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Spica *

Un mar en mis manos

Esta mañana bajo la ducha he juntado mis dos manos (como quien lee un libro) y he construido una presa delante de mi rostro. Con mis palmas y mis mejillas he formado un vaso grande, blando y sin fisuras.

El agua incesante, ha ido llenando mi cara hasta la altura de mis ojos,... y más arriba.

Así que, durante un rato, he buceado en un mar con sabor a cloro, rodeado de azulejos blancos; y me he trasportado a otros mares.

He buceado en profundos mares rojos, en una fría laguna negra, en un inescrutable río verdoso y por debajo de una blanca catarata. Todo ello en un minuto.

He abierto los ojos, dentro de este mar pequeño y personal, para percibir más de cerca esa agua turbia y templada, la cual se desbordaba por encima de mis manos mientras yo jugaba a hacer burbujas con la boca.

Me he relajado tanto que casi me bebo toda esa agua, todo ese mar y por momentos tuve que contenerme de respirarlo en un segundo.

Y separé mis manos.
Para romper la presa, para dejar correr ese mar hasta otros mares, para evitar hundirme en sus profundidades, para no quedarme nadando en el fondo boreal y vaporoso del cuenco de mis manos.

Un padre leyendo un cuento

Un padre leyendo un cuento

... y los tres cerdos inconscientes le dieron una "somanta" de palos al pobre lobito que intentaba hacer una inspección oficial de resistencia al viento, en sus respectivas viviendas.

Mientras tanto, en la casa de al lado,
... Ricitos de Oro llegaba del taxidermista con tres bonitas piezas de osos: mamá, papá y pequeño osito. Todo una extravagancia en decoración.

Bahía Blanca

Bahía Blanca

Argentina - Km 633

Alegría-Fuerza
Llegamos a Bahía Blanca muy tarde, sobre las 10 p.m. con 200 km de asfalto detrás de nosotros acumulados en nuestras piernas y en nuestras ruedas. Polvo de cada kilómetro en nuestra piel.
El sol, rendido de acompañarnos, se ocultaba vistiendo de naranja a las nubes bajas. Así que no procuramos dar el habitual un paseo para conocer la ciudad, y además nuestro destino final era la estación ferroviaria desde dónde tomaríamos un tren directo a Bariloche con parada en Neuquen. Quizá esa misma noche.
Bariloche, villa con un lago en dónde vive un tigre austral.

Fractura-Decepción
En veinte minutos, ayudados por un mapa, llegamos a una preciosa estación de trenes como sacada de una postal antigua. Fotografiada en ladrillo perenne. Vieja y con la historia marcada en las traviesas, sus carteles de aviso, su reloj. Qué placer para el viajero.
Allí en encargado desencajó en un compás inesperado, nuestra perfecta composición de viaje, desencajó nuestras cabezas y los engranajes de nuestras bicis. Por desencajar, desencajó hasta los ladrillos de la estación.
- “Nunca salieron trenes de pasajeros desde Bahía Blanca. Sólo trenes de mercancías”
- “Y de ganado”.

Confusión-Soledad
Nos sentíamos náufragos en esa ciudad con un mar de ramas secas a nuestro alrededor. Y las señales eran confusas.
¿ir a la derecha? Persiguiendo el maldito tren de mercancías (y de ganado) en cámara lenta. Nos tomaría dos días, sin agua, sin árboles, sin vida. Sólo arbustos secos y asfalto.
¿ir hacia abajo? Buscar una estación de tren más al sur era un rodeo extenso, agotador y desconocido.
¿esperar? A un ángel, ¿otro?, un salvador de ciclistas náufragos, ¿otro?.

Nada-Lluvia
Estuvimos una noche en la estación entre cuatro grandes paredes de ladrillo gastado y por techo una bóveda de constelaciones. Era el lugar dónde antiguamente descansaban los caballos de los carros que llegaban a la estación. Los dos días siguientes estuvimos en las afueras, bajo la lluvia, en una frontera de la nada, entre camioneros, vendedores ambulantes, viajantes extraños (como nosotros) y camiones que iban y venían a este limbo de los viajeros. Allí vivimos no sé cuántas horas, pateando piedras, dando vueltas entre pinos, hablando con todos, con nadie, tomando el té del país de Alicia, descubriendo que la carretera es cambiante hasta cuando se permanece inmóvil sobre ella.

