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Spica *

Simulación en WORD

Simulación en WORD

Qué extraña sensación la que he probado hoy (con ayuda del WORD).

Meter en un documento en blanco todas las palabras que he escrito, y todas las fotos que sacado, y todas las imágenes que he creado, y...

...todo-todo-todo en perfecta y ordenada fila descendente.

Y entonces poner rumbo frenético, hacia la última página (la página 1568) manteniendo oprimida la tecla de "Avanzar Página" (Av Pág), y ver pasar frente a tus narices, veloces y arregladas, todas esas imágenes, todas esas palabras, todas las ideas, todos esos días, todo, todo, todo... como si yo estuviese muriendo y viendo todos mis símbolos dentro de un carrusel que gira manualmente, con una manivela que zarandeo como un loco.

Qué extraña sensación, meter toda tu vida en un WORD...

...y morir en 1568 páginas.

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Falso Amarillo

Flasox

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La cabeza de Afrodita

La cabeza de Afrodita

Son tres. Son impar. Miguel, Marta y Gabriel; hacen zig-zags por toda la ciudad, recorren cada calle soltando y agarrando sus manos (alternativamente), pequeños empujones, roces de brazos, siempre de dos pero son tres, juegos sobre el empedrado de la calle de seis pies juguetones. Miguel se vuelve cada vez más alegre, más seguro, más desapegado de sus pensamientos. Gabriel, en cambio, se vuelve desconfiado y silencioso, a pesar del ruido que hay en su cabeza. Y Marta, no se sabe, qué piensa en su cabeza.
Giran y dan vueltas bebiendo y jugando hasta el amanecer, justo antes de que despunte el día. Esperan un bus que los lleve a casa, pero tarda tanto en pasar que parece que llevan mil años esperando. Miguel duerme tranquilo, al lado de Gabriel que le pone su hombro, al borde del rencor, para que duerma más a gusto, para vigilarle de cerca. A su lado está Marta, separada de Miguel, que no para de hablar y preguntar si es mejor seguir esperando al bus o abordar un taxi. Un taxi que los lleve a casa. A los tres.

Llegan y suben los tres riendo, agotados y mareados, con las cabezas idas y los cuerpos sudados. Marta cómplice pregunta a Miguel si se dará una ducha, y éste le responde que suele hacerlo al despertar, nunca antes de dormir. Gabriel, por el contrario, como enunciando un “eslogan” dice que siempre es mejor ducharse antes de tocar las sábanas. Y Marta le secunda. Miguel dice buenas noches y da una beso a los dos, mientras se interna por un largo pasillo lleno de puertas a derechas y a izquierdas. Entra en su habitación que está al lado del baño, sin cerrar del todo la puerta, y abre la ventana que también en este caso, mira al lado de la ventana del baño. Se acuesta con la ropa puesta, boca abajo, con los ojos abiertos y fantasea con que Marta está debajo pidiendo que la folle, aunque no estén duchados.

Oye unos pasos, los más alegres, y se da la vuelta para ver pasar la silueta de Marta con una toalla en el cuello, entre sombras y las luces que vienen de otra habitación en el fondo del pasillo. Gabriel, furioso, y Miguel, excitado, oyen el correr del agua al abrir la ducha y los dos pies de Marta que entran en la bañera. Miguel intuitivo mira por la ventana y mira por la puerta, alternativamente, ya que presiente que Marta o Gabriel le vendrán a buscar esa noche o ninguna. Afrodita o Hefesto cuál será el libreto escrito. Mientras espera, puede oler el jabón que inunda el aire de la noche, como una invitación, una señal proveniente de Marta. Y siente que con sólo desearlo ella abrirá la ventana, y le mostrará su cara, su pecho y su sonrisa. Gabriel camina por el pasillo, descalzo y con una toalla en el hombro. Al pasar por la habitación de Ares da una rápida mirada, para ver si está sólo, si la ducha no es un engaño, si Marta no ha escapado por la ventana del baño flotando sobre el aroma del jabón que inunda la casa entera. Miguel ha visto los ojos de Hefesto, llenos de miedo y curiosidad. Y sabe que éste no le ha visto despierto, no le ha visto los ojos, no ha visto a Marta debajo, follando sin ducharse.

