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lo kinestésico

La verdad se esconde

Teresita mintió a sus padres y a su novio, cuando desapareció una tarde entera para angustia de todos. Menos de ella.
Dijo que se había quedado dormida estudiando en la azotea del edificio.
Que el estrés pre-examen le embotó el cerebro.
Que de verdad, no sabía cómo, desde las 4 de la tarde hasta la 1 de la mañana, no recordaba nada y sólo se despertó aturdida, con los apuntes sobre la falda y un hilillo de baba que la caía sobre el uniforme.

El novio de Teresita mintió a los padres de ésta, haciéndoles creer que le daba clases de matemáticas a Teresita, cuando en su lugar, le comía las tetas y los morros durante todas las tardes (antes de la desaparición de Teresita), en aquella calurosa salita de estudios. Con los viejos detrás del biombo.
Por eso Teresita sufría de estrés pre-examen, porque no estudiaba matemáticas.
Y el estrés se le iba con la lengua de su novio sobre su piel.

Los padres de Teresita mintieron a ésta y a su novio, cuando callaron delante de ellos (angustiados los dos, por diferentes razones), que la habían visto subir a ese viejo Citroen AX con un joven de gafas redonditas, bastante mayor que su novio y en dirección al este de la ciudad.
Ellos vieron todo y sabían todo (eso creían ellos), ya que también mintieron al no decir que días antes en el bar de la esquina, su madre la vio de mano del chico del Citroen, mientras ésta llevaba una barra de pan que cayó rodando por la acera.
También sabían lo que ocurría detrás del biombo. Pero lo asumían como parte de la educación de Teresita.

El chico del Citroen AX mintió a Teresita, en aquella escapada al este, pero esto ya no puede contarse porque es la mentira más grande de todas.

La que le cambió la vida a todos.

*

En la cocina

Paso del lavavajillas y me enfrento a mano limpia con los platos sucios. Hago mucha espuma, como siempre, y soy abundante en cada pasada. Rayante. Exageradamente meticuloso, y es como si escuchara a mi hermana riéndose y diciendo que estarán limpios justo para la cena.

Y si, tardo un millón años luz en lavarlos. Y me gusta. Y sienpre me sentí orgulloso de esa demora.

Paso del lavavajillas y apoyo mi cabeza en la puertecilla que tengo delante, y cruzo los pies, mientras voy mojando cada plato espumoso, esos que salen chirreando agua, hasta mecer pequeñas gotas en su sitio final.
Voy colocando primero los platos, blancos, luego los naranjas, texturizados, lisos, mojados pero perfectos. Luego los envases, los vasos, las ollas, y al final todos los cubiertos, metálicos, limpios en exceso. Con las puntas hacia dentro, los filos ocultos.

Todo ese tiempo, un millón de años para fregar los platos.

Y en todo ese tiempo he pensado en mil cosas, como burbujas hay en la abundante espuma. Y en mis manos. Problemas y soluciones, la vida y la muerte, lavavajillas y lavar a mano limpia.

Y entonces dejo correr el agua para que borre la espuma, durante un millón de años.

Y paso del lavavajillas,... principalmente porque NO TENGO.
Y he aquí la solución de todo lo anterior.

*

Berónika

Berónika La chica de arcilla es mi hermana. Y ella se llama Berónika.
Hermana de sangre, hermana diapasón que me afina cuando desentono, siempre que yo esté cerca.

En realidad se llama Verónica, pero después de cien vueltas cambió su nombre y encontró su vocación.

Un día jugando a escondernos por la casa la descubrí oculta detrás de las cortinas del salón (shhhh, silencio). Y la enrollé en cien vueltas de gasa y tela; y ella no dijo nada. Tanto dio de sí mi afán, que la cortina se desgajó del riel y ella cayó como un gusano de seda. Y no se movió. Y representó que había muerto, y luego llorado, y después reído,... y jugado.
Del susto que me dió le prometí hacer limonada fresca de por vida, con tal de que no dijera nada a mamá. (Y aun la hago cuando nos vemos de tarde en tarde.)