Despertar-Camino
Una mañana abrimos los ojos y sin decir nada sobre opciones, ángeles o mapas enrumbamos nuestras máquinas ligeras hacia la Patagonia, camino de Viedma a 300 k.m., dónde un viento afilado nos esperaba ansioso por hundirse en nuestra piel. En nuestro ánimo. Y congelarnos, hacernos astillas y desperdigarnos entre los arbustos secos.

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Desacuerdo en el Prado

Desacuerdo en el Prado

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Gorilas Inc.

Gorilas Inc.

Después de meditarlo largamente he decidido exiliarme en las montañas húmedas de Kenia y hacerme Gorila de reserva forestal. Dicen que el salario es competitivo con el de las jirafas y los plátanos son de calidad premium. 45 días de vacaciones y 100 de asuntos propios. Una monada de trabajo.

(He conseguido el puesto)
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Un viejo y yo

Viernes, 1 de la madrugada.
Tengo hambre y salgo a la calle en busca de algo rápido para comer. Me acerco al bar más cercano un poco inquieto por el encuentro con gente alegre.
El bar está a reventar de gente, a pesar de ser un lugar cutre que intenta ser atractivo al público. Familiar, pero juvenil sin olvidar a los viejos jubilados del barrio.

Entro.
Ruido, olor a sudor, a perfume de sábado, a tortilla desabrida. Todo llega a mi cabeza de golpe y tengo una leve sensación de mareo.

Es el hambre.
Busco al tío de la barra y lo veo al otro extremo, lejano, despidiéndose de un viejo despeinado y medio borracho que acaba de beber su última copa.
El olor a tabaco me abraza y lo asocio con la figura del viejo. Me entra por los pulmones, por los poros, por los ojos.
Un poco de desesperación se adueña de mis sentidos y adentro del local, en las últimas mesas, un grupo de hombres da voces y cantan jodidamente mal. O al menos eso es lo que me parece.

Mejor marcharme, pienso.
Cuando estoy a punto de irme, aparece en la barra una chica treinteañera y me pide fuego.
Lleva un abrigo largo de cuero, falda corta, medias negras muy usadas y unas botas que le lucen mucho. Tiene los ojos grandes, los labios rotos y las manos gastadas; casi como de papel periódico.
La miro dándole a entender que no llevo mechero, y sin darme cuenta el tío de la barra pasa su brazo por encima de mi hombro y enciende con habilidad el pitillo de la chica. Doblo mis rodillas, por educación, pero la postura me hace sentir humillado. La chica da las gracias a secas, no va dirigida a nadie, a la vez que lanza su primera bocanada directo a mi cara. Se da media vuelta y se marcha. Un dedo golpea sobre mi hombro para preguntarme que quiero para beber.

No quiero nada. "Gracias".
Me muevo entre la gente para salir y voy impregnándome de todo el bar como si estuviese haciendo mi equipaje hacia la calle.

Al fin salgo.
Veo al viejo sentado en la parada del bus enfrente del bar. Está dormido. O al menos eso me lo parece.
Me quedo de pie con las manos en los bolsillos. No tengo hambre y ahora mi sensación es de embotamiento, como si hubiese dado cien o mil vueltas sobre mí mismo. Del bar sale la chica de las medias negras acompañada de un hombre que canta jodidamente mal. Caminan abrazados, dando pasos cortos y desacompasados. Ella me mira y él busca mis ojos mientras pasan a mi lado fumando y cantando respectivamente.

El viejo y yo miramos cómo se alejan abrazados.

Tu rincón creativo 1

Tu rincón creativo 1

Allí en la imagen vemos a Momotaro (ÉL) y a Dulce de Membrillo (ELLA).
Estamos a la mitad de una historia. No es el principio, ni es el final.

La cuestión es...
¿Qué está sucediendo "justo ahora"?

Lluvia en el autolavado

Lluvia en el autolavado

Entro en un túnel de autolavado y siento que voy encapsulado, el tiempo se distorsiona, las dimensiones son otras, sin autonomía, sintiendo el repiqueteo del agua, y me gusta, y quiero que dure más tiempo, pero llegan paño, aire, salida.
Avanzo y afuera del túnel llueve como si alguien hubiese traído el atlántico en una taza y la estuviera vertiendo sobre mí. Y me parece que sigo en el túnel del autolavado; solo que sin paño, sin aire y sin salida.