Miguel, ya rota la tensión, respira tranquilo una brisa fresca y conciliadora que entra por la ventana, que despeja su cabeza, su cuerpo y la habitación. Ares vuelve a su cauce, y se desvanece en un sopor de lento respirar.

Mientras tanto, Marta y Gabriel, Afrodita y Hefesto, se enjabonan la espalda, se olvidan de Miguel y se agarran de las manos en la ducha. Respirando tranquilos, sin abrir la ventana, con las cabezas y los cuerpos despejados. Encantados con el guión que se ha escrito esta noche. Un guión de dos. De un par.

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Tango en dos ciudades

Tango en dos ciudades

En la calle.
Zaragoza.
Medianoche.
Ayer.

Hoy.
Mediodía.
Madrid.
En tu cabeza.

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Sacudida

Sacudida

Hay una sensación humana y recurrente, que tiene lugar en ciertas épocas, en ciertas ocasiones.
Y no es un olor o fragancia, como alguna vez pensé. Tampoco es una esencia. Es algo más. Es una impresión de que algo ha sucedido durante algún tiempo. Y que te marca. Y que te marca y te marea.

Puede ser algo que se ha sentido o realizado durante un par de semanas o un par de meses. Acaso un año entero.

Pero lo cierto es que se adivina, cuando ya ha pasado. Cuando ya ha sucedido.
Va asociado a la música, el olor, las emociones. No lo tengo muy claro.

No hablo de recuerdos, hablo de oleadas, hablo de vapor que inunda los tramos entre un día determinado y otro más difuso.

Y entonces, pasados esos momentos, y olvidados, un día vas en el coche, o en el metro, o esperas a que empiece una película, sentado en una butaca de cine, solo o acompañado, rodeado por el rojo, lo negro y lo blanco, con el cuerpo relajado y la mente dispuesta... y entonces, llega a nosotros ese aroma del pasado, esa nostalgia, esa sensación de haber hecho algo maravilloso...
... y que ya no posees.

Ni siquiera está en tu cabeza. No es de tu propiedad. Flota por ahí, en las salas de cine o dónde menos lo esperas.

Esos mares sin nombre, nos hacen sonreír.
Y aunque sonreír no es la palabra que buscaba, si es lo que sucede al salir de ese mar.

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Maniobra

Maniobra

Mírame, mírame...

Aprendí a ir sin manos, solo con mi sombra, imitándola, sacándole ventaja.

Tú me empujaste y mira hasta dónde he llegado.

Te escribo y te envío una postal de los dos.

Mírame, mírame... dice ella también.

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Tres monedas

Tres monedas

Recuerdo, como si fuera ayer, el comentario que hizo una profe sobre el primer cuento que escribí: “Buena trama. Muy fantasioso” y me dejó en un discreto tercer lugar en el pequeño concurso de clase.

No recuerdo exactamente cómo estaba hilada la historia, pero sé que iba más o menos así:
“Un día Rafita encontró un viejo baúl en el ático de su casa; lo abrió y allí encontró tres monedas doradas, pero cuando iba a frotarlas (como se hace en todos los cuentos), escuchó que su madre lo llamaba a cenar y decidió guardarlas en su bolsillo. (...) Más tarde, boca abajo, en la oscuridad; haciendo de la almohada una cueva azul y de su linterna la luna de plata, observó con atención las tres monedas sobre la palma de su mano. Mordió la linterna con la boca y con los dedos frotó una de las monedas... Ding!...”

- Aquí Rafita vivía una extraña aventura en el fondo del mar -
Luego cogió la segunda moneda con los dedos, aun salados... Ding!...”