De ese gusano travieso surgió Berónika, la chica que hace teatro. Mi hermana la artista, la "B"iaja por el mundo. Ella que "K"ambió su “V” y su “C” por sus inversas rebeldes del alfabeto: la "B" y la "K".

Un día de limonada anunció que se marchaba a hacer teatro por el mundo. A hacer de gusano de seda, nunca mariposa, gusano muerto, sonreído, jugando, tomando limonada.

Y entonces un día, con los limones arrugados de tanto extrañarla, la busqué en lo virtual, entre la "B" y la "K". La busqué con su nombre.

Berónika.

Y para mi asombro, y el de los limones, allí estaba ella: un busto perfecto, con su cara de gusano de seda, con su nariz en su sitio, reprografiada por arte de magia. Construida en arcilla.
Material maleable en las tablas, en los foros, en las conchas, en todas las representaciones.
No es exacta la imagen de la arcilla, tiene quizá las “V” y las “C” cambiadas por sus inversas rebeldes. Pero más allá o más acá es mi hermana diapasón, gusano y artista; moldeada en arcilla.

Sabe ella todo esto y lo que vale para mí. Pero ella se hace el gusano de seda, no dice nada, sólo me afina cuando desentono.

Vuelve a tu lugar, chica de arcilla, sigamos jugando. Que siga la función.

******************************

A mi hermana.

*

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Efecto burming

eres navaja afilada, platinada, brillante, sin mácula.
lo evité, por muchos años lo evité, verte de lado, buscarte el filo
yo soy la mano abierta, con la palma blanca, rosada, sin cicatrices.
me buscaste, por muchos días me buscaste, oliendo mi sudor, rozando mis dedos, agitando el aire sobre mi epidermis
y hoy, vengo y decido que te abrazaré fuerte, silenciosa, brutal y lentamente.

*

Ciclos naturales

Ciclos naturales Me despierto temprano. Más que eso: Espabilado. Con los ciclos de sueño de 90 minutos completos.
Hace tiempo que dejé de contar las noches en vueltas de hora y media.
Llevo tanto tiempo sin sentirme así de agudo que me siento en otro elemento. Del agua al aire. De la fluidez a la volatilidad. Ligero como para una carrera de 100 metros.

Voy descalzo de mi habitación a la cocina, con la planta del pie arqueada y dando pequeños saltos. Preparo café y abro completa la ventana. Entra una brisa fresca que normalmente me sería desagradable.

Miro a través de ésta y adivino que allí afuera no hay gente tan despierta como yo. Me siento un paso por delante de todo. Hoy, como en una carrera de atletismo, he salido antes del disparo de salida y los jueces no se han dado cuenta. Y allí me veo corriendo con las plantas arqueadas, dando grandes saltos para seguir primero.

Después de 5 minutos exactos, la cafetera hace ruido, como si ella también despertase.

Entrecierro la ventana, porque entra el frío despierto, previo al calor aturdidor que seguirá en unas horas.
Lleno mi taza y me siento en la mesa a planificar el día.
Todo lo que puedo hacer y haré.
Sin ciclos, sin conteo, todo el día por delante y voy el primero.
Que bien huele el café. Me recuerda otras mañanas que he vivido, sobre todo esas en las que contaba los ciclos de los sueños y me levantaba despierto.
Apoyo mi cabeza sobre la mesa, con la mejilla sobre el mantel y miro de reojo el café y la ventana. El café, la ventana y yo. Los tres dispuestos. Los tres resultado de un ciclo natural. La brisa fría que entra por la ventana se mezcla con el vapor cafeinado que sale de la taza de café. Y se mezclan en una carrera de 100 metros por toda la cocina.

Allí sentado, me duermo a ritmo de respiración acompasada.

Ojalá sea un ciclo completo de 90 minutos.
Ojalá no llegue el último en este día.

Al menos, no por detrás del café o la brisa fría.

*

Rojo

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*

Quiero ser ese rojo.
No la manzana.

El color.
Quiero mojarme, y seguir siendo así.