Tócame

Tócame

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Marketiniano

Marketiniano

Soy un bote de ketchup, soy un bote de ketchup, soy un bote de ketchup,... soy marketiniano, soy comprable, soy vendible, no rechazable y no debo olvidar que mi cara es un folleto abierto a quienes buscan lo que yo tengo (aunque ellos no lo sepan). Soy el mejor producto y hay cientos como yo que quieren irse a una buena casa por la noche. Quiero estar en el estante central, en la mitad del pasillo a nivel de los ojos de todos los que pasan circulando mecánicamente de derecha a izquierda. Siempre me creí que tenía los mejores ingredientes. Tienes sal, vinagre, azúcar y los mejores tomates. Eres el más atractivo, el más maniobrable para todos los gustos, para todas las manos y todas las bocas. Eres estupendo, pulido, flexible, y no haces esperar a tu público más de la cuenta, eres marketiniano.
Eres un bote de ketchup, eres un bote de ketchup, eres un bote de ketchup,...

Semáforo 2

Semáforo 2

Luz roja.
Una mujer que simula algún tipo de anomalía en su pierna se acerca tenebrosamente hacia mi coche.
Se bambolea como un pistón aceitoso de motor, como una biela oxidada de locomotora, como una vieja marioneta que simula algún tipo de anomalía en su pierna.
Me parece una farsante e intento subir la ventanilla.
Me sonríe.
Se mece como un junco mecido por un viento apacible, como el péndulo de un reloj antiguo, como una muñeca de barro que simula algún tipo de anomalía en su pierna.

(Buscaba una razón para entenderla.)

Me parece una artista y le doy una moneda.
Luz verde.

Telepatía Naranja

Hoy siento que nos podríamos reconfortar el uno al otro. Tengo una sensación rara que no me ha dejado dormir bien y sólo me provoca salir temprano de casa, montar en bici y comunicarme telepáticamente contigo. Realmente no sé a qué se deben estas ganas. Espero que no sea nada. Un beso Naranja.

Extracto del post sin escribir: "Dos sobre una bici".

El señor diccionario

El señor diccionario

La reunión de padres empezó puntual.

Luego de un repaso general del avance del curso, la maestra tomó la palabra para puntualizar que la edad entre 7 y 8 años era un buen momento para afianzar la lectura en casa.
Se refería a la lectura espontánea.
Una de las sugerencias era que podrían aprender nuevas palabras consultando el diccionario de casa, poco a poco, dejándoles que se soltaran con las palabras nuevas.
Un par de palabras nuevas al día estarían bien.

Por encima de la última frase de la educadora, una voz chillona y nerviosa (casi llorosa) sobresaltó al pequeño auditorio:
- "¿un diccionario?, ¿un diccionario?... os advierto que entonces pasarán a saber demasiado".

Un escueto silencio se hizo en el ambiente, de esos en el que el grupo deja un espacio suficiente como para incomodar al otro.

Pero aquella madre excitada, continuó.

- "Es que ya he tenido algunas malas experiencias en casa con el tema del bendito diccionario".

Y contó lo siguiente:

Un día mis dos hijos mayores, de 7 y de 6 años, fueron a buscar en el diccionario la palabra sextante, leída en el cuento de "Las aventuras de Gulliver".
Resultó que buscando encontraron la palabra...sexo".

Sexo.

Hilando fino, esos benditos míos, se repasaron todo el diccionario hasta llenar sus cabecitas de dudas muy impropias para su edad.
Tanto dió de sí, que buscaron a su padre para preguntarle cómo era la postura del misionero.
Mi marido, casi al borde del infarto, respondió que él no lo sabía; y claro, ellos le respondieron diccionario en mano, que entonces cómo los habían hecho a ellos.
Se afianzaron al librejo ese como si se les fuera la vida. Explorando, explorando,...
Con el tiempo, mis hijos fueron creciendo ese "leif motiv" y precozmente fueron adquiriendo las obras completas de Shihirthi Ghamba (autor del tamtra cósmico interior), las peripecias del Marqués "Se-sale", El Camaricón de Boccaccio y una extensa bibliografía de naturaleza similar.

Imaginaos cuándo conocieron al dichoso misionero.

Nuestra casa terminó convertida en un burdel contemporáneo, regentado por nuestros dos retoños.
Día si y día también se practicaba la postura del misionero bajo nuestro techo.
Un ejercito de putas terminaron echándonos de casa con nuestro hijo más pequeño.

Y una mañana tuvimos que rehacer la vida abandonando nuestra casa hasta el día de hoy.
Y es que no me cansaré de repetirlo: "pasan de saber lo justo; a saber demasiado".

Así que el "señor diccionario"... mejor en la estantería.


Ante aquel público enmudecido, la madre se sentó muy satisfecha de sí misma.

Y nadie dijo nada.

Estrella Neutrónica

Estrella Neutrónica

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OH NO!...Paparazzi, Paparazzi!

NOS HAN DESCUBIERTO,
ADIOS A LA INTIMIDAD


(la estrella en torno a la cual gira ese planeta es una neutrónica densa y compacta identificada como PSR B1257+12, y es residuo de un púlsar que murió a una distancia de unos 1.500 años luz en la constelación de Virgo).

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Mi amigo Ulises

Mi amigo Ulises

A Ulises le gustaba coquetear con la teoría del alma gemela. A nosotros, sus amigos, nos presentó 60 almas gemelas... de algún otro.
Y es que estaba convencido que SU alma gemela estaba con las otras 60. Era coherente.
Así que aún sigue coqueteando con otras almas gemelas y con esta teoría.
Por nuestra parte, hicimos un juramento secreto de no contarle nada sobre una tal Penélope y su tela (gemela).

5 pasos para comer clementinas

5 pasos para comer clementinas

-- Sólo para niños! --

* Abrirla en espiral, sacando una tira completa de piel.
* Partirla a la mitad y formar "mariposas" con dos gajos por alas, unidos por pequeños y suaves tendones blancos.
* Dejar volar las mariposas hasta la boca, deshaciendo sus alas con la lengua y tragando el envoltorio con determinación, todo ello al tiempo que otra mariposa vuela de nuevo hacia nosotros.
* Repetir con todas las mariposas que salgan de la clementina. Si quedara un único gajo, entender entonces que es una oruga y por tanto una mariposa en estado futuro.
* Finalmente, exprimir la delicada piel en forma de tira muy cerca de un mechero y formar pequeños fuegos pirotécnicos en memoria de las mariposas.

Repetir.

Sky Kys Ysk --- Variante

Sky Kys Ysk --- Variante

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Lo que dijo Ella

“- Tomás, ¿puedes venir un minuto?”. Tomás acercose. “- No soy responsable de ti, no quiero verte llorar, no quiero cargar con tu dolor, me tienes harta con tus gimoteos, márchate y olvida que estoy, que soy, que voy o vengo. Vete detrás del biombo de madera, o más lejos aún, camina 1 millón de pasos y gira a la derecha, camina otro millón más y quédate ahí, acurrucado, llorando, lejano. Lejano de mí. Por fin.” Tomás marchose.

Koan

Koan

Medio día. En algún lugar del Sureste de Australia.

Ruge la radio en mis oídos y el asfalto convertido en espejo debajo de mis ruedas me dice que ya estamos cerca de las alucinaciones.
La locura acecha a mi lado y el sol a nuestra espalda se ríe de nosotros, mientras el horizonte nos traga o nos vomita según se mire desde el este o el oeste.
¿Qué será de las estrellas alucinadas por el sol, qué será de nuestras fuerzas? ¿estarán descansando?.

Mauro rueda delante de mi a 18 km/hr y parece muy cansado.

Yo en cambio voy a 15 km/hr y la maldita recta se me hace interminable desde hace 30 minutos.

Oigo a Mauro hacer juegos de palabras y propuestas imposibles que hablan del horizonte.

Es medio día y un ruido agudo de grillos y otros insectos me perfora el cerebro, el sudor baja caliente por mi cara y caen gotas espesas sobre mis muslos tensos en movimiento.

Mauro lleva un ritmo lento y desesperante que lo aleja poco a poco de mi.
Un dolor profundo pero soportable aparece en mis dos rodillas.

A lo lejos le oigo decir:
- “cuando la noche es imposible, la carretera me lleva hacia el cielo; ¿cómo llegar al cielo horizontal que se ve en la carretera?”.

Es entonces cuando hago un stop; porque tengo la respuesta a su interrogante. Un rayo más intenso que este sol abrasador.
Detenido en el medio de la carretera, con la respiración agitada y la radio de fondo, descubro que yo me he retrasado lo bastante para ver a Mauro “allí” sobre el horizonte.
Allí a dónde parece imposible llegar.

Mauro ignora esta revelación.

El aprendizaje para mi es que Nada existe hasta que yo lo percibo.

Casi es una demostración científica de una teoría personal.

Y como es personal no se la cuento a Mauro.

El dolor ha desaparecido de mis rodillas, pero el sol incandescente sigue aquí.

Sky Kys Ysk

Sky Kys Ysk

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