- Aquí Rafita subía a los anillos de Júpiter, los limpiaba y los pulía con una escoba espacial -
“Por último intentó coger la última moneda, pero está empezó a dar vueltas refulgentes sobre su mano... y desapareció.”

Lo recuerdo como si fuera ayer.
Siempre he pensado que fue una señal lo de mi tercera moneda que desaparecía y mi tercer lugar en ese concurso.

No está mal un tercer lugar. ¿no?
(...)
(Qué Hija de Puta!)

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Siga a ese taxi!

tax copia

El taxista sin decir nada, arrancó y aceleró hasta situarse detrás del otro taxi.

Y sonrió.

Porque una vez fue un niño que soñaba con protagonizar una persecución de coches.

Y por eso se hizo taxista.

El sueño de toda una vida puede caber en cuatro palabras. A veces incluso en menos.

(escrito por una mariposa pillada en un post-redecilla)

Tablao

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Julius tenía un buen sentido del ritmo desde que era pequeño. Tokopip, Tokopip, Tokopip, Tokopip, Tokopip,... "allí va Alicia la contable. Siempre caminando deprisita y golpeando con fuerza el tacón, dejando caer suavemente el resto del pie. Tiene buenas piernas y debe veranear cerca del mar. Digo, por esa pincelada hacia el sur de su pie izquierdo". Según crecía las clases de percusión le ayudaron. Shhhsh, Shhhsh, Shhhsh, Shhhsh,... "allí va el viejo Roberto de recobros, a punto de jubilarse y con los zapatos más desgastados de la planta, arrastrando las suelas como sus ganas". El oído de Julius servía para más cosas, además de la batería de casa. CLAK, cli, CLAK, cli, CLAK, cli, CLAK, cli,... "sin duda Marta la secretaria de Marketing con esa cuerpo, esa cara, esas plantas, siempre contundente con la derecha y un poco coja con la izquierda. Cosas de mover con nerviosismo la pierna debajo de la mesa". Y Julius, poco a poco con el tiempo abrió sus oídos a más cosas que taconeos personalizados

ToM, pic, TOCOTON, tipiTAP, FFFgssh,...

Julius tenía el poder de reconocer quien iba y venía por la oficina, en qué estado de ánimo, si venían a por él, si iban a por su jefe, si diría “buenos días” o soltaría un “gruñido”, si besaron a quien aman antes de salir de la cama, de la casa, si durmieron a gusto, si volvían de vacaciones y qué país pisaron esos pies.

Esos pies, esos zapatos, esos tacones, ese andar, ese ¡tracatrá! de los pasos que pasan cerca de él y de su prodigioso oído.

Tracatrá!

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No gritar

No gritar

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Aroa Aroíta tenía mucha hambre y salió a buscar algo que comer en mitad de la noche oscura.

Y el bicho verde y baboso de la esquina, también.

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Día libre

Hoy me he tomado el día libre en mitad de la semana para hacer una pausa. Necesito respirar. Respirarme. Así que me levanto a la misma hora de siempre, ¡pero no siento cansancio! Abrazo mi taza café dejando que el calor inunde mis manos. ¡Que gusto!. Me tumbo en sofá pasando una pierna por debajo de la otra, que queda flexionada pidiéndome ser la mesa improvisada en la cual apoyar mi taza. Estiro la mano para encender la radio y al traerla de regreso la paso por detrás de mi cabeza y con la palma extendida me acaricio la nuca y siento el calor del estiramiento corriendo despacio por todo el antebrazo, pasando por los bíceps hasta contar diez. Diez. Cambio la taza de mano y con el otro brazo repito suavemente ese movimiento. Cierro los ojos.
Cuando ya estoy relajado, escucho de improviso unos pasos que corren. Están dentro de casa, en el baño. No. En la cocina. No. En mi habitación. No. En el pasillo. No.

