La verdad se esconde
Teresita mintió a sus padres y a su novio, cuando desapareció una tarde entera para angustia de todos. Menos de ella.
Dijo que se había quedado dormida estudiando en la azotea del edificio.
Que el estrés pre-examen le embotó el cerebro.
Que de verdad, no sabía cómo, desde las 4 de la tarde hasta la 1 de la mañana, no recordaba nada y sólo se despertó aturdida, con los apuntes sobre la falda y un hilillo de baba que la caía sobre el uniforme.
El novio de Teresita mintió a los padres de ésta, haciéndoles creer que le daba clases de matemáticas a Teresita, cuando en su lugar, le comía las tetas y los morros durante todas las tardes (antes de la desaparición de Teresita), en aquella calurosa salita de estudios. Con los viejos detrás del biombo.
Por eso Teresita sufría de estrés pre-examen, porque no estudiaba matemáticas.
Y el estrés se le iba con la lengua de su novio sobre su piel.
Los padres de Teresita mintieron a ésta y a su novio, cuando callaron delante de ellos (angustiados los dos, por diferentes razones), que la habían visto subir a ese viejo Citroen AX con un joven de gafas redonditas, bastante mayor que su novio y en dirección al este de la ciudad.
Ellos vieron todo y sabían todo (eso creían ellos), ya que también mintieron al no decir que días antes en el bar de la esquina, su madre la vio de mano del chico del Citroen, mientras ésta llevaba una barra de pan que cayó rodando por la acera.
También sabían lo que ocurría detrás del biombo. Pero lo asumían como parte de la educación de Teresita.
El chico del Citroen AX mintió a Teresita, en aquella escapada al este, pero esto ya no puede contarse porque es la mentira más grande de todas.
La que le cambió la vida a todos.
*
Dijo que se había quedado dormida estudiando en la azotea del edificio.
Que el estrés pre-examen le embotó el cerebro.
Que de verdad, no sabía cómo, desde las 4 de la tarde hasta la 1 de la mañana, no recordaba nada y sólo se despertó aturdida, con los apuntes sobre la falda y un hilillo de baba que la caía sobre el uniforme.
El novio de Teresita mintió a los padres de ésta, haciéndoles creer que le daba clases de matemáticas a Teresita, cuando en su lugar, le comía las tetas y los morros durante todas las tardes (antes de la desaparición de Teresita), en aquella calurosa salita de estudios. Con los viejos detrás del biombo.
Por eso Teresita sufría de estrés pre-examen, porque no estudiaba matemáticas.
Y el estrés se le iba con la lengua de su novio sobre su piel.
Los padres de Teresita mintieron a ésta y a su novio, cuando callaron delante de ellos (angustiados los dos, por diferentes razones), que la habían visto subir a ese viejo Citroen AX con un joven de gafas redonditas, bastante mayor que su novio y en dirección al este de la ciudad.
Ellos vieron todo y sabían todo (eso creían ellos), ya que también mintieron al no decir que días antes en el bar de la esquina, su madre la vio de mano del chico del Citroen, mientras ésta llevaba una barra de pan que cayó rodando por la acera.
También sabían lo que ocurría detrás del biombo. Pero lo asumían como parte de la educación de Teresita.
El chico del Citroen AX mintió a Teresita, en aquella escapada al este, pero esto ya no puede contarse porque es la mentira más grande de todas.
La que le cambió la vida a todos.
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La chica de arcilla es mi hermana. Y ella se llama Berónika.
Me despierto temprano. Más que eso: Espabilado. Con los ciclos de sueño de 90 minutos completos.

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Son tres. Son impar. Miguel, Marta y Gabriel; hacen zig-zags por toda la ciudad, recorren cada calle soltando y agarrando sus manos (alternativamente), pequeños empujones, roces de brazos, siempre de dos pero son tres, juegos sobre el empedrado de la calle de seis pies juguetones. Miguel se vuelve cada vez más alegre, más seguro, más desapegado de sus pensamientos. Gabriel, en cambio, se vuelve desconfiado y silencioso, a pesar del ruido que hay en su cabeza. Y Marta, no se sabe, qué piensa en su cabeza.
Hay una sensación humana y recurrente, que tiene lugar en ciertas épocas, en ciertas ocasiones.
Recuerdo, como si fuera ayer, el comentario que hizo una profe sobre el primer cuento que escribí: Buena trama. Muy fantasioso y me dejó en un discreto tercer lugar en el pequeño concurso de clase.
Hoy mientras caminaba por la tranquila pradera de San Isidro, junto con cien millones de personas me encontré con una vieja amiga de la universidad.
Esto encontré, cuando fui naúfrago.