que difícilmente usted o yo llegaríamos a comprenderlas.

¿le apetece un bizcocho casero?
Eso si, sin canela.
*

Cloud Gate

Cloud Gate *

Café no, gracias!

Café no, gracias! Hoy hay choco-Dalí con Buñuel-azucarado...

... cinematográfico ¿no?

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Cr...!

Cr...! *

Hoy sin azúcar...

Hoy sin azúcar... *

... que me arruina lo más artístico de la barra, y del domingo.

*

Llamando a Benjamín

No te lo vas a creer, pero siendo un niño me enamoré perdidamente de una niña.
Y también ella era una mujer. Y yo un hombre.
Pequeños.

Fue en el barrio de una amiga de mi madre, a quién olvidé hace ya mucho tiempo.

Y es que, no te lo vas a creer, pero Zafiro surgió detrás de la escalera y me arrastró con sus ojos.
Me sacó de allí saltando como un conejo y me llevó por pasillos con macetas y jardineras atestadas de "fitos" y rosales.
Zafiro iba como una exhalación, saltando, ora en un solo pie, ora sobre botes o hundiendo las rodillas entre la hierba.
Me llevó de la mano hasta su cercana casa, me mostró su pequeño acuario y me nombró todos sus peces: Ramon, Miki y ...
- ¿a qué no sabes cómo se llama?
Con este último intentaba vacilarme. Decía Ven!, Ven!, Ven!, como llamándolo... y me preguntaba: ¿a qué no sabes cómo se llama el tercero?
Y decía Ben!, Ben!, Ben!.

Se llamaba Benjamín.

Me llevó de la mano a su terraza y allí me acerqué a su cara, sin saber muy bien por qué. Y yo ponía la boca como Benjamín.
Así, así, así...
Había alguna fuerza irresistible en aquella niña traviesa, con manchas de tierra en la cara, de hierba en las rodillas, las manos delineadas y el pelo desordenado.
Y nunca lo había visto tan claro.

(¿es esto estar enamorado?)

Esa misma tarde entre juegos y el corazón en la boca la besé.
Y ella me besó a mí.

Un hombre que besa a una mujer.
No te lo vas a creer ¿verdad?.

Y la mujer le dice: Ven, ven, ven.
Y él va. Nadando feliz de aquí para allá, vacilando,... jugando. Perdido dentro de un pequeño acuario haciendo la boca como un beso. Así, así, así...

Y el hombre le dice: te quiero!
Y ella le besa. Saltando feliz de aquí para allá, jugando,... vacilando. Encontrando un pez dentro de un acuario. Ven, ven, ven...

(¿es esto estar enamorada?)

***

La hendidura del centro

La hendidura del centro Entro al museo.
Recorro todas sus plantas como cada domingo, miro por los ascensores acristalados, imagino que es de nuevo un convento, un hospital, una cárcel. Bajo a tomar un café en su bar cuasi-subterráneo y ya estoy más despierto.

Subo despacio hacia la nueva exposición de arte contemporáneo. La verdad es que todo la temática es arte contemporáneo, no sé por qué redundo.
Como no llevo prisas, antes me paso por los cuadros de Miró a escuchar los comentarios de incomprensión y atolondramiento. Yo también los hago en voz baja. Me sonrío con las dos chicas que no acaban de creerse que las mujeres son estrellas o los planetas son puntos o al revés. Salgo de la sala y entro en la siguiente.
La exposición itinerante. Artistas invitados. Doy una primera vuelta. Me dejaré lo más raro para el final.

Otra vuelta alejándome cinco metros de todo mientras pienso: "Pero si a mi no me gustaban los museos". Me acerco a dos centímetros para leer el título en una mini-placa que parece una “etiqueta” de bufanda. Las piernas se me cansan según se me llenan los ojos.

Allá voy: el plato fuerte. El artista me presenta un rectángulo de madera de 5 metros a alto por 15 de largo. Tiene las dimensiones de un edificio acostado. Un pedazo de mesa gigante cuya madera está pulida y barnizada, pero con cientos de hendiduras profundas y largas en cada metro de superficie. Un millón de cicatrices. En el medio se deja ver claramente una hendidura más profunda, más larga, más ancha y más desgarradora.
El maldito "tatami" no me dice nada.
Lo veo, lo miro, lo alejo, lo acerco, me pregunto qué instrumento habrá utilizado para hacer las muescas en ese entarimado. ¿un hacha?, ¿un péndulo escalpelo gigante?.
Que desperdicio de espacio, de madera y de muescas. Me olvido de las sensaciones y me transformo en coherente, en científico, en detective del arte, de lo absurdo. Otra vez Miró.

No me convence.
Así me llega la hora de abandonar el recinto.
Que despiste!, ¿el título de la obra?; el nombre en la etiqueta, no lo he visto. Me acerco con desgana.

Lo leo.
Allí tan diminuto. Tan preciso.
Salgo del museo y el resto del día pienso el bendito rectángulo surcado que me cuenta tantas historias como heridas tiene.
Aquel que suplicó, aquel que no cedió, aquel que se arrastró, aquel que pensó en la inutilidad de aquello, aquel que nunca amo, aquel que reinó, aquel que anduvo entre todos y se marchó. Y todos los demás murieron. O no. El del medio como dije antes el más atroz. El jaque final.

¿el título de la obra?
La batalla.
Eso decía la “etiqueta”.

La letra pequeña

La letra pequeña Acá estoy!! Tanto tiempo amore!!!
¿¿¿estás bien???
Sabrás que no acepté tu adiós.
Te cuento que hice malabares para encontrarte. Estuve más de una semana preguntando por tu nuevo lugar de trabajo. ¿Qué tal el Bar?
Nadie quería soltar prenda, hasta que a Rafa se le ha escapado, sin querer, con el tema de la fiesta.
Sergio ha marchado de viaje a Singapur.
Y como estaba mal que fuese sola me las he ingeniado para hacerte llegar esta tarjeta con invitación incluida. ¿a qué soy lista?
Quiero verte amore, comerte las manos, inundarme, mojarte la cara y no dormirme nunca.
No me abandones.

Te espero.

Anna


***

Nuevamente, dio la vuelta a la tarjeta y miró el dibujo del payaso con los globos.
Volvió a abrirla y leyó el mensaje formal y correcto: “Feliz cumple te deseamos tus amigos Sergio y Anna”.
La cerró y nuevamente dio la vuelta a la tarjeta releyendo el mensaje secreto en letras diminutas, escrito en el reverso, abajo a la derecha.
Ese que no leyó ningún amigo, o alguien de la fiesta. Ese que no leyó Sergio. Ese que no leyó él mismo.

Ese que no leyó nadie hasta 10 años después durante una limpieza de armario.

***

Mientras bajaba por las escaleras, con una vieja caja de cartón rumbo al portal, decidió que no iría a verla. Ya todo había terminado.

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Gracias Brita

Todo era dolor cuando tú no estabas y en mi delirio nunca imaginé que me rescatarías de mi profundo desvarío. Transformaste un tráfago de zumbidos en la calma prístina de un lago tibio. Aun recuerdo cuando llegaste de noche para entregarme al día, recorriéndome por dentro con una luz desconocida, como una antorcha luminosa que daba forma a un nuevo ser. Gracias por renovarme, traerme vuelta y quitar el velo oscuro y febril de mis ojos.
Gracias Britapen de 650 600 mg.

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Diluido en la ciudad

Diluido en la ciudad *