Aunque, ESE ROJO, sea mentira.

*

Intercambio

Hoy tengo un viernes con sabor a lunes.

Y además me repite.

*

Sin más

Estaba a un segundo de distancia entre una idea y llevarla al papel, y luego dejarla por aquí.
Pero esta mañana he recibido un email de un viejo amigo del que no sabía hace meses.
Entre sus líneas me escribe esta frase, para justificar su ausencia:

Mi espíritu intelectual para contar cosas es fuerte, pero mi pereza fisiológica para quedarme tumbado en el sofá, también.

Y no he resistido el subirlo aquí arriba, sin más.

*

1972

GEA

No creía en configuraciones de estrellas, ni en la línea de mis manos.
Si creía en ser parte de la misma manada, entre lobos y lobeznos.
No creía en el mono, en el dragón, en el caballo o el unicornio.
Si creía en aquel que tenía un año, dos, tres antes que yo y después de mí.
No creía en acordes de runas sobre el cuero de una vaca o cartas del tarot.
Si creía en correr más rápido que los demás en mi camada, y batirme en dentelladas con los mayores.
No creía en el dedo señalando el cielo oscuro e identificando el mapa de mi viaje estelar.
Si creía en abrazar fraternalmente a cualquiera que viniese de mi misma barrica, de la misma vid, de la misma tierra.

Hoy, no creo en ningún ejército; sean estos de lobos o de estrellas.

Pero el punto de partida de todas mis creencias y reniegos sigue inamovible en el tiempo. Como el kilómetro “cero” de una ciudad desordenada que ya no es una aldea circular.

*

Asústame

Asústame *

Tú crees que me asustarás por la espalda.

Pero soy yo la que apagará la luz antes de que digas "BUUUuuu"

Y así, descalza, te meteré el alma en el cuerpo.

Nuevamente.

*

La cabeza de Afrodita

La cabeza de Afrodita Son tres. Son impar. Miguel, Marta y Gabriel; hacen zig-zags por toda la ciudad, recorren cada calle soltando y agarrando sus manos (alternativamente), pequeños empujones, roces de brazos, siempre de dos pero son tres, juegos sobre el empedrado de la calle de seis pies juguetones. Miguel se vuelve cada vez más alegre, más seguro, más desapegado de sus pensamientos. Gabriel, en cambio, se vuelve desconfiado y silencioso, a pesar del ruido que hay en su cabeza. Y Marta, no se sabe, qué piensa en su cabeza.
Giran y dan vueltas bebiendo y jugando hasta el amanecer, justo antes de que despunte el día. Esperan un bus que los lleve a casa, pero tarda tanto en pasar que parece que llevan mil años esperando. Miguel duerme tranquilo, al lado de Gabriel que le pone su hombro, al borde del rencor, para que duerma más a gusto, para vigilarle de cerca. A su lado está Marta, separada de Miguel, que no para de hablar y preguntar si es mejor seguir esperando al bus o abordar un taxi. Un taxi que los lleve a casa. A los tres.

Llegan y suben los tres riendo, agotados y mareados, con las cabezas idas y los cuerpos sudados. Marta cómplice pregunta a Miguel si se dará una ducha, y éste le responde que suele hacerlo al despertar, nunca antes de dormir. Gabriel, por el contrario, como enunciando un “eslogan” dice que siempre es mejor ducharse antes de tocar las sábanas. Y Marta le secunda. Miguel dice buenas noches y da una beso a los dos, mientras se interna por un largo pasillo lleno de puertas a derechas y a izquierdas. Entra en su habitación que está al lado del baño, sin cerrar del todo la puerta, y abre la ventana que también en este caso, mira al lado de la ventana del baño. Se acuesta con la ropa puesta, boca abajo, con los ojos abiertos y fantasea con que Marta está debajo pidiendo que la folle, aunque no estén duchados.