Sin moverme ni un ápice, bajo el volumen de la radio y me observo pasar vestido como siempre, con prisas y buscando las llaves, las tarjetas, mis gafas, la cartera y el reloj.
Quieto en el salón, contengo la respiración cuando me veo pasar una y otra vez, hasta oír un portazo. ¡Vaya alivio!, saber que ya no estoy en casa.
Más tranquilo me propongo dormir e intentar olvidar esa ridícula alucinación.

~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ *

Soñé que me veía pasar una y otra vez, soñé que me oía teclear en el ordenador, encendiendo el microondas, abriendo la ducha del baño, cerrando cajones, arrastrando una silla, sacudiendo la alfombra. Todos (¿yo´s?) a la vez; en perfecta sincronía, como bailando sobre un escenario, mostrándome lo que mejor sabía hacer de tanto hacerlo.

~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ *

Me despertó el olor del detergente, del café recién hecho, de la loción de afeitar, de la tierra regada, de los libros aireados, del incienso del salón. Todos entremezclados, como en un herbolario.
Estiré la mano y apagué el incienso con dos dedos. Y me quedé ahí tumbado, mirando la escayola del cielo de mi casa.

Necesito una pausa y contar hasta diez.

*

Piano recurrente

Piano recurrente

Un hombre pierde la memoria, su país y las ganas de vivir.
(dicen que cayó de un barco en altamar).
Le encuentran, le curan, le llevan al psiquiatra y allí dibuja esta ilustración.
(Llevaba una chaqueta negra, un pantalón elegante y una corbata).
Le ponen delante de un piano y toca maravillosamente.
Le llama "piano man".

Y se mete en nuestras cabezas para quedarse, a pesar de que no hemos escuchado ni una sola nota.

Ni posiblemente lo hagamos.

*

Una historia real (sin vueltas)

Una historia real (sin vueltas)

Hoy mientras caminaba por la tranquila pradera de San Isidro, junto con cien millones de personas me encontré con una vieja amiga de la universidad.
Ella iba de la mano de su novio, una especie intelectual venido a menos, que intentaba mimetizarse con el espíritu de San Isidro. Y es que llevaba una boina de reglamento, un clavel en la chaqueta y sus pies se movían un poco al ritmo del Chotis.
Y yo que llevaba una cámara Nikón SUPERSUPERSUPER indiscreta, puse cara de reportero fotográfico, mientras acercaba mi objetivo a su flor roja. Todo ello en el tiempo que tardaron en saludarme.
En breve me encontraba diciéndoles que hacía un reportaje fotográfico sobre la fiesta más clásica de Madrid y que ahora estaba trabajando para una revista Croata, luego de renunciar a la National Geographic. Mentía, claro. Ante sus miradas de asombro rematé con la explicación de que en N.G. (abrev. de National Geographic que yo pronuncié “en-yi”) habían roto abruptamente con los primeros ideales de la fotografía periodística. Y con mi objetivo seguía apuntando a su clavel.
Que capullo.
Yo, claro.

Entonces él, con cara sorprendida, empezó a decir lo curiosa que era la vida con sus coincidencias, ya que ellos estaban allí de incógnitos, disfrazados, intentando vivir la fiesta desde adentro con el objetivo de escribir un libro sobre la tradición más clásica madrileña. El libro era para una editorial Croata y él era un ex-escritor de TIME. Y con su objetivo apuntaba a mi cara roja.
Que capullo.
Él, claro.

Y ella, allí en medio de los 100 millones de personas, nos miraba de hito en hito, de objetivo en objetivo, de pupila dilatada a pupila contraída.
Que mujer.
Ella, claro.

Lo extraño es que los tres sonreíamos cómodos y cómplices con la situación.

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Correspondencia atrasada

Correspondencia atrasada

Esto encontré, cuando fui naúfrago.
Llegaron a mi isla en botellas verdes, viejas y bien cerradas.