Oye unos pasos, los más alegres, y se da la vuelta para ver pasar la silueta de Marta con una toalla en el cuello, entre sombras y las luces que vienen de otra habitación en el fondo del pasillo. Gabriel, furioso, y Miguel, excitado, oyen el correr del agua al abrir la ducha y los dos pies de Marta que entran en la bañera. Miguel intuitivo mira por la ventana y mira por la puerta, alternativamente, ya que presiente que Marta o Gabriel le vendrán a buscar esa noche o ninguna. Afrodita o Hefesto cuál será el libreto escrito. Mientras espera, puede oler el jabón que inunda el aire de la noche, como una invitación, una señal proveniente de Marta. Y siente que con sólo desearlo ella abrirá la ventana, y le mostrará su cara, su pecho y su sonrisa. Gabriel camina por el pasillo, descalzo y con una toalla en el hombro. Al pasar por la habitación de Ares da una rápida mirada, para ver si está sólo, si la ducha no es un engaño, si Marta no ha escapado por la ventana del baño flotando sobre el aroma del jabón que inunda la casa entera. Miguel ha visto los ojos de Hefesto, llenos de miedo y curiosidad. Y sabe que éste no le ha visto despierto, no le ha visto los ojos, no ha visto a Marta debajo, follando sin ducharse.

Miguel, ya rota la tensión, respira tranquilo una brisa fresca y conciliadora que entra por la ventana, que despeja su cabeza, su cuerpo y la habitación. Ares vuelve a su cauce, y se desvanece en un sopor de lento respirar.

Mientras tanto, Marta y Gabriel, Afrodita y Hefesto, se enjabonan la espalda, se olvidan de Miguel y se agarran de las manos en la ducha. Respirando tranquilos, sin abrir la ventana, con las cabezas y los cuerpos despejados. Encantados con el guión que se ha escrito esta noche. Un guión de dos. De un par.

*

Sacudida

Sacudida Hay una sensación humana y recurrente, que tiene lugar en ciertas épocas, en ciertas ocasiones.
Y no es un olor o fragancia, como alguna vez pensé. Tampoco es una esencia. Es algo más. Es una impresión de que algo ha sucedido durante algún tiempo. Y que te marca. Y que te marca y te marea.

Puede ser algo que se ha sentido o realizado durante un par de semanas o un par de meses. Acaso un año entero.

Pero lo cierto es que se adivina, cuando ya ha pasado. Cuando ya ha sucedido.
Va asociado a la música, el olor, las emociones. No lo tengo muy claro.

No hablo de recuerdos, hablo de oleadas, hablo de vapor que inunda los tramos entre un día determinado y otro más difuso.

Y entonces, pasados esos momentos, y olvidados, un día vas en el coche, o en el metro, o esperas a que empiece una película, sentado en una butaca de cine, solo o acompañado, rodeado por el rojo, lo negro y lo blanco, con el cuerpo relajado y la mente dispuesta... y entonces, llega a nosotros ese aroma del pasado, esa nostalgia, esa sensación de haber hecho algo maravilloso...
... y que ya no posees.

Ni siquiera está en tu cabeza. No es de tu propiedad. Flota por ahí, en las salas de cine o dónde menos lo esperas.

Esos mares sin nombre, nos hacen sonreír.
Y aunque sonreír no es la palabra que buscaba, si es lo que sucede al salir de ese mar.

*

Tres monedas

Tres monedas Recuerdo, como si fuera ayer, el comentario que hizo una profe sobre el primer cuento que escribí: “Buena trama. Muy fantasioso” y me dejó en un discreto tercer lugar en el pequeño concurso de clase.

No recuerdo exactamente cómo estaba hilada la historia, pero sé que iba más o menos así:
“Un día Rafita encontró un viejo baúl en el ático de su casa; lo abrió y allí encontró tres monedas doradas, pero cuando iba a frotarlas (como se hace en todos los cuentos), escuchó que su madre lo llamaba a cenar y decidió guardarlas en su bolsillo. (...) Más tarde, boca abajo, en la oscuridad; haciendo de la almohada una cueva azul y de su linterna la luna de plata, observó con atención las tres monedas sobre la palma de su mano. Mordió la linterna con la boca y con los dedos frotó una de las monedas... Ding!...”

- Aquí Rafita vivía una extraña aventura en el fondo del mar -
Luego cogió la segunda moneda con los dedos, aun salados... Ding!...”

- Aquí Rafita subía a los anillos de Júpiter, los limpiaba y los pulía con una escoba espacial -
“Por último intentó coger la última moneda, pero está empezó a dar vueltas refulgentes sobre su mano... y desapareció.”

Lo recuerdo como si fuera ayer.
Siempre he pensado que fue una señal lo de mi tercera moneda que desaparecía y mi tercer lugar en ese concurso.

No está mal un tercer lugar. ¿no?
(...)
(Qué Hija de Puta!)

*

Una historia real (sin vueltas)

Una historia real (sin vueltas) Hoy mientras caminaba por la tranquila pradera de San Isidro, junto con cien millones de personas me encontré con una vieja amiga de la universidad.
Ella iba de la mano de su novio, una especie intelectual venido a menos, que intentaba mimetizarse con el espíritu de San Isidro. Y es que llevaba una boina de reglamento, un clavel en la chaqueta y sus pies se movían un poco al ritmo del Chotis.
Y yo que llevaba una cámara Nikón SUPERSUPERSUPER indiscreta, puse cara de reportero fotográfico, mientras acercaba mi objetivo a su flor roja. Todo ello en el tiempo que tardaron en saludarme.
En breve me encontraba diciéndoles que hacía un reportaje fotográfico sobre la fiesta más clásica de Madrid y que ahora estaba trabajando para una revista Croata, luego de renunciar a la National Geographic. Mentía, claro. Ante sus miradas de asombro rematé con la explicación de que en N.G. (abrev. de National Geographic que yo pronuncié “en-yi”) habían roto abruptamente con los primeros ideales de la fotografía periodística. Y con mi objetivo seguía apuntando a su clavel.
Que capullo.
Yo, claro.

Entonces él, con cara sorprendida, empezó a decir lo curiosa que era la vida con sus coincidencias, ya que ellos estaban allí de incógnitos, disfrazados, intentando vivir la fiesta desde adentro con el objetivo de escribir un libro sobre la tradición más clásica madrileña. El libro era para una editorial Croata y él era un ex-escritor de TIME. Y con su objetivo apuntaba a mi cara roja.
Que capullo.
Él, claro.

Y ella, allí en medio de los 100 millones de personas, nos miraba de hito en hito, de objetivo en objetivo, de pupila dilatada a pupila contraída.
Que mujer.
Ella, claro.

Lo extraño es que los tres sonreíamos cómodos y cómplices con la situación.

*

Correspondencia atrasada

Correspondencia atrasada Esto encontré, cuando fui naúfrago.
Llegaron a mi isla en botellas verdes, viejas y bien cerradas.

Carta en una botella #1 * 1792 – Mar Azul.
El día comienza y tú dirás qué hacemos. El timón está en su posición correcta y el viento favorece el viaje de nuestra embarcación. ¿algún hechizo en mente?, ¿alguna idea para emprender sobre cubierta?.

Dos azules dividen el horizonte. El del cielo y el del mar. La brisa refresca nuestros cuerpos y el efecto es embriagador. Háblame de Velas, de Volteretas en altamar, de espuma salpicada... háblame de lo que quieras..

Marcho despacio, y pensando en ti, a casa.
Besos de Noche Cerrándose sobre la bóveda del mar.

*

Carta en una botella #2 * 1794 - Mar Negro.
Estoy en lo alto del mástil. Espero que allá abajo todo vaya bien. No me gustan las nubes que se ven a lo lejos. Ojalá no sea nada y se disipen a nuestro paso. Cuidado con lo que hagas en cubierta. Hay nudos que si se desatan, son difíciles de reanudar. Estoy poco positivo, pero es carácter de marinero. Nada del otro mundo. Ha de ser esta tarde de trabajo que ha estado insoportablemente aburrida.

Besos de Mástil Salado (que no son tan malos como se leen!).
Acepto tu propuesta de cocinar el domingo. ¿qué prepararás?