Carta en una botella #1 * 1792 – Mar Azul.
El día comienza y tú dirás qué hacemos. El timón está en su posición correcta y el viento favorece el viaje de nuestra embarcación. ¿algún hechizo en mente?, ¿alguna idea para emprender sobre cubierta?.

Dos azules dividen el horizonte. El del cielo y el del mar. La brisa refresca nuestros cuerpos y el efecto es embriagador. Háblame de Velas, de Volteretas en altamar, de espuma salpicada... háblame de lo que quieras..

Marcho despacio, y pensando en ti, a casa.
Besos de Noche Cerrándose sobre la bóveda del mar.

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Carta en una botella #2 * 1794 - Mar Negro.
Estoy en lo alto del mástil. Espero que allá abajo todo vaya bien. No me gustan las nubes que se ven a lo lejos. Ojalá no sea nada y se disipen a nuestro paso. Cuidado con lo que hagas en cubierta. Hay nudos que si se desatan, son difíciles de reanudar. Estoy poco positivo, pero es carácter de marinero. Nada del otro mundo. Ha de ser esta tarde de trabajo que ha estado insoportablemente aburrida.

Besos de Mástil Salado (que no son tan malos como se leen!).
Acepto tu propuesta de cocinar el domingo. ¿qué prepararás?

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¿quién es el último?

Esperaba, esperaba, esperaba...
En algún instante, mi corazón dio un vuelco cuando sus ojos y los míos, POR FIN, se cruzaron. Ella sonrió y contuvo la respiración antes de hablar, como quien mira hacia un punto infinito que se pierde por siempre. Y desde el infinito, se detuvo en mi cara, giró sobre sus talones para dar la vuelta, mientras con sus manos cogía una Sandía de 5 kilos; a la vez que me soltaba en la cara: “...entonces, vas a querer ésta o una más pequeña???, mira que hay gente esperando y hoy vamos de culo...”

Eso, y no otra cosa, me dijo la señora de la frutería a la que siempre compro sandía.

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Pax

Pax
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Bellum

Bellum

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Amanecer singular

Amanecer singular

Aquella mañana a lo ancho de toda la selva, aparecieron entre las altas ramas de los árboles algunos hombres que llevan sombrero de copa y bastón de caballero. Uno en cada rama, en cada árbol. Callados y elegantes se dejan hacer por el rocío y por el sol que despunta sobre el horizonte.

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Vacío inVISIBLE

Soy el post perdido.

Aquel que nadie escribe.
Ese que es una llamita en la oscuridad de tu cabeza y que nunca será un campo de fútbol ardiendo.

Soy el post sumergido.
Aquel que nadie pesca ni con anzuelo o sin él.
Ese que se esconde entre el coral filoso, peligroso y coloreado.

Soy el post en blanco.
Aquel que nadie ve de verdad.
Ese que ni subrayándolo puedes entreleer, ni entrelíneas, ni aquí ni allá.

Vete de aquí, no hay nada que ver, ni leer, ni entender.
Hoy tengo colgado el letrero de “fuera de servicio”
Shhhhh... silencio que estoy relajado, meditando, frente a una pared en blanco...

...y escuchando a Marcio Faraco.

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Alegr-AO-matic

Alegr-AO-matic

- Eres cutre, un poco payaso y vives en la calle. Sin hablar de lo mal que huele por aquí.

- Y tú ¿qué me dices?... tú eres sosa, aburrida y con culturilla de centro comercial. Sin hablar del pestazo a "Aqua de Jours" que llevas.

(silencio de miradas intensas a los ojos de las ranuras)

- Ven aquí bolita de colores!!

- Eres pura y virginal, aunque no lo seas.


(...)

Lo demás, querido público, es demasiado pegajoso para ser contado.
Y yo estoy un poco harto de este chicle.
Ya no sabe igual que al principio.

Hala,... "a la" papelera.

Fin.

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