*

Clara y su bola de cristal

Clara era de las que leía con avidez el horóscopo... una semana después.

Le seducía comprobar si el profeta había acertado fulgurantemente o fallado con atrocidad.

Virgo. “No debes apartarte del camino que te has trazado en tu relación con una persona a la que no terminas de conocer bien. Sigue así.”

No importaba si un mismo consejo era aplicable al resto del zodiaco, o era repetido, o era una estupidez, o era una intromisión; el punto de interés estaba en si el horóscopo le devolvía la imagen de los días anteriores.

Acuario. ”Vas a olvidarte de ciertas preocupaciones que, por otra parte no tienen solución. Disfruta.”

No sólo la predicción de ella, sino la de los que conocía, y de los cuales sabía su signo. Luego se alegraba o preocupaba por ellos. Alegrías y desgracias revisitadas a través de su bola de cristal.

Aries. ”Llega una etapa de calma en tu interior. Los asuntos emocionales que te alteraban los vas a dar por solucionados. Y lo están.”

"Qué desparpajo" pensaba ante algunas sentencias. Movía la nariz, fiajaba la mirada en el papel y asentía compulsivamente al leer cada casa astral. Le gustaba esa osadía anónima para resolver los acertijos y problemas de la gente; comprobándolo después de la tormenta o la fiesta. Y entonces se alegraba por los Acuarios que ahora disfrutaban. Y por los Aries que ahora eran felices sin hacer nada. Todo solucionado. O se echaba a morir por los Géminis y los Tauro que viven momentos negativos. Todo problemas.

Capricornio. “Estás demasiado callado y no cuentas tus impresiones a nadie cercano. Esto es algo que te pueden reprochar. Ponle remedio.”

Abría la boca asombrada cuando el consejo llegaba con precisión a su pasado. O al de los que la rodeaban. O al de los que no conocía.

Porque todas esas cosas, ya habían sucedido una semana antes.

Y se reía. Y se felicitaba por no hacer caso de esas estupideces.
Y se reía. Y se felicitaba por hacer caso de esas estupideces.

*

De domingo a domingo

Salió temprano, después de beber un café un comer un saludable plátano.
Compró la prensa.
Bajó la calle y pensó a dónde dirigir sus pasos ese domingo.
Sus pasos lo llevaron a casa de su amigo David, lugar en el cual aceptó otro café mientras echaba un vistazo a los clasificados: “sección alquileres”.
Levantó la vista y la perdió.
Recobró la conciencia y elucubró un plan.
Arrancó un trozo de los clasificados y se marchó de inmediato, dejando el café todavía humeante.

Se dirigió a la parada y subió al autobús 133 y se dejó llevar hasta ese barrio tan distinguido.
Encontró la casa, el número, golpeó suavemente la puerta, y se presentó a la dueña de la casa.
Se mostró interesado por los espacios, la calefacción, la iluminación y el barrio. Hizo las preguntas oportunas.
Se sentía simpático, empático, casi liberal. Casi en libertad.
Hizo el trato. Aceptó el contrato. Firmo con buen trazo.

Regresó en el 133. Con el mismo conductor, qué casualidad. Se sentía predestinado, elegido, casi liberal.
En su mano aun daba vueltas al trozo de clasificado con la dirección y las señas del alquiler. Le arrugo en un arrebato, y lo dejó escapar sobre el asiento vacío de enfrente.

La tarde cayó y el llegó a casa. Cansado pero decidido. Como la tarde.
Entró, saludó, pasó de largo, recogió su algunas cosas, pasó de largo, saludó, salió.
Se detuvo, regresó, abrió la puerta... dijo con voz clara: “adiós madre, el domingo próximo hablamos”.

Camino de su nueva casa pensó en que sería una buena idea comprar una botella de whisky para celebrar. Pero no lo hizo.

Al llegar a su nueva casa, la casera le invitó a beber algo.

- Dijo con voz clara: "Whisky, por favor".
Y eso sonó casi liberal